POR ALBERTO PINZÓN SÁNCHEZ
Cuando el formidable dirigente popular
Jorge Eliécer Gaitán, (cuya muerte los colombianos lloran
sin cansancio desde hace 62 años, sin que sus lágrimas
logren conmover al Departamento de Estado de los EEUU para que desclasifique
los documentos secretos que posee sobre este magnicidio de Estado internacional),
dijo que en Colombia coexistían dos países: El país
político y el país nacional, estaba definiendo el rasgo
más característico y contradictorio de la pre modernidad
Colombiana. Su doble vida con su doble moral.
Una, la Colombia formal, aparente y visible de las clases dominantes
del "todo bien y en orden" y otra, la Colombia real de la
explotación inmisericorde de sus habitantes, que no ciudadanos,
sobre la base de una infernal violencia política y militar convertida
en relación de dominación y producción: Nueve carnicerías
de peones sectorizados entre sí a las que se les ha dado la categoría
de "guerras civiles" durante el siglo XIX, y dos en el Siglo
XX con su prolongación en lo que va del siglo XXI, dan testimonio
de ello.
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Jorge Eliécer Gaitán
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Quien quiera que se aproxime a mirar cualquier aspecto de la realidad
Colombiana, desde dentro o desde el exterior, solo encontrará
la prolongación en el tiempo y el espacio de esta pervertida
situación. Hoy en día, por ejemplo, solo existe en la
"Colombia Visible" la llamada campaña electoral para
escoger al "vicario" (o quien hará las veces de) Álvaro
Uribe Vélez, en la dirección del bloque de clases dominante
y dirigente de Colombia. Una campaña de prejuicios y no de argumentos,
diseñada así por los estrategas del régimen, sobre
la disyuntiva de que avanzar es continuar, versus cambiar que significa
retroceder. ¿Retroceder ante que? Sencillo. Ante la violencia
geo-estratégica Imperial para la región Andina, ejercida
desde la cúpula del Poder de Colombia. Regla de juego inmodificable
aceptada sin reparo alguno, por TODOS (sin excepción) quienes
se inscribieron para participar en la llamada farsa electoral, que se
está desarrollando en el país.
Sin embargo también y en paralelo, coexiste una "Colombia
Invisible". No solo la que "no se ve pero está ahí",
descrita con absoluto realismo por el sargento Pablo Emilio Moncayo
en el momento de su liberación. O el de la creciente protesta
social que se ha venido dando en estos 8 años de gobierno de
la Seguridad Democrática que todos los filisteos candidatizados
a sucederlo aspiran a continuar, y que muestra un significativo y sostenido
ascenso en calidad (dos luchas sociales por día) y en cantidad
(554 Municipios de los 1.120 que existen en Colombia) según lo
comprueba el equipo de investigaciones del CINEP. Sino el desastre de
la situación general del país que por estos días
de elecciones, finalmente han tenido que hacer visible, personajes a
quienes se debe leer venciendo la nausea que producen, como Fernando
Londoño (El Tiempo-Planeta. Grandes Temas. 08.04.2010).
No es todo. A pesar de que la invisible protesta social en Colombia,
según el sacerdote Jesuita Mauricio García director del
CINEP, es motivada sobre todo por violaciones a los derechos humanos,
el desconocimiento de derechos económicos, sociales y culturales,
las políticas gubernamentales y el incumplimiento de pactos oficiales.
Las privatizaciones de empresas estatales, el desempleo, las reformas
académicas, la ausencia de una política agraria integral,
la prestación de servicios públicos domiciliarios y sus
tarifas.
También la guerra y el conflicto, según el director del
CINEP, motivan la manifestación pública. Es decir que
en la conciencia popular y social se ha aclarado que la Solución
Política al conflicto colombiano es una reivindicación
progresista y de avance social. Sin embargo el presidente de Colombia,
responsable constitucional de la política de Paz del país,
ha delegado en su impulsivo y locuaz ministro de defensa Silva Luján,
la fijación definitiva de lo que será a futuro la continuación
de la Seguridad Democrática. Aprovechando la reunión de
la dirección de inteligencia de la Policía Nacional (08.04/10),
Silva Luján anunció en emocionado discurso la inexorable
tabla de la ley del militarismo más crudo y ramplón de
la oligarquía cipaya: "¡No habrá proceso de
paz con narcoterrorismo. Solo su derrota!" (sic).
Por supuesto la Colombia Invisible ha tomado nota de semejante inhumanidad
guerrerista, y en medio del escalofrío que le debe haber producido
tal sentencia, no le queda otro camino que seguir insistiendo hasta
el fin de los días, en que solo la Solución Política
al conflicto le dará a la sociedad colombiana una vía
civilizada y humana para superar sus problemas, uno de ellos el de la
pre-modernidad que señalara el gran Jorge Eliécer Gaitán,
poco antes de caer acribillado por el "contrat-killer" o sicario
pagado por la CIA.
Abril 9 de 2010.
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