| RODRIGO MARÌN BERNAL EN ENTREVISTA CON CRONICÓN BAJO EL ESQUEMA PRESIDENCIAL, LA REELECCIÓN
EN COLOMBIA ES INVIABLE |
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Para algunos connotados analistas políticos como el ex presidente Alfonso López Michelsen el debate de la reelección presidencial como se ha planteado en Colombia genera desconfianza y polariza la opinión, por cuanto el tema se lo viene estudiando de una manera simplista. Este es un asunto que obviamente tiene directa relación con el sistema político de un país y en el caso colombiano es evidente, como ha ocurrido en toda América Latina, que el esquema presidencialista se agotó debido al desquebrajamiento de los partidos que fueron permeados por el fenómeno de la corrupción. Por eso López y otros analistas consideran que la reelección
presidencial se debe estudiar teniendo como marco de referencia la crisis
del sistema presidencial para auscultar alternativas que permitan hacer
tránsito hacia un sistema parlamentario o semiparlamentario que
posibilte la estructuración de unos nuevos partidos políticos. |
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| Este apasionante tema constitucional que genera tanta controversia lo ha venido estudiando de tiempo atrás el ex candidato presidencial, ex diplomático y ex ministro de Estado, Rodrigo Marín Bernal, por lo que CRONICÓN lo invitó a dialogar para que expusiera sus puntos de vista en torno de la necesidad de modificar el sistema político. Marín Bernal se adelantó a este debate que se está dando en Colombia con mucha antelación, pues a finales de la década de los años 80 recorrió buen parte del país exponiendo su tesis según la cual el país debería adoptar el sistema semiparlamentario para fortalecer la democracia, remozar los partidos políticos y fortalecer la descentralización administrativa de las regiones. COLOMBIA ADOLECE DE UN EJECUTIVO MUY FUERTE
- Este proceso comienza en el año de 1886 cuando el Consejo de Delegatarios convocado por el presidente Rafael Núñez promulga el nuevo estatuto constitucional. Veníamos de un régimen de franca anarquía consagrado en la Constitución de Rionegro cuando se crearon nueve Estados, los cuales tuvieron facultades omnímodas hasta el punto de que aquello parecía un mosaico de naciones independientes que se enfrentaban entre sí para llegar a dominar la esfera política. Qué ocurrió, que este sistema federal hizo crisis de una manera dramática y culminó con la batalla de La Humareda, ocasión en la que Núñez declaró que la Constitución federalista inspirada y sostenida por el partido radical, había muerto. Se inició entonces en Colombia el movimiento pendular a la inversa, es decir, la consolidación de un gobierno presidencial, la monarquía democrática que denominaba el señor Miguel Antonio Caro, que pretendió equilibrar las relaciones de los Estados convirtiendo a éstos en lo que hoy son los departamentos en un número multiplicado. A pesar de que Núñez había propuesto que el principio fundamental de ese nuevo orden constitucional era un ejecutivo fuerte que controlaba la casi plenitud de las facultades propias y unas provincias igualmente fuertes en lo administrativo, la descentralización de los departamentos se quedó escrita. De modo que nos quedamos con un gobierno muy fuerte y unas provincias crecientemente débiles. Es ahí en donde se encuentra la raíz de este nuevo ciclo de la historia de Colombia: la crisis del proceso del régimen presidencial. - ¿En la medida en que el poder ejecutivo se fue fortaleciendo su esquema paulatinamente se iba agotando? - No hay duda, es que en una determinada época del siglo XX el ejecutivo se volvió aún más fuerte a través del instrumento del viejo Estado de Sitio (la aplicación del artículo 121 de la Constitución del 86) que le permitió constantemente al gobierno dictar decretos para cesar temporalmente sus funciones al órgano legislativo y asumir la casi plenitud del poder. Desde entonces, incluyendo las reformas introducidas por el constituyente de 1991, se ha venido visualizando con mayor facilidad la crisis del presidencialismo, razón por la cual y dadas las experiencias pasadas el país no puede volver a lo que fue el radicalismo, pero tampoco puede volver a lo que fue a partir de 1886 y por muchos años del siglo XX. |
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| - Pero este análisis que usted hace lo expuso un lustro antes de convocarse la Constituyente de 1991 y este cuerpo no tocó el tema ¿Por qué, quizá falta de visión de los miembros que hicieron parte del mismo? - Porque la Constituyente era el conjunto de fuerzas
