| NINA PACARI ANALIZA EL PROCESO POLÍTICO ECUATORIANO “LUCIO GUTIÉRREZ TERMINÓ ENTREGADO A LAS ELITES TRADICIONALES” En su oficina, localizada en pleno corazón de Quito, en la Avenida Amazonas, se puede observar en primer plano una gran fotografía enmarcada en la que aparece junto con Roberta Menchú, la indígena guatemalteca, Premio Nobel de Paz. En su escritorio también la acompaña un pequeño retrato del Che Guevara. Amable y sencilla. Sorprende su solidez intelectual y su óptica para analizar los intríngulis de la política ecuatoriana. Su nombre es ampliamente conocido en diversos sectores de opinión latinoamericanos, pues no pasó desapercibida cuando se desempeño como canciller ecuatoriana. La dirigente NINA PACARI, abogada con estudios en ciencias políticas explicó en entrevista con CRONICÓN como ha sido el proceso de consolidación del movimiento indígena y como fue su experiencia al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores por espacio de seis meses. De paso, lanzó fuertes dardos al presidente Lucio Gutiérrez. |
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- En Ecuador el proceso del movimiento indígena ha sido muy dinámico y hoy es una claro factor de poder, hasta el punto que la CONAIE, la Confederación de Nacionalidades Indígenas, tiene esa acepción de “nacionalidad”. ¿Por qué no de etnias, de golpe por acentuar su identidad? - Creo que es un punto de partida sumamente imprescindible puesto que si asumimos la reflexión de las ciencias sociales desde la epistemología no indígena, podríamos decir que lo étnico queda un poco en los márgenes de la antropología. Y de hecho desde los análisis conceptuales que realizamos lo que implica adoptar una identidad como el de nacionalidades le da una implicación más de carácter político que tiene que ver a la vez con el modelo de Estado para abordar, igualmente, el Estado-Nación. Este fue un debate de alrededor de una década y frente a las definiciones o categorías que desde el pensamiento de las izquierdas se había atribuido el de campesinos, porque se miraba más desde la arista de la lucha de clases, pero no desde la identidad. En ese sentido el movimiento indígena contribuyó enormemente para tornar orgánico lo de la lucha de clases con el carácter étnico-cultural, porque nosotros no dejamos de ser parte de una continuidad histórica de los pueblos originarios. Dentro de este contexto y a la luz de la década de los 80 se adopta el Convenio 169 de la OIT en el que una de sus disposiciones señala el derecho a la autodefinición o a la autoafirmación de los pueblos indígenas, en el caso de Ecuador se definió adoptar como nacionalidades indígenas porque tiene una connotación que va más allá de lo social y de lo antropológico y tiene además contenidos políticos, porque la lucha de los pueblos es de carácter político y más si entramos en una etapa de cuestionar los modelos de Estado. |
![]() Nina Pacari |
| - ¿Si bien la irrupción política del movimiento indígena es evidente, ustedes ya están consolidados política y organizacionalmente? - Es todo un proceso y no hay un límite, por más que estemos organizados, consolidados, siempre habrá nuevos parámetros, nuevos escenarios y frente a eso la necesidad de seguir fortaleciéndonos permanentemente, porque, caso contrario, sería dormirnos en los laureles pensando que como estamos sólidos y tenemos por lo menos resuelto el tema organizativo nos quedamos ahí, cuando siempre hay tareas por cumplir respecto de la movilidad social y la dinámica de lo que es el desenvolvimiento político en función de las perspectivas de cambio y de desarrollo que se ha trazado el movimiento indígena, lo cual es una constante. Hemos avanzado desde esa configuración de pueblos que implica dos elementos básicos: identidad y territorio, que tienen que ver con un compendio de modelo de Estado. Por lo tanto el movimiento indígena no es un gremio, ni es una asociación de un sector productivo o de un sector artesanal, sino que es una organización que se constituyó desde la condición de sociedad diferenciada como pueblos con continuidad histórica. Si hemos buscado las distintas estrategias desde la experiencia de nuestros mayores para sobrevivir y no solo resistir para proyectar el diseño del país que queremos más allá de los 500 años, tenemos que seguir con esta tarea desde ese contexto de pueblos. - La identidad cultural del indigenismo ecuatoriano está muy acentuada, ¿cierto? - Sí, pero no podemos quedarnos solo en lo cultural porque este aspecto tiene que ver con el pensamiento, con lo epistémico, con lo ideológico y con política. Los pueblos indígenas no somos solamente portadores de culturas, de