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ENFERMEDADES DEL CARÁCTER |
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Al revuelo y rechazo que produjo la 'solicitud de conciliación' de Ingrid Betancourt debe hacerle competencia la decisión de Uribe de divulgar las pruebas (ciertas o falsas) según las cuales el Gobierno de Venezuela ampara la presencia de campamentos de las Farc en su territorio, con la información además de su localización exacta y la precisión sobre en cuáles y dónde se encuentran presuntamente algunos de sus comandantes. Es ésta una información 'sensible', de importancia militar y diplomática, que no debe ser vuelta pública, a menos que existan unas razones y un marco dentro del cual esto sea imprescindible. Es evidente que afecta fuertemente las relaciones exteriores -y no solo con el vecino país- y por supuesto determina también decisiones de la subversión en el campo militar. Lo segundo aún no se sabe cómo se manifestara, pero lo primero produjo ya las reacciones que eran de esperarse, con el llamado a consultas del embajador y la tensión en las fronteras sin beneficio alguno en cuanto al comercio, al problema del terrorismo o sobre todo al bienestar de quienes ahí habitan. |
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Muy valederos tendrían que ser los motivos para que un Gobierno que acaba en menos de 20 días se vea en la necesidad o la obligación de dar un paso con consecuencias tan profundas como éste. Y aún si existieran unas condiciones que lo justificaran, lo natural sería que tal decisión la tomara con el nuevo mandatario que deberá manejar los efectos que esto genera. Hasta dónde se sabe y por todo lo que se conoce, no ha sido éste el caso. Por el contrario, todo apunta a que lo que se ha buscado además de molestar a Chávez es justamente sabotear la nueva orientación que ha dicho Santos que desarrollará. Que no le gustara la idea de que lo primero que Santos buscara fuera
recomponer las relaciones con Venezuela es comprensible en la medida
que eso implicaba cuestionar la forma en que antes se habían
adelantado. Grave era ya que le produjera algún desequilibrio
al nivel personal el que se invitara a Chávez a asistir a la
posesión y que le incomodara al punto de convertirlo en un ataque
con calificativos tan agresivos, ofensivos y poco propios de un Presidente
a la política diplomática de su sucesor como 'hipócrita'
'meliflua' o 'babosa'. Pero otra cosa es usar el poder como Presidente en ejercicio para tomar una decisión que equivale en la práctica a declarar que Venezuela se comporta como si estuviera en guerra con Colombia. Eso solo tiene sentido si lo que se desea es formalizar una ruptura y un estado de beligerancia entre las dos naciones, con las emotividades que derivan aquí y allá. Dado que es obvio que no es algo que recién se descubre, que ninguna circunstancia nueva se ha producido y que no estará en sus manos el manejo de las consecuencias, ni en la oportunidad, ni en lo motivos, ni en los objetivos que se buscan con esta acción aparece explicación diferente del carácter enfermizo de Álvaro Uribe. Equivale también a que, por encima de las consecuencias que produzca para la Nación y sus habitantes, da prelación a su tendencia a pelear e imponer por las malas y las vías de hecho su voluntad y sus convicciones. Es lo más cercano a un delito de lesa patria. Julio 21 de 2010. |
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