LA DEBACLE POLÍTICA ECUATORIANA

LUCIO GUTIÉREZ: DE LAS GARRAS DE LEÓN FEBRES CORDERO,
A LAS DE BUCARAM Y EL BANANERO NOBOA

Lo que viene ocurriendo en Ecuador con el desconocimiento de la Constitución Nacional para consolidar unas mayorías en el Congreso Nacional por parte del gobierno de Lucio Gutiérrez Borbúa y, de paso, integrar una Corte Suprema de Justicia y unos tribunales Constitucional y Electoral de bolsillo, no es más que la consecuencia de las ambiciones desmedidas y la rapiña por el botín del Estado de una dirigencia política que no tiene mayor mira que sus propios intereses.

En la dinámica de la inestable situación política ecuatoriana, el presidente Gutiérrez no ha podido tener vuelo propio, dadas sus permanentes contradicciones y la carencia de un programa de gobierno coherente.

Gutiérrez en sus dos años al frente del Palacio de Carondelet ha enfrentado el día a día sin ninguna carta de navegación. Llegó al poder con un discurso de tinte nacionalista y apoyado por las organizaciones sociales e indígenas, a las que al poco tiempo de iniciar su administración traicionó para entregarse a los dictámenes de Washington, a cambio de obtener empréstitos de la banca internacional y de esta manera, sanear momentáneamente la situación económica.

En esta primera etapa en que en el nivel interno perdía a sus aliados, pero encontraba un poderoso “apoyo” de Estados Unidos a través de la embajadora Kristie Kenney (KK), el primer mandatario tuvo acercamientos con la dirigencia de la ultraderecha ecuatoriana, encabezada por el ex presidente y actual diputado León Febres Cordero, jefe supremo del Partido Social Cristiano (PSC), la primera fuerza política del país.

De esta manera el gobierno buscaba obtener un mínimo manejo en el Congreso que le permitiera viabilizar sus proyectos y Febres Cordero lograba mantener sus fichas claves en el entramado de la administración pública, fundamentalmente en las grandes empresas del Estado (telecomunicaciones y petróleo) para seguir medrando de ellas.

Cabe anotar que para el PSC más importante que estar en el gobierno le resulta contar con títeres en la administración, a los que puede dar órdenes para satisfacer sus intereses oligárquicos.

Sin embargo, la prepotencia de Febres Cordero y los acuerdos subrepticios con Gutiérrez que no llenaban las expectativas de las dos partes, no permitieron cristalizar una alianza política y, paulatinamente, esa aproximación se fue marchitando.

Llegaron las elecciones regionales de octubre de 2004 y tanto el Partido Social Cristiano como la Izquierda Democrática (ID) consolidaron una vez más su preponderancia electoral en la costa como en la sierra respectivamente. Con ese triunfo, los dirigentes de ambas colectividades creyeron llegado el momento de propinarle un jaque mate al presidente Gutiérrez. Para ello contaron con el concurso del partido de los indígenas, Pachakutik (PK), que busca pasarle una cuenta de cobro al mandatario por considerarlo un traidor para con su organización y los demás sectores sociales que lo llevaron al poder.

EL TIRO POR LA CULATA

La nueva alianza política (PSC, ID, PK) creyó que estaban dadas las condiciones para hacerle un juicio político al Presidente y que una vez ambientada la denuncia en el Congreso, otras fuerzas políticas se unirían para derribar del poder a Gutiérrez.

Falló el cálculo, pues el gobierno reaccionó anticipadamente a las pretensiones de la oposición y logró abortar el juicio político armando unas nuevas mayorías en el Congreso que le permitiera amplios márgenes de maniobrabilidad.

Febres Cordero que en forma sistemática ha subestimando al coronel Gutiérrez ha tenido que enfrentar esta derrota. Y no es cualquier derrota, pues el gobierno ha reaccionado con toda energía y ha ido sacando a las fichas claves del PSC de las principales empresas y funciones del Estado.



Para completar, la nueva mayoría del Congreso que la integran el Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) cuyo jefe es el controvertido ex presidente Abdalá Bucaram, el Partido de Renovación Institucional Acción Nacional (PRIAN) del magnate bananero Álvaro Noboa, el Partido Sociedad Patriótica del presidente Gutiérrez, y los sectores socialistas y comunistas, utilizaron un argumento constitucional rabulesco, y a través de sendas resoluciones defenestraron a los miembros del Tribunal Supremo Electoral, del Tribunal Constitucional y de la Corte Suprema de Justicia, organismos que estaban dominados por los social cristianos.

De esta manera, Gutiérrez y sus nuevos aliados, Bucaram y Noboa, barrieron a Febres Cordero de todas las funciones del Estado y colocaron en esos organismos a sus recomendados.

Pero esta paliza que le viene propinando Gutiérrez al jefe de la ultraderecha ecuatoriana no se ha quedado solamente en lo político, sino que ha alcanzado a tocar el bolsillo y los intereses económicos de los parientes de Febres Cordero.

El gobierno en una actitud de clara retaliación ha hecho efectivo el cobro de cuantiosas deudas que el hermano del jefe social cristiano mantiene con la banca estatal ecuatoriana y ha embargado sus bienes.

El León herido no ha tenido más remedio que utilizar los medios de comunicación para lanzar todos los días improperios a Gutiérrez, a quien no baja de “dictador”.

NADA ES GRATUITO

Pero si bien el Presidente se ha regocijado sacándose unos cuantos clavos y propinándole un jaque a Febres Cordero, los compromisos que ha adquirido con sus nuevos socios de ninguna manera son de poca monta.

Bucaram y Noboa, zorros de la política y de los negocios comenzarán a pasarle cuenta de cobro al mandatario ecuatoriano. El primero, exiliado en Panamá, seguirá presionando para regresar al país sin responder por los supuestos delitos que se le acusa. Para ello cuenta con una Corte Suprema de Justicia en la que su partido puso fichas claves para que los procesos penales que se le siguen queden en la impunidad.

Noboa, quien por tercera vez consecutiva aspira a la Presidencia, buscará réditos políticos del gobierno para consolidar su candidatura, pues en sus cálculos está obtener el respaldo electoral tanto del partido de Gutiérrez como del partido de Bucaram.

Sin embargo, habrá que ver si en la maleable e inestable realidad política ecuatoriana, este pacto se mantiene. Lo cierto es que, por ahora, Gutiérrez es rehén de Bucaram y de Noboa, en el plano interno, y de Washington, en el externo.

La embajadora KK funge como consejera y asesora de Gutiérrez y éste gracias a su apoyo ha obtenido ayuda crediticia que le ha permitido estabilizar la economía ecuatoriana. Por lo menos, el 2004 cerró con buenos indicadores: el país creció en un 6% su producto interno bruto y su inflación no alcanzó el 2% anual. Al óptimo resultado de estos indicadores ha contribuido, indudablemente, el buen precio internacional del petróleo.

En el corto plazo se puede afirmar que Gutiérrez a un costo institucional muy alto mantiene la nave, para ello cuenta con unas mayorías artificiales en el Congreso y un aceptable desempeño de las variables macroeconómicas que le ha posibilitado no incrementar las tarifas de servicios públicos ni subir los impuestos.

Habrá entonces que esperar cómo reacciona la oposición y qué sorpresas le deparan al Ecuador otros dos felinos de las agallas de Bucaram y del magnate Noboa.

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