¡QUÉ VERGÜENZA, OTRA VEZ LOS CUERPOS DE PAZ!

EL GRITO DE MUNCH


POR ARMANDO OROZCO TOVAR

De pronto, en los comienzos de los años sesenta, las ciudades y campos colombianas se llenaron de jóvenes gringos. Presencia que ha sido registrada en obras literarias como, "Que viva la música ", del escritor caleño Andrés Caicedo: ""¿Ah no? Pero yo conozco a la gente que no le gusta ver tanto gringo, ¿sabe? ