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GARCÍA 2011 |
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En vísperas de su último mensaje al Congreso, el presidente García afina su estrategia al 2011. No es ya el candidato que llegó a Palacio con el voto prestado de una derecha unida que declaró lo hacía por el mal menor, "tapándose la nariz". Hoy comanda el bloque de fuerzas conservadoras en el poder y quiere afirmar ese papel. García ha trabajado, laboriosamente, su rol de garante del modelo
que instaló Fujimori. Dejó el discurso sobre "cambio
responsable", impuesto a las sobreganancias mineras, fin a los
services o justicia social. Converso al neoliberalismo extremo, publicó
su carta de sujeción: el "Síndrome del Perro del
Hortelano". Juró profundizar el modelo fujimorista. |
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Ha afianzado el poder de las transnacionales y la economía primario-exportadora,
multiplica los TLC como candados del modelo y los beneficios al gran
capital, entrega nuestros recursos naturales -a precio vil y sin respeto
por el medio ambiente-renunciando a toda soberanía nacional sobre
su manejo (allí está Camisea) y atropellando derechos
de las comunidades campesinas e indígenas y agricultores. Y echó lazos a mandos militares, garantizando impunidad vía
Giampietri, y a poderosas empresas de seguridad privada (como BTR, espionaje
telefónico e inteligencia). Amamantó a los poderosos medios
de comunicación privados con cientos de millones de soles en
publicidad. Hoy busca garantizar que siga este bloque en el poder. Cierto que ha contribuido a ello la debilidad del nacionalismo en construir
partido y desarrollar alianzas consistentes, así como serios
problemas en su representación política. Y es que la disgregación
de las izquierdas y la ausencia de una unidad política y estratégica,
expresada también electoralmente, ayudan a este plan. Pero García
quiere impedir que las fuerzas del cambio lleguen a la segunda vuelta
y que los campos se definan entre el continuismo y el cambio. Medita si indultar a Fujimori al final o solo apoyar a Keiko. Y claro,
está Toledo. Más allá de una común inclinación
neoliberal (los TLC, la exportación del gas de Camisea), no lo
quiere. Lo siente como un peligro para su papel de capitán del
buque neoliberal que hoy lidera y quiere preservar. Así, entre
demoler a unos, cerrar el paso a otros y asegurar a sus aliados, AGP
comienza su último año.
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