costumbres y de idiomas, somos portadores también de un pensamiento y de un quehacer político y económico que responde a códigos culturales que en el caso de la experiencia del Ecuador están contribuyendo con su participación tanto en la esfera de lo político-electoral como en el ejercicio de la gestión pública con elementos sumamente importantes de carácter participativo, de la diversidad cultural y el ejercicio de la interculturalidad para encaminar perspectivas del modelo de desarrollo que buscamos. El éxito de varios gobiernos locales ha sido la concreción de esos principios por los que estamos luchando. - ¿A la CONAIE y a su brazo político, Pachakutick, se les mira aún con ánimo racista y de exclusión en Ecuador? - Creo que son dos espacios diferentes que no obstante contar con un proyecto político común, me refiero como organización social la CONAIE y como movimiento político Pachakutick, es que los escenarios por el tipo de actores con los que se deben desenvolver, de hecho tienen sus diferencias . En el caso del terreno extra institucional todas las decisiones para la movilidad social y las propuestas están en nuestras manos, lo que no ocurre en el espacio público como en el caso del Congreso Nacional donde se encuentra la diversidad del sector político. En el ámbito de los gobiernos locales se manejan las mismas situaciones respecto de correlaciones políticas. Por lo tanto hay que mirar a cada escenario desde su realidad y eso ha hecho que en algunos casos haya ciertos límites, o en otros, ciertas limitaciones. No obstante aquello, para romper los prejuicios y el racismo toca hacer un trabajo permanente. Recuerdo como experiencia personal cuando estuve en el Congreso Nacional un episodio muy ilustrativo. A pesar de la reforma de la Constitución de 1998 que consagró no sólo el carácter pluriétnico y pluricultural del Estado ecuatoriano y reconoció además los derechos colectivos de los pueblos indígenas, la mentalidad de los parlamentarios todavía responde a un sentido colonialista y racista y eso lo puede palpar cuando se debatía el Código de la Núñez y la Adolescencia. El artículo 7 que decía que la niñez de los pueblos indígenas y afro ecuatorianos tenía derecho a desarrollarse dentro de sus propias culturas lo negaron en el Congreso bajo el argumento de que todos somos ecuatorianos, privilegiando de esta manera la tesis de la hegemonía del monismo cultural que justamente estábamos cuestionando. Por esos mismos días se produjo un incidente en Quito: uno de los prestigiosos colegios de esta ciudad negó el acceso a un niño indígena sólo por su condición racial y le pusieron como condición para ingresar que se cortara la trenza que es característica fundamental de nuestra identidad. Ese caso lo asumí justo en el momento del debate, lo denuncié en el Congreso y volví a solicitar la reconsideración que implicaba casi la unanimidad del Parlamento, para volver a retomar el artículo 7, y lo logré. Gracias a ese debate ahora en el Código de la Niñez está reconocido ese derecho que se quería desconocer. Traigo a cuento esta anécdota para señalar que, no obstante los avances constitucionales, subsisten los racismos, las mentalidades de museo que hay que ir rompiendo con acercamientos y con una valoración espitémica. Porque, de lo contrario, podemos quedarnos ahí y nos pueden decir: son culturas distintas, hasta ahí les aceptamos mientras no nos hagan problema, mientras eso no implique ser portador de un quehacer político y de un pensamiento, descartando el terreno de la lucha de poder que es, precisamente, de lo que se trata. - ¿En su concepto el Ecuador está preparado para que irrumpa un candidato presidencial indígena? - En la pasada campaña electoral el movimiento Pachakutick decidió una precandidatura de un compañero indígena no por el hecho de ser indígena únicamente sino porque a nivel de gobierno local había logrado materializar los principios que podrían ser la base de un Estado plurinacional incluyente y con una mirada sobre el desarrollo mucho más amplia que torne a la democracia de carne y hueso. Se trató de la candidatura del economista Tituaña. Sin embargo, la CONAIE determinó no apoyar a ningún candidato indígena por algunos conflictos internos que se presentaron y no nos quedó más que apuntar hacia una alianza política que trabajara por el cambio. Yo creo que la posición de la CONAIE fue un error. Si lanzábamos un candidato indígena posiblemente no ganábamos pero se adfquiría una gran experiencia que enriquecía el proceso. Pero también anotaría que la herramienta de la alianza es válida y hay que analizar el hecho de que, como nos ocurrió, cuando no se cumple con los