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Para reflexionar sobre estos tópicos, Arellano Ortiz entrevistó
al sacerdote brasileño Frei Betto; al escritor uruguayo Eduardo
Galeano; al Premio Nobel de Paz 1980, Adolfo Pérez Esquivel; al
profesor alemán Heinz Dieterich; al director del Observatorio de
Medios de Comunicación de París, Armand Mattelart; al director
de Clacso, Atilio Borón; al director del Convenio Andrés
Bello, Francisco Huerta Montalvo; al director del Departamento Ecuménico
de Investigaciones de Costa Rica, Franz Hinkelammert; al senador colombiano
Jorge Enrique Robledo; a la ex canciller ecuatoriana Nina Pacari; al director
de Telesur, Araham Aronian; al director del Centro Tricontinental de la
Universidad de Lovaina, Francois Houtart; a la analista colombiana de
asuntos económicos, Helena Villamizar García-Herreros; al
científico social Wim Dierckxsens; a la directora de la Red Social,
Justicia y Derechos Humanos de Brasil, María Luisa Mendonca; al
economista ecuatoriano Alberto Acosta; al director de Le Monde Diplomatique,
Ignacio Ramonet; y al ex comandante del Ejército ecuatoriano, general
(r) René Vargas Pazzos.
PRÓLOGO
Alexis Ponce, vocero principal de la APDH del Ecuador escribió
el prólogo de este trabajo editorial, el cual reproducimos a continuación:
Libertad es una palabra que el sueño humano alimenta. Más
no hay ninguno que la explique, y ninguno que la entienda. Cecilia
Meireles
Nuevamente debo prologar un libro de Fernando Arellano, el amigo colombiano
abogado y periodista, que tercamente mantiene en el espacio virtual a
"Cronicón", una página contra-informativa de la
que es su director y a través de la cual nos conocimos un día.
Y bien: si en su anterior libro prologamos las once entrevistas contenidas
en "El otro eje del mal", que Arellano hiciera a distintas personalidades
asistentes a las Jornadas Continentales contra el ALCA a fines de 2002,
hoy introducimos al "hipotético lector" en las nuevas
-dieciocho- entrevistas que, esta vez, Fernando logró formular
en el Foro Social de las Américas durante la última semana
de julio de 2004.
De lo que dijimos en el primer prólogo, bien vale la pena rescatar
los ya no "subterráneos" movimientos sísmicos
que la sociedad latinoamericana empezara a desatar, haciendo crujir el
modelo político tan bien llamado Democracia Formal, y tan venido
a menos apenas el modelo económico que lo sustenta, ese que dio
en llamarse neoliberalismo, se hiciera trizas a fines de los noventa,
y que -al parecer- ya no tiene retorno ni salvación posible.
Es que su "victoria" fue, paradójicamente, su derrota,
y gracias a los noventa mil damnificados que logró encumbrar hacia
el "éxito económico" en el continente, sumió
a millones en una desesperante debacle que desde esos años despertó
masivas insurrecciones sociales, levantamientos aquí y allá,
y nuevos escenarios electorales y políticos que evidencian el inocultable
cambio de rumbo actual, a contracorriente del jurásico Pensamiento
Único y del anquilosado "fin de la historia".
Porque eso fue la década de los noventa en América Latina:
"el estupendo grito de una loca tristeza". Y un hartarse, un
desperezarse, un despertarse por fin. Un levantarse para andar. ¿Hacia
dónde? Nadie lo sabe aún, quizá porque ese hartarse,
también es de los modelos y alternativas signadas en los tantos
"ismos" que tampoco queremos. Pero de lo que sí hay certeza
en este nuevo tiempo, es que ese viejo camino, del neoliberalismo en picada
y de las "democracias de baja intensidad", ya no quiere caminar
nuestra América Latina. Y no sólo que no lo quiere, que
pruebas ha dado en tantos procesos que venimos asistiendo, sino que no
puede continuarlo. Ese camino ya no sirve. Y su paulatino y vertiginoso
derrumbamiento permite presagiar algo nuevo, algo distinto que esa antigua
y núbil mujer, empieza a alumbrar en su vientre de fuego y de memoria.
TIEMPOS DE ALUMBRAMIENTO
Entre las "Jornadas Continentales contra el ALCA" realizadas
en Quito, Ecuador, en octubre del 2002, y el Foro Social de las Américas,
ocurrido en julio del 2004 en la misma ciudad, es decir, entre la edición
del libro "El otro eje del mal" que compilara once entrevistas
de Fernando Arellano y "Las fronteras no existen", del mismo
autor, transcurrieron veintiún meses.
En ese lapso, nuestro continente, que de mujer tiene nombre, cuerpo y
memoria, alumbró extraños hijos, nuevos andares anduvo,
y parió en cada uno de ellos hechos asombrosos que la velocidad
virtual del mundo, y su correspondiente autocensura mediática,
aún impide percibirlos y, quizás, asimilarlos.
Habíamos señalado, en el prólogo a "El otro
eje del mal", que todos esos hechos retrataban el probable rostro
de la nueva América Latina, basados en los frescos aires que soplaban
desde el Sur, incluyendo -esperanza al revés- el Ecuador. A ese
algo que se iba configurando en el continente (en ese entonces
hacíamos alusión al nacimiento del Brasil Lulista, a la
consolidación de Hugo Chávez en Venezuela, y a la aparición
del Ecuador de los indios y Gutiérrez en el mapa regional, de cuya
primera actitud saltimbanqui, sin embargo, ya empezábamos a prevenirnos
en el prólogo al anterior libro de Arellano), se sumaron, tan pronto,
en apenas un año y nueve meses, la Argentina de Kirchner, la Panamá
de Torrijos, el Uruguay de Tabaré Vásquez, la nueva victoria
de la Venezuela Bolivariana en las urnas, el renacer sandinista en Nicaragua,
la recuperación del FMLN en El Salvador, la ola ciudadana en Costa
Rica con un nuevo discurso anticorrupción digno de Nuestra América,
el maduro huracán del MAS y Evo en Bolivia, y, más recientemente,
el repunte de las izquierdas en Chile y la orden de detención a
Pinochet, suceso que bien vale la pena tomarlo como vívido "the
end" de la irremediable derrota del proyecto neoliberal en América,
el mismo que durara cerca de veinte años en el continente, y que
en el país del sur, con el viejo dictador de fastidiosa e inexorable
sombra, mantuviera el presunto signo continental de "modelo exitoso
de economía abierta".
Ya no hay más 'éxitos' neoliberales en la región.
Ya no más macro-resultados fuera de la vida de la gente y más
recetas macro-económicas que conviertan en Calcutas gigantes a
nuestras naciones. Hoy es un nuevo tiempo, y no sólo continental,
sino mundial...
LOS ÚLTIMOS MOMENTOS DE UN MUNDO UNIPOLAR
En efecto, sostengo hoy una nueva y afiebrada tesis, digna de los nuevos
tiempos que recorren América Latina: asistimos, en estos años,
al principio del fin del mundo unipolar. Si España mandó
a su casa a Aznar, si Alemania y Francia le dijeron "no" a la
democrática dictadura del Unipolarismo y -finalmente- si la resistencia
iraquí, tan heroica y nada recatada, da cuenta de lo poco convincente
que resulta el imperio más poderoso de la historia humana; el claro
emerger de la China en el mundo, y la configuración de nuevos bloques
geopolíticos, con Pekín y la Unión Europea a la cabeza,
anuncian el fin de la "perpetua" unipolaridad, tan aclamada
ésta por Montaner, Oppenheimer y Fukuyama durante los noventa.
Ya no dan más ese modelo mundial, esta civilización en estado
de decrepitud. Ya nada más tiene por ofrecer al planeta. Solo puede
conducir a más guerras y espantosos sufrimientos a la mayoría
de la humanidad. El unipolarismo, como la uniformidad y la homogenización,
resultan anti-natura: ni siquiera la naturaleza los admite como ejemplo
y coartada. Llegan los tiempos de un mundo multipolar, y -hay que reconocer
a sus primeros artífices- Hugo Chávez y Lula, Kirchner y
los Sin Tierra, Tabaré y los Piqueteros, Torrijos y los indios
de Ecuador y Bolivia, fueron los primeros en anunciar, a su modo, el fin
de la unipolaridad. En el caso de Chávez, incluso de manera abierta
y explícita.
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Escribe el español Enrique De Vicente:
"Por primera vez en la historia, millones de personas hemos tenido
la oportunidad de movilizarnos en contra de una guerra -la de Irak-
antes de que ésta iniciara. Aunque muchos fuimos conscientes
de lo tremendamente difícil que era cambiar ese futuro, al menos
queríamos gritar: "No en nuestro nombre y no con nuestro
silencio".
¿Qué otra causa y qué otra patria podrá
concebirse en un Tercer Milenio donde contamos con la posibilidad de
destruir nuestro mundo, que no sean la supervivencia de la humanidad
y de nuestra madre tierra, cuya agonía no escuchamos ensordecidos
por nuestros mezquinos intereses personales y locales?
Aunque sienta escepticismo y desconfianza ante todas las opciones políticas
conocidas, estoy convencido de que surgirán alternativas verdaderamente
nuevas en el momento decisivo y de la forma más inesperada."
América Latina, buscándose a sí misma, como siempre,
porque nunca ha dejado de hacerlo, empieza a buscar -a la vez- esas
alternativas que el mundo clama en contraposición a la obscena
perpetuidad de una "Guerra Preventiva" que, además
de demencial, está condenada a ser derrotada, aunque hayan sido
reeligidos sus principales alfiles.
América Latina, y una buena parte del mundo, empiezan ahora a
encontrar esos nuevos sentidos que el planeta requiere para despertar.
Apenas comenzó a ser desplazada la década unipolar en
Latinoamérica, y ya trae un nuevo y audaz elemento: el monroísmo
de los últimos 180 años puede ser sepultado. El bloque
geopolítico llamado a gestar -con lo más racional y apasionado
del mundo- un planeta multipolar y diverso, es decir distinto y mejor,
es el naciente Bloque Latinoamericano.
Como siempre, hay probabilidades de derrota y fracaso. Si fracasamos
esta vez, nos esperan 30 o 40 años más de derrotas, búsquedas
y, también, de horror.
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Si en América Latina, durante los últimos
años escuchamos "el estupendo grito de una loca tristeza",
significante del bellísimo alarido de América pariendo nuevos
y tantos sucesos en los umbrales del siglo XXI; a partir de hoy, y con
nuestras luchas sin cuento, tenemos probabilidades de que conlleven e
impliquen alegría, que es el sinónimo de ese estupendo grito,
y el fin de esa loca y atávica tristeza que nuestro continente
lleva a la espalda.
POSDATA:
La definición de alegría como "el estupendo grito de
una loca tristeza", la hallé en una canción extraña,
mientras intentaba escribir este críptico prólogo a las
entusiastas entrevistas de Arellano a dieciocho reconocidos caminantes
de Nuestra América. La canción se llama "Alegría"
y es -no podía ser de otra manera- nada más y nada menos
que el leit-motiv de un famosísimo Circo Mágico, ese donde
los niños del mundo saben que todo -todo- puede suceder.
Alegría, como la serena luz de la vida, alegría.
Como payaso que grita, alegría.
Alegría, el estupendo grito de la tristeza loca.
Como la rabia de amar, alegría.
Como un asalto de felicidad
Alexis Ponce
Vocero de la APDH del Ecuador.
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