| COINCIDEN ANALISTAS CONSULTADOS POR CRONICÓN ESTRATEGIA DE SEGURIDAD DE E.U. BUSCA PROFUNDIZAR MODELO NEOLIBERAL
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| La estrategia que viene utilizando Estados Unidos para consolidar su poder hegemónico en el mundo no es nueva. Simplemente retoma el esquema que han puesto en marcha los imperios a través de la historia de la humanidad en su afán de ensanchar sus tentáculos y cuyo fundamento se centra en dos factores determinantes: seguridad y mercados. Así como en la antigüedad las caravanas de mercaderes atravesaban desiertos y extensas montañas debidamente flanqueadas por poderosos ejércitos protectores, ahora Washington hace presencia militar en prácticamente todas los continentes del globo terráqueo con el propósito de asegurar sus intereses mercantiles. Por eso, en el caso de América Latina no es gratuito la instalación de bases militares a lo largo y ancho de la región. Y en el caso particular de Colombia es comprensible su injerencia en el conflicto interno y la financiación decidida al Plan Colombia y al Plan Patriota, diseñados, orientados y monitoreados por el Comando Sur de los Estados Unidos. |
![]() ALFIN |
| Para
desarrollar esta política ‘bélica-mercadotecnista’ es
imperativo construir un “enemigo” y fabricar unas alianzas.
De esta manera se puede definir hacia quién se apunta para destruir
al adversario con miras a establecer un escenario de paz y prosperidad.
Esto tampoco es nuevo. Estados Unidos que se convirtió en potencia
después de la Segunda Guerra Mundial tuvo como enemigo perfecto
al comunismo y en su empeño por combatirlo y ampliar su poderío
intervino en forma directa en prácticamente todos los procesos
y conflictos políticos que se presentaron en el mundo durante
el lapso que duró la Guerra Fría. MILITARIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA En la década de los ochenta, bajo la administración Reagan, se fueron configurando los escenarios para la remilitarización de Latinoamérica en el siglo XXI. Los documentos de prospectiva norteamericana de Santa Fe y los procesos de reconversión militar latinoamericana concebidos en Washington, así lo demuestran. La visión de Washington, antes de sepultar al comunismo del Este, tomaba en cuenta el papel desestabilizador que, en los noventa y principios del siglo XXI, tendría Colombia y su inveterada insurgencia armada para toda la región por ser punto estratégico clave en la geopolítica de Suramérica. En opinión del ex comandante del Ejército ecuatoriano, René Vargas Pazzos, “el verdadero objetivo de Estados Unidos en esta región es la biodiversidad, el agua, el oxigeno, eso es lo que está en juego. El agua va a ser un elemento crítico en las próximas décadas y en Latinoamérica existe más del 40 por ciento del agua pura, del agua no contaminada, lo mismo la biodiversidad y el oxigeno que produce la Amazonía”. La instalación de bases militares en el continente por parte de Washington es la antesala para consolidar su hegemonía económica. “Así lo demuestran casos como las guerras de Centroamérica de los años 80, que dieron como resultado la conquista definitiva de esa región. La pacificación resultante se expresa hoy en el Plan Puebla Panamá que pone el medio ambiente, las soberanías nacionales y los derechos de los ciudadanos al servicio del gran capital transnacional. De forma similar, el conflicto colombiano y su configuración dentro del Plan Colombia avanza por esa senda de apertura de mercados por la vía militar”, explica la politóloga de la Universidad Nacional, Lilia Solano. “La preocupación de los Estados Unidos para el año 2030 o 2040 radica en que se está diseñando un escenario de una posible confrontación entre esta potencia y China. La lucha por los mercados, el control del petróleo, el control de las áreas estratégicas mundiales, especialmente, van a hacer que los conflictos vayan agudizándose en las diferentes regiones del planeta. Por esa razón es que la verdadera intencionalidad del Plan Colombia es económica en el sentido de acelerar la apertura de los mercados”, sostiene el coronel (r) del Ejército ecuatoriano Jorge Brito Albuja.
Para el economista ecuatoriano Alberto Acosta, “el ALCA y el TLC son una estrategia que va mas allá de lo económico y tiene mucho de político, a la que se llega gracias a un proceso de ablandamiento que se hizo a través de las renegociaciones de la deuda externa que abrió la puerta al ajuste estructural y que permitió el ingreso del neoliberalismo a Latinoamérica. el Plan Colombia con el Plan Puebla-Panamá y las bases militares en toda América Latina son una respuesta concreta para asegurar por la fuerza de las armas los recursos naturales. ¿Fíjese en dónde se están dando los ejes multimodales de control planteados por Washington? En todas aquellas zonas donde están los recursos petroleros, los recursos de gas, el carbón, la biodiversidad, el agua, y el Plan Colombia en concreto es un mecanismo para eliminar una de las principales amenazas que tiene esta iniciativa norteamericana que es la guerrilla colombiana. En síntesis: TLC, ALCA, deuda externa y militarización son partes de un proceso de dominación”. Coincide con este planteamiento la catedrática de Economía de la Universidad Javeriana, Helena Villamizar García-Herreros, para quien “El ALCA o los múltiples acuerdos bilaterales de libre comercio -TLC- con que ahora Estados Unidos quiere reemplazarlo, son pasos en una estrategia de más largo alcance hacia la búsqueda de la dolarización de América Latina. La ampliación de mercados que busca Estados Unidos en la región mediante la desviación de comercio desde Europa, Asia e inclusive la propia América Latina, profundizará nuestra dependencia comercial y económica con ese país, brindando argumentos a los defensores de la dolarización, como ocurrió en el caso del Salvador y Ecuador”. REGIONALIZAR EL CONFLICTO Colombia es el escenario piloto de aplicación de la estrategia de seguridad estadounidense que busca por todos los medios involucrar la participación de las fuerzas armadas de toda la región andina. Con ese objetivo, la propaganda de Washington ha venido sobredimensionando una eventual expansión del conflicto colombiano más allá de sus fronteras. La base ecuatoriana de Manta por su posición geográfica permite tener las condiciones óptimas desde el punto de vista geoestratégico para materializar el Plan Colombia. Se podría afirmar que esta instalación militar sirve de plataforma para cumplir el rol que un día jugaron Camboya con Vietnam y Honduras con los conflictos de El Salvador y Nicaragua. Washington y Bogotá lo niegan y simplemente señalan que dicha base tiene como propósito el control del tráfico aéreo de sustancias sicotrópicas.
La ejecución del Plan Puebla Panamá, ALCA e IRSA conocido como la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana, para atraer los intereses de las grandes corporaciones multinacionales, constituyen las grandes columnas de acción hemisférica en materia de seguridad regional. El Comando Sur con sede en Miami y en la localidad de Corpus Christi (Texas), es la estructura militar de Estados Unidos que se encarga de la seguridad de América Latina. En los Andes su presencia se traduce en sitios de entrenamiento como la base de El Coca o y Fuerte Amazonas en Ecuador para operaciones terrestres, y, Santa Clotilde en Iquitos, Perú, para entrenamiento en interdicción fluvial. En Colombia, desde las instalaciones de Tolemaida, Tres Esquinas, Arauca, Puerto Leguízamo y Larandia se hacen operaciones terrestres, helitransportadas, aéreas y fluviales. En la declaración final de la reciente Cumbre de Monterrey se acogió el enfoque multidimensional de la seguridad: la presencia tanto de viejas y nuevas amenazas (la protesta social, la migración, lo ambiental). Bajo esta directriz, el eje Washington-Bogotá puso en marcha el denominado Plan Patriota que al decir del ex consejero presidencial para asuntos de seguridad, Armando Borrero, se trata de “un plan operativo del Plan Colombia” cuya duración será de un año y cubre buena parte de la región sur de la geografía colombiana, en una extensión de 300 mil kilómetros cuadrados. En su ejecución participan entre 15 mil y 17 mil hombres y no se descarta un posible desbordamiento en las zonas fronterizas, particularmente con Ecuador y Perú, las más vulnerables geográficamente hablando. Para los voceros del Grupo Civil de Monitoreo de los efectos del Plan Colombia en Ecuador, general (r) René Vargas Pazzos y Alexis Ponce, el Plan Patriota no es más que el “involucramiento activo ecuatoriano en un desenlace regional del conflicto interno colombiano, asumiendo el país del sur el papel de ‘Yunque’ del ‘Martillo Estratégico’ estadounidense-colombiano contra las Farc. Del escenario de líneas exteriores (preparación del Yunque) en la frontera con Colombia, al teatro de operaciones (participación real en el conflicto) hay apenas un paso, y eso está obligado a saberlo un militar como el presidente Lucio Gutiérrez". Armando Borrero discrepa de la percepción que tienen los analistas ecuatorianos y señala que “el yunque es el mismo Estado colombiano por cuanto que el control lo provee las Fuerzas Militares de este país, por un lado; y por otro, la guerrilla no tiene interés en desplazarse hacia los países vecinos, puede pasar las fronteras por factores ocasionales, pero le es más fácil ocultarse en el pie de monte oriental o en el Alto Caquetá, que son óptimos corredores para refugiarse”. Para el analista peruano Ricardo Soberón Garrido el Plan Patriota va a tener implicaciones en los países de los Andes amazónicos, las cuales “deben ser vistas en forma de círculos concéntricos donde convergen partes de escenarios y proyectos locales, nacionales, regionales y hemisféricos, sucesivamente. Todos los cambios e iniciativas, se entrelazan en alguna parte de este esquema”. Soberón prevé que “durante lo que resta del 2004, la producción de sucesivos hechos de ‘desborde’ de las fronteras le darán mayor impulso político, académico y operativo, a la tesis de la ‘regionalización’ del conflicto armado. Igualmente y en forma pausada se irán configurando dos bloques geopolíticos, a propósito del conflicto armado colombiano: uno, compuesto por Ecuador, Colombia y Perú y el otro, integrado por Venezuela y Brasil; la nueva propuesta militar colombiana tendrá diferencias, cada vez mayores con las posiciones de estos dos países”. En este orden de ideas, Borrero va más allá que Soberón y sostiene que “lo que Estados Unidos busca es la desnacionalización del concepto de Seguridad en América Latina y propende por una Fuerza Nacional de Seguridad Internacional. La estrategia es debilitar el nacionalismo, romper las barreras para consolidar la globalización económica y de esta manera quitarle soporte al Estado-Nación”. En ese sentido, Washington no ha podido encontrar mejor aliado que el
presidente Uribe Vélez para quien el Estado importa en la medida
en que su componente militar ocupe la mayor parte de su accionar en aras
de garantizar tanto la inversión privada como extranjera y de
esta manera facilitar aún más la lógica del mercado
sin sus amarras sociales. Esa es, en síntesis, la filosofía
de la “Seguridad Democrática” que tanto se ufana en
promover el mandatario colombiano. |
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