compromisos se debe ir hacia una especie de rendición de cuentas de lo que fue parte de la propuesta del programa para ver en qué se falló. - ¿Existe frustración en el movimiento indígena frente al incumplimiento del programa por parte del hoy presidente Lucio Gutiérrez? ¿No se sienten ustedes traicionados? - Creo que de todo este proceso nos quedan varias lecciones. Una es la que mientras no esté en nuestras manos el poder el intermediario nunca va a cumplir con el programa nuestro y esta es una gran lección para el futuro. Igualmente considero que hay que prepararnos más porque no es suficiente ganar y llegar, es necesario sostenerse y como esto tiene que ver con todo un tema estructural, es indispensable ver cómo se avanza en la estrategia alrededor de los gobiernos locales, por un lado, pero por otro, desde el terreno extra institucional hay que analizar la movilidad social, para eso debemos generar más cuadros, trabajar más en esa línea, mirar en prospectiva para saber qué vamos hacer con todas estas experiencias. También señalaría que fue importante estar en el gobierno porque nos permitió conocer el entramado del poder desde adentro. No obstante estar concientes de los límites, yo le llamaría límites antes que frustraciones, lo importante es cómo poder sacar lecciones y potencialidades a esto para trabajar con una mirada del proceso, porque el proyecto político lo hemos definido. - ¿Cómo fue su experiencia como canciller? ¿Usted sintió en sus relaciones con el mundo diplomático discriminación de parte de sus colegas cancilleres? - Diría que no, más bien había expectativa porque primero no nos conocen bien a los indígenas en términos generales, en segundo lugar no nos conocen como ecuatorianos por falta de relaciones más estrechas, y a lo mejor, por no saber cómo es una mujer de los pueblos indígenas. Entonces había una expectativa, un poco miremos qué es y para mí fue sumamente importante el desempeño en los debates y en la propuesta. Fue una riqueza personal sumamente importante porque proveniente de sectores sociales, de pueblos indígenas destruidos, pero con mentalidad universal no para dejarse absorber sino para insertar. El paso por la Cancillería me posibilitó manejar un nuevo tipo de discurso y construcción de un nuevo pensamiento. Considero que a nivel de mis colegas eso sí asombraba. Frente a debates sobre temas sensibles como el caso de Venezuela, frente a temas de carácter económico, asumí posiciones respetando mis principios pero mirando también la responsabilidad con el país. En desarrollo de los debates creo que los cancilleres tuvieron que pasar del asombro no sólo a la aceptación y a la tolerancia sino también al reconocimiento y eso fue importante porque a veces cargamos racismos conscientes o inconscientes, estereotipos y la ventaja que también tenía es que llevo casi toda la vida viajando, entonces ningún territorio, en el caso de América, me era desconocido. Pero por otro lado, el hecho de romper a ratos lo que centenariamente se ha difundido de nuestros países: el predominio del monismo cultural, lo que fue una de las antesalas fundamentales y creo en ese sentido que no me quedé en el folclorismo sino que busqué darle todo el contenido nacional que fue necesario Debo señalar, igualmente, experiencias interesantes con la canciller colombiana Carolina Barco, no obstante las diferencias ideológicas y de formación, fue posible conversar, saber hasta dónde eran posibles algunas cosas. Con mi paso por la cancillería ecuatoriana se refrendó una vez más que los indígenas estamos preparados, que hay visión, que se conoce no solamente el país. |
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- ¿Dejó buenos amigos en el ámbito
internacional?
- Yo creo que sí, por ejemplo y no obstante las diferencias con todos los cancilleres de la comunidad andina quedaron muy buenas relaciones, incluso cuando se produjo la ruptura con el gobierno del presidente Gutiérrez, en algunos casos recibí comunicados escritos a más de llamadas telefónicas. Los cancilleres Carolina Barco y el de Venezuela, en ese entonces, Roy Chaderton, me llamaron porque no dejan de ser relaciones interpersonales que se cimentan, al igual que el canciller brasileño Celso Amorín, quien resaltó los contactos y diálogos de calidad que mantuvimos durante ese corto periodo de seis meses. |
![]() León Febres Cordero |
- Al interior de la Cancillería usted debió tener
un panorama mucho más amplio de lo que es el Plan Colombia y sus
repercusiones en el Ecuador. ¿Alguna vez sintió presiones
del gobierno de los Estados Unidos o notó interferencias para comprometer
a su país en el conflicto armado colombiano?
- Primero debo señalar que desde las organizaciones y el movimiento político tenemos una posición muy clara sobre el tema y, en consecuencia, tenía no sólo que mantener nuestro punto de vista sino incluso precisarlo con la visión de gobierno y eso fue de manera pública y frontal que lo asumimos. Jamás se me vino una presión directa y más bien en las reuniones con las delegaciones norteamericanas planteábamos cual era la tesis del país y las preocupaciones frente al Plan Colombia. En el caso de las fumigaciones con las organizaciones que reclamaban por ello hicimos causa común, respetando el marco del Estado, pero proponiendo salidas políticas, como por ejemplo el acuerdo bilateral en el sentido de que a una distancia de diez kilómetros de la frontera colombo-ecuatoriana no se pueda fumigar. Al ser clara nuestra posición nos convertimos en una especie de piedra en el zapato y aunque no era evidente la presión norteamericana, la sentimos en cambio en el tema de la Corte Penal Internacional. Ahí hay que hacer énfasis en que nada está desligado. Cuando asumimos nuestro respaldo a la Corte Penal, Estados Unidos anunció que nos quitaba los apoyos económicos, entonces señalé que esa cooperación que era de un millón de dólares casi todo se quedaba en Norteamérica porque estaba destinada a la capacitación de algunos oficiales de nuestras Fuerzas Armadas que debían viajar a Washington para obtenerla. Y la cuestión de la soberanía no se vende por ningún monto. - Internamente, usted tuvo el respaldo total del presidente Lucio Gutiérrez en desarrollo de su gestión o hubo muchas discrepancias? - Hubo muchas discrepancias y varias de ellas salieron a la luz pública, como por ejemplo el tema de Irak fue uno que marcó gran tensión y desde la Cancillería nos pronunciamos claramente rechazando la invasión y a favor de la paz. El Presidente salió inmediatamente a los medios a señalar que él es quien dirige la política exterior. Era evidente que el presidente Gutiérrez estaba alineado y tenía una posición distinta a la nuestra, pues al igual que el presidente Uribe, él estaba respaldando a Estados Unidos porque ya desde entonces estaba subordinado a Washington. De esta manera se proyectaba hacia fuera una clara contradicción ente el Presidente y la canciller. - ¿Cómo se entiende el cambio sustancial del discurso de Lucio Gutiérrez, quien llega al poder gracias a un mensaje anti ALCA, anti Plan Colombia, anti Fondo Monetario Internacional? ¿A que atribuye esa metamorfosis política de Gutiérrez, quien una vez se instala en el Palacio de Carondelet hace todo lo contrario de lo que prometió en la campaña electoral? - A una clara subordinación a las elites nacionales y a la línea que impone los Estados Unidos. Pero, además, al hecho de que en el caso de Gutiérrez no hay formación, no hay compromiso, no hay visión y tras bastidores en el poder están otros. El entreguismo es al Partido Social Cristiana que es la ultraderecha ecuatoriana. Gutiérrez ha hecho peores cosas que Bucaram, pero en el caso de Abdalá Bucaram el Partido Social Cristiano no tenía cabida en el gobierno. Ahora es el partido de Febres Cordero el que usufructúa del poder, entonces esas son las diferencias. Con una metáfora podría decir que Gutiérrez parece que está es al frente de la Casa de la Cultura porque en el caso del Ecuador, las instalaciones de esta institución quedan al frente de la Embajada de los Estados Unidos. - En América Latina los Presidentes con más altos niveles de desprestigio son Alejandro Toledo del Perú y Lucio Gutiérrez del Ecuador. ¿Cuándo apenas Gutiérrez va por la mitad del periodo, usted cómo vislumbra que se va a desarrollar el proceso político del gobierno ecuatoriano con esos altísimos márgenes de impopularidad y con una oposición cada día más creciente de los sectores sociales y el movimiento indígena? - El gobierno ha decidido sobrevivir en la subordinación. Subordinación a las elites económicas y políticas y por eso está entregando todo el tema económico al Partido Social Cristiano, áreas políticas con tintes sociales al PRIAN y al Partido Roldosista, entonces sobrevivir encarcelado bajo el yugo de las elites tradicionales de la oligarquía no le dan garantía de ninguna naturaleza. Por otro lado, hay toda una actitud de rechazo al gobierno, el 96 por ciento de la población no cree en Gutiérrez, por eso he dicho que no es Presidente porque no tiene legitimidad popular. O siendo Presidente a lo mejor ni gobierna. Al interior de los sectores sociales venimos debatiendo esta situación, pues hemos tenido la experiencia del año 97 con la destitución de Bucaram y la de 2000 de Jamil Mahuad, pero infortunadamente las elites se han vuelto tomar el poder lo que no ha permitido generar profundos cambios. ¿Qué estrategia podemos buscar y diseñar para no seguir permitiendo esto? Es difícil por cierto, pero requiere de tiempo y de reflexión y creo que ese es uno de los elementos importantes que a ratos no se considera y se espera solamente que haya una movilización social. Pero no nos engañemos, en el momento en que haya una movilización social estará vorazmente el Partido Social Cristiano para coger el poder en bandeja. Por eso la reflexión que nos hacemos en ese sentido para no permitir que se de esa eventual circunstancia. Es complejo vislumbrar un escenario a corto o mediano plazo, no me aventuro como agorera pero lo que si señalaría es que quien pretende vivir en la subordinación no tiene garantía de nada. - ¿Pero están en la vanguardia o en la retaguardia? - Nosotros estamos manejando un frente colectivo porque esas lógicas de vanguardias y retaguardias nos ponen en condiciones que no están en un marco de una conducción horizontal. Por eso preferimos caminar con otros sectores pero de manera responsable. |
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