de diverso origen y procedencia que se congregaron alrededor de la convocatoria
que hizo entonces el presidente Gaviria y ahí se llegaron a acuerdos
no con propósitos ideológicos sino con el ánimo
de alcanzar el objetivo de expedir una Constitución por primera
vez en Colombia por consenso. Pero no cabe duda de que en los años
88 y 89 hizo crisis el presidencialismo en Colombia que se agravó
con la Constitución del 91 en la medida en que los poderes adicionales
que recibió el ejecutivo no fueron compensados con una mayor
suma de poder para el Congreso y los otros órganos del Estado. |
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- Sí y como visualice este fenómeno con antelación yo había propuesto que el país renunciara al pleno sistema presidencial y adoptásemos un modelo semiparlamentario como Francia, donde hay una división muy clara de las funciones propias del jefe de Estado con las competencias propias del jefe de gobierno. En Inglaterra y en España rige la monarquía constitucional en la que las veces de jefe de Estado las hace el monarca. Y, en países que abolieron la monarquía como Francia, se elige un jefe de Estado por siete años, el cual tiene las funciones de dirigir las relaciones internacionales y ser el comandante de las Fuerzas Armadas, hay entonces una división de funciones, las que hoy en Colombia se concentran alrededor del Presidente de la República. - El maestro Darío Echandía señalaba que una cosa es Dinamarca y otra Cundinamarca y mucho va de Francia a Colombia. Aquí, al contrario de la patria de Napoleón, adolecemos de partidos políticos, somos caudillistas, no tenemos una carrera administrativa que haga coherente y eficaz la función pública, tenemos esas falencias grandísimas, ¿cómo superarlas para poder adoptar un sistema semiparlamentario? - Exactamente, esa enumeración yo la comparto de manera irrestricta porque esas son las dificultades que la tradición y las costumbres políticas generan un obstáculo para el establecimiento de un sistema como el que yo he venido proponiendo para Colombia. Además, independientemente de esas razones que son clarísimas, existe el gran problema del Congreso que también ha hecho crisis. La Constitución del 91 por otra parte cometió el error, a mi juicio, de inducir la multiplicación de los partidos y movimientos en la medida en que les permitió a cincuenta mil ciudadanos por su sola voluntad crear un partido y ahora con la última reforma se subió el umbral y de 50 mil firmas pasamos a 200 mil votos, con lo cual estamos pasando de la microempresa electoral a la mesoempresa electoral y no se ve el camino para volver a la macro que consiste básicamente en organizar los partidos más importantes para que éstos le sirvan de soporte al nuevo régimen parlamentario. - ¿Estos obstáculos que se presentan en Colombia y que usted describe en forma detallada hacen muy difícil cambiar de un sistema político a otro? - Así es. Es muy difícil y sobre todo porque hay otro factor: el desprestigio del Congreso que es consecuencia de la crisis de los partidos, de la multiplicación de éstos no obstante el aumento del umbral que hizo la reforma constitucional reciente. Por lo tanto va ser muy difícil que encuentre eco entre la opinión convertir al Congreso en el eje vertebral de la nueva política porque en manos de los grupos parlamentarios estaría a cargo la atribución de formular la terna que le permitiría al jefe del Estado escoger al jefe de gobierno. En la condición actual en que están los partidos me parece muy difícil y habría una reacción de la opinión pública tan adversa que no se crearían las condiciones políticas indispensables para un cambio tan importante como ese que contradice toda una vieja tradición de presidencialismo en Colombia. - Pero fíjese que a veces las viejas tradiciones se superan con éxito como ha ocurrido con el proceso de la transición política en España después de casi 40 años de franquismo. ¿Cómo analiza el proceso español usted que lo conoce de primera mano por haber sido embajador de Colombia en ese país? - En España hubo una organización y consolidación lenta de los viejos partidos y una transformación de los mismos para convertirse en alternativas de centro y no de derecha o izquierda. El Partido Socialista Obrero Español tiene una tradición de más de cien años, fue fundado por Pablo Iglesias; y el actual Partido Popular es de origen franquista pero centrado gracias a la transformación que los viejos fundadores hicieron encabezados por Manuel Fraga Iribarne que tuvo el talento de abandonar la política nacional para dedicarse exclusivamente a la suya en la comunidad de Galicia. A ello hay que agregar la sensibilidad que han tenido los nuevos dirigentes encabezados por José María Aznar para consolidar ese cambio, de tal suerte que la extrema derecha que fue derrotada hace veinte años de manera decisiva en cabeza de Fraga fue haciendo progresivamente el tránsito hacia el centro generando una nueva clase dirigente con notable éxito político. Al lado de estos dos partidos se destaca Convergencia i Unió del ahora retirado Jordi Pujol, que también es de centro. De manera que observando la experiencia española se encuentra claramente que los partidos tiene la capacidad, organización y disciplina que les permite hacer en el Congreso de Diputados las alianzas que son indispensables para que el jefe del Estado, en este caso el rey Juan Carlos I, escoja el candidato para ejercer la Presidencia del gobierno. - La gran diferencia de España con Latinoamérica y concretamente con Colombia es que allá existen partidos y unas bases ideológicas firmes. En cambio aquí hace mucho tiempo no se diferencia el liberalismo del conservatismo y no hay disciplina de partidos. Si se aplicara el régimen parlamentario o semiparlamentario se pactarían coaliciones momentáneas y, por lo tanto, tendríamos primer ministro o presidente del gobierno cada cuatro o cinco meses, ¿no le parece? - Sí claro, tendríamos ese problema por la ausencia de contenidos ideológicos de los partidos tradicionales y. por supuesto, por la multiplicación de los mismos por las razones que anotamos anteriormente. Pero adicionalmente porque en la medida en que se van desintegrando los partidos va desapareciendo la posibilidad de cambiar el modelo. - ¿Entonces lo que tenemos en Latinoamérica y en Colombia son partidos políticos de papel y democracias de tipo formal simplemente? - Evidente y además porque han caído en otro fenómeno que es el caudillismo. En el caso colombiano la gente votó por Álvaro Uribe Vélez; en Venezuela votaron por el coronel Hugo Chávez Frías; en el Perú se repitió el fenómeno con Alejandro Toledo; en Costa Rica se escogió a un disidente del partido Social de Unión Cristiana, regresó al partido pero curiosa y paradójicamente en la elección interna del candidato presidencial se ganó el favor de la opinión como una especie de premio por haber abandonado su colectividad y Abel Pacheco finalmente fue escogido como primer mandatario. |
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- Hay consenso de que el sistema presidencialista se agotó en América Latina pero con los inmensos obstáculos políticos que tenemos no hay alternativa de cambio, ¿o usted ve alguna salida? - No es que no haya alternativa, ahí está el modelo semiparlamentario que es una buena alternativa, lo que ocurre es que ese cambio requiere de un presupuesto fundamental: la reorganización y unificación de los partidos; hay que convertirlos en bancadas parlamentarias dirigidas por personas que tengan autoridad y liderazgo como ocurre con las democracias de occidente con excepción de los Estados Unidos donde se mantiene vivo el sistema presidencial. De tal manera que si este comienzo de reforma política va a conducir a la desaparición definitiva de las micro y las meso empresas electorales y a la aparición de partidos organizados, debidamente regimentados con tendencia a defender su unidad, en ese momento se da el prerrequisito que resulta indispensable para poder cambiar el modelo. |
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- ¿Habrá que esperar entonces unas dos generaciones como mínimo? - No sé que tanto pero de lo que estoy seguro es que los países latinoamericanos deberán caminar hacia allá en su proceso político. - Después de ese análisis que usted ha hecho y sobre todo teniendo en cuenta el gran poder que maneja el Presidente de la República en un país como Colombia, ¿es dable plantear el tema de la reelección presidencial? ¿No cree que el debate está mal formulado como lo ha señalado el ex presidente Alfonso López Michelsen? - Teóricamente el debate está bien formulado. Lo importante es que se vayan dando las condiciones de orden fáctico para que el sistema se abra paso y eso se logra a través de lo que vengo diciendo, la reordenación y el saneamiento de los partidos. Sin este presupuesto la reelección presidencial en Colombia es inviable, pero vale la pena abrir la discusión para que los constitucionalistas, los dirigentes políticos, los polítólogos, la academia se expresen en torno a esta alternativa. |
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