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CECILIA LÓPEZ MONTAÑO EN ENTREVISTA CON CRONICÓN SIN VISIÓN Y SIN DIGNIDAD, GOBIERNO DE URIBE VÉLEZ NEGOCIA EL TLC |
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Según Joseph Stiglitz es mejor un no acuerdo a un mal acuerdo, pero en eso no hay conciencia en Colombia. Nosotros ya le estamos vendiendo a los Estados Unidos todo lo que le podemos vender. El reto de nuestros países es volver a mirar el mercado interno. El libre comercio no existe, como va existir si los países desarrollados están llenos de subsidios. La premisa de un nuevo modelo económico debe ser crecimiento con capacidad redistributIva. POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ Lanzó su nombre como precandidata presidencial del Liberalismo porque quiere contribuir al debate político, que según afirma, es muy pobre en Colombia, pero por sobre todo, porque está interesada en que esa colectividad redefina su perfil ideológico. Se aparta del lugar común según el cual el liberalismo debe asumir una postura socialdemócrata, porque esa visión está mandada a recoger, fue exitosa en Europa a mediados del siglo XX. Propone, por el contrario, darle un significado distinto a la Socialdemocracia, asumiendo los postulados del liberalismo político que esboza el Premio Nobel de Economía 1998, el hindú Amartya Sen, y que se sustentan en el respeto por el derecho de los individuos y la concepción del desarrollo humano como libertad. |
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| Convencida de que Colombia y América
Latina deben adoptar un nuevo modelo económico, cuya premisa fundamental
sea crecimiento con capacidad redistribuitva, CECILIA LÓPEZ MONTAÑO,
alerta sobre los efectos perniciosos que tendrá el Tratado de Libre
Comercio (TLC) que los países andinos suscribirán con Estados
Unidos.
Aspira a que al interior del Partido Liberal colombiano se pueda dar un ejercicio dialéctico que contribuya a definir un nuevo esquema económico que reemplace el funesto modelo neoliberal y a encontrar alternativas que permitan enfrentar esa falacia denominada libre comercio. Esta economista de la Universidad de los Andes <http://www.uniandes.edu.co/> de Bogotá con Postgrado en Demografía y en Economía de la Educación del Centro de Estudios Educativos de México, desarrolla una intensa labor de investigación desde la Fundación Agenda Colombia, que preside hace ya algunos años. Aunque nació en Bogotá, López Montaño se considera costeña ya que desde los cuatro años de edad llegó a Barranquilla donde vivió con su familia y realizó sus estudios básicos. Cuenta con una amplia experiencia tanto en el ámbito de la docencia y la investigación académica como en el sector público. Durante varios años se desempeñó como catedrática de algunas universidades de Bogotá como Los Andes, El Rosario, Jorge Tadeo Lozano y Piloto, de la cual fue decana de la Facultad de Economía. Estuvo vinculada a Fedesarrollo y ocupó la Vicepresidencia de Investigación de ANIF <http://www.anif.com.co/>. Dentro de la administración pública ha ocupado diversas
posiciones: jefe de la Unidad de Desarrollo Social del Departamento Nacional
de Planeación; directora general del Fondo Nacional de Proyectos
de Desarrollo, (Fonade); Viceministra de Agricultura en el gobierno de
Belisario Betancur; embajadora de Colombia ante el Reino de Holanda; directora
del Instituto de Seguros Sociales en la administración de César
Gaviria; ministra de Medio Ambiente y de Agricultura, así como
directora del Departamento Nacional de Planeación durante el gobierno
de Ernesto Samper. En diálogo con www.cronicon.net, López Montaño hace un pormenorizado análisis de la coyuntura económica tanto de Colombia como de América Latina. INCONSISTENCIA ENTRE EL MODELO POLÍTICO Y EL ECONÓMICO ¿Por qué Colombia está creciendo económicamente tan mediocremente en comparación con los demás países de América Latina? Hay muchas razones, pero una de ellas es que Colombia adoptó en la década de los noventa dos modelos que no son consistentes. En primer término adopta una Constitución con una orientación social muy clara en la que se establece que el de nuestro país es un Estado Social de Derecho en pro de los sectores desvalidos, con una visión de hacer una sociedad más equitativa y se atribuye una función de bienestar social implícita. Pero mientras se expide la Carta de 1991, se acoge un esquema económico que es la receta fundamental del modelo único del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial que va en contravía de los postulados constitucionales porque lo que prima son los equilibrios macroeconómicos, y de esta manera hemos venido trabajando. Entonces hay una inconsistencia entre lo que dice la Constitución que ordena un mayor gasto público y las restricciones que manda el modelo económico, cuya importancia radica en la estabilidad y el crecimiento no es la prioridad. Ese modelo fracasó y eso lo reconoce hasta el Fondo Monetario Internacional, hasta el punto que el periodo comprendido entre 1998 y 2002 se ha denominado como otro quinquenio perdido. Lo triste para el caso colombiano es que esa inconsistencia continúa porque el control de la inflación sigue siendo lo prioritario y aunque esta se encuentra en niveles muy bajos, deberíamos tener un poco más de espacio para hacer un gasto público más eficiente. Sigue imperando la necesidad de la reducción del déficit fiscal y el crecimiento no ha sido la preocupación de este modelo impulsado por el Fondo Monetario. Pero además de la inconsistencia entre el modelo político y el modelo económico, Colombia hace mucho tiempo no ha logrado consolidar un modelo productivo eficiente. A este país lo que le permitió crecer en términos aceptables durante muchos años, más que construir una base productiva tanto en el sector industrial como en el sector rural, más que haber usado el esquema de protección, fue el manejo adecuado de las bonanzas, incluyendo la bonanza del narcotráfico. Por eso es que Colombia viene desindustrializándose y desagriculturizándose desde hace mucho tiempo, eso lo muestran estudios como el de Planeación Nacional coordinado por Luis Jorge Garay y el de la Misión Rural que yo promoví como Ministra de Agricultura, y es lo que estamos viendo hoy con los problemas de desempleo y mercado laboral, muy similares al de varios países del mundo, pero que aquí se acentúan porque no están surgiendo factores de producción nuevos. ¿Cuál es el último invento importante para insertarnos en el mercado mundial? Eso sucedió hace treinta o cuarenta años con las flores, ¿y qué pasa con la producción interna? Hoy el gran freno del crecimiento es la demanda interna porque ésta constituye el 80% de la demanda total del país, y si bien las exportaciones pueden crecer al 30% esta cifra es muy pequeña dentro del Producto Interno Bruto y no hay políticas claras para incentivar la industria y la agricultura, ni hay un reconocimiento de que el problema laboral es un problema realmente de fondo. Estos aspectos explican porqué Colombia está por debajo de la dinámica económica latinoamericana. Argentina tocó fondo porque no tenía un colchón económico que le permitiera sobreaguar su crisis. Colombia, dicen algunos analistas, no tocará fondo porque tiene un colchón que es la economía subterránea sustentada en el narcotráfico. ¿Usted considera que es así? Uno no puede explicar los sesenta años de crecimiento permanente de Colombia con un promedio de 4% hasta que llegamos a la década de los ochenta solo por el narcotráfico, porque gran parte de estos recursos de origen ilícito se han quedado afuera, pero ahora tengo serias preocupaciones. Yo sigo pensando que el narcotráfico no es el factor determinante pero uno ve cosas que ya empiezan a inquietarlo, por ejemplo: gran parte del crecimiento que se dio en 2004 que no ha sido sostenible y que es mediocre porque 3.6% es malo para las necesidades del país, se explica por la reactivación en un sector como el de la construcción, en donde el grueso de este renglón se está dando en los sectores altos y sin crédito. Entonces, uno se pregunta de dónde están saliendo los recursos para comprar apartamentos de mil millones de pesos. Mucha gente ha dicho que lo que hay es una repatriación de capitales, bueno démosles el beneficio de la duda, pero eso deja una incógnita. La otra incógnita que uno tiene es la de las remesas. Yo he vivido en el exterior y me he dado cuenta lo que le pasa a los colombianos; he visto como muchas profesionales terminan de empleadas de servicio doméstico ganándose 700 u 800 dólares y uno se pregunta cómo esa gente que hace sacrificios tan grandes puede armar un monto de 3500 o 4000 millones de dólares al año en remesas. Cuando hay una informalidad tan grande y se da una precariedad del trabajo no se puede explicar ciertos patrones de consumo como el uso de las grandes camionetas carísimas que se pueden observar en los principales centros urbanos del país. Eso lo lleva a preguntarse que debe haber algo. Sin creer que esta es una economía narcotizada ni mucho menos, si creo que hay allí un elemento preocupante. ¿Pero el área rural del país no viene siendo tomada por el narcotráfico y por las fuerzas paramilitares? Si uno mira las cifras del campo son un desastre, si alguien no está recibiendo los ingresos del narcotráfico es el sector rural colombiano, en eso no nos digamos mentiras, puede que los estén recibiendo los otros sectores, pero la realidad del campo es apabullante. En Colombia hoy tenemos un sector rural con más del 75% de la población por debajo de la pobreza, eso es dramático, ahí no se está generando empleo productivo. Es posible que haya empresarios del campo que estén metidos en el narcotráfico y eso es otra cosa, pero lo que es la población rural colombiana se está empobreciendo de una manera impresionante. Bueno, pero esa es una evidencia más de que el modelo económico fracasó, hasta lo reconocen el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial Sí, si bien es cierto que tanto el Fondo como el Banco Mundial reconocen que las políticas económicas fallaron y ahora salen a decir que cada país debe tener su propio modelo, lo cual significa un viraje muy grande, sin embargo los directivos de estas entidades no se hacen una autocrítica en el sentido de que fueron ellos, precisamente, los que impulsaron el modelo único y que eso sigue. Lo cierto es que está cambiando el discurso pero no están cambiando las políticas. En Colombia los neoliberales encabezados por los voceros del Gobierno atribuyen el estancamiento económico al conflicto armado interno y no al modelo. Si bien la confrontación armada incide en el crecimiento, lo cierto es que el modelo económico ha hecho agua en toda América Latina y aquí no se quiere reconocer. ¿Por qué?
EL RETO ES VOLVER A MIRAR EL MERCADO INTERNO ¿Cómo se puede entender que si el modelo fue un fracaso ahora se quiera profundizarlo con un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos? Si bien el Fondo Monetario reconoce que las políticas económicas que se han aplicado en América Latina han sido frustrantes porque no permitieron crecimiento, lo grave es que se escuda señalando que ello ocurrió porque las reformas no se aplicaron suficientemente y eso sigue en la cabeza de mucha gente. Entonces, cuáles son las recetas que el Fondo recomienda para recuperar a América Latina: primero, libre comercio y ahí entran los acuerdos. Cómo será de grave lo que está pasando con los tratados bilaterales que ahora el bueno es la Organización Mundial del Comercio. Infortunadamente ya estamos metidos en el TLC y no hay forma de salirnos. Stiglitz me dijo en la última oportunidad que tuve de dialogar con él que es mejor un no acuerdo a un mal acuerdo, pero en eso no hay conciencia en nuestro país, aquí lo que se piensa es que si nuestros competidores ya tienen acuerdo, nosotros tenemos que meternos de todas maneras. Eso muestra la dependencia que Colombia tiene de Estados Unidos. ¿Para los Estados Unidos el TLC es una prioridad? ¿Y por qué tienen más que perder estos países? Claro, para Estados Unidos es una prioridad sino no lo estuviera impulsando y al paso que vamos con el TLC los países andinos terminarán perdiendo y la explicación es sencilla. Si se observa la balanza comercial de Colombia con Estados Unidos la misma es positiva para nuestro país, nosotros les estamos vendiendo más a ellos que lo que les compramos. Nosotros les estamos vendiendo petróleo, café, flores, banano, textiles y otras cosas sueltas. Ellos que nos venden: software, maquinaria, computadores, entre otras cosas porque Estados Unidos está produciendo muy poco. Comprar cosas producidas en Estados Unidos hoy en día es difícil porque uno lo que consigue en ese país son productos que importan de China, del Asia, de Europa y de América Latina. Con un TLC ellos si van a ganar, pero nosotros ya le estamos vendiendo a los Estados Unidos todo lo que le podemos vender, ¿que otra cosa importante tenemos en Colombia para venderles? En materia de textiles no podemos competir porque China nos saca con su entrada al mercado libre a Estados Unidos que con India va a tener el 70% del mercado norteamericano y lo que conseguimos con el ATPDEA lo vamos a perder. En cambio Estados Unidos puede penetrar estos mercados de una manera impresionante. ¿Se habla que el TLC incentivaría el empleo en los países andinos porque Estados Unidos estaría interesado en instalar maquilas? Pero por dios, si México se está dando contra el mundo, entre otras cosas porque la maquila, primero es una explotación de las mujeres y luego es la precariedad laboral. Claro, los neoliberales la defienden porque sostienen que de esta manera las personas pasan de no ganar nada a ganar algo, ¡pero a qué costo social! Y lo de transmisión de tecnología es más cuento que verdad. La maquila se mueve como se mueve el capital, a donde la mano de obra es más barata, por eso es que un número significativo de empresas norteamericanas se ha ido para China porque ya el costo de la mano de obra mexicana es alta en comparación con los países asiáticos. Frente a la China para qué van a poner los Estados Unidos maquila en Colombia. El reto de nuestros países es volver a mirar el mercado interno, obviamente sin descuidar la inserción en el mercado internacional. En Colombia las exportaciones pueden aumentar el cien por ciento y sin embargo no jalonarían el crecimiento porque el grueso de la demanda y del Producto Interno Bruto se genera en el mercado doméstico. La demanda interna es más importante que la demanda externa. Lo grave con el TLC son las importaciones, porque puede ser que nosotros no podamos vender más, pero en cambio nos van a inundar de productos asiáticos en detrimento de la producción nacional. |
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![]() CECILIA LÓPEZ |
¿E l TLC es funesto por donde se mire? A mí me parece muy grave que Colombia haya liderado el TLC del área andina, porque este país es entregado a los Estados Unidos y cuando digo este país no me estoy refiriendo al grueso de los colombianos que son bastante más dignos que su elite gobernante, que es a la que estoy señalando. Lo que pasa es que aquí en aras de un Plan Colombia y un Plan Patriota nos hemos entregado, la arrodillada es impresionante, hasta el punto que tenemos un embajador en Washington y una canciller que son gringos y por eso es la visión que se tiene de que Estados Unidos es la salvación en detrimento de la integración suramericana. Mientras Latinoamérica se está moviendo a la izquierda y buscando un proyecto conjunto, Colombia se ha aislado. Mientras en el resto de los países del hemisferio hay un sentimiento anti Bush muy grande, aquí hay adoración por el Presidente norteamericano. Es increíble, a Colombia se trae al señor Aznar que era el socio de Bush para que diga que el presidente Uribe lo está haciendo bien y la elite colombiana cree que eso es el futuro. Y con esa visión y sin ninguna dignidad se negocia el TLC. Solo hay que recordar que cuando vino el secretario de Comercio Exterior, el señor Zoellick, era más cuidadoso respecto de las consecuencias del Tratado que el presidente de la Andi, que el presidente de Fenalco y de los principales voceros gremiales de este país. Es que hemos perdido totalmente la dignidad. |
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Hay coincidencia en varios sectores de opinión
en que América Latina debe adoptar un modelo económico propio.
¿Desde su perspectiva sociopolítica, ese modelo debe sustentarse
en qué fundamentos?
Ese modelo debe sustentarse en crecimiento con capacidad redistribuitva, esa es la premisa. No se puede alterar los equilibrios macroeconómicos porque no se trata de hacer populismo social para disparar el déficit. Es necesario sostener el equilibrio fiscal pero sin sacrificar todo en aras de lograrlo como se viene haciendo actualmente. En segundo término, se debe elaborar y concretar una política productiva para el sector industrial y el sector agrícola. ¿Algo de proteccionismo? Es que el libre comercio no existe, como va existir si los países desarrollados están llenos de subsidios. La pregunta que hay que hacerse es cómo nuestros países van a jugar al libre comercio cuando la realidad nos demuestra que no existe. En consecuencia, juguemos a lo mismo: protejamos lo que haya que proteger. ¿Que la motivó para participar en la contienda interna del Partido Liberal como precandidata presidencial? El Partido Liberal me ha abierto un espacio y yo lo aprovecho porque en Colombia se están dando síntomas de restricción de la democracia y es el momento de trabajar por el fortalecimiento de los partidos. Para mí, el problema del Partido Liberal no está en la designación de sus directivas ni en el manejo de la maquinaria, sino en la necesidad de darle un norte ideológico a la colectividad y ese es el debate en el cual yo quiero participar. Yo tengo claro que el liberalismo colombiano no es la social democracia a la antigua que hemos adoptado y que en Europa fue muy exitosa; aquí estamos dentro de un capitalismo distinto, un capitalismo donde la capacidad contestataria de la mano de obra se ha diluido, este es otro momento. Por lo tanto, o le damos un significado distinto a la socialdemocracia o adoptamos otro enfoque ideológico. Lo que ha dominado infortunadamente el debate político ha sido el liberalismo económico y el gran error que se ha cometido es haberlo convertido en una filosofía política. Yo creo que lo importante ahora es el liberalismo político que es la esencia de la democracia y que se sustenta, como señala Amartya Sen, en el respeto por el derecho de los individuos; entender el desarrollo como libertad; propender por la voz de los sectores más desprotegidos; todo esto dentro de una filosofía económica en donde haya un crecimiento democrático en el que cobije a todos, junto al gran esquema para Colombia que es una paz que no nos recrudezca los problemas de injusticia social y desigualdad. Es en ese debate en el que yo quiero participar. |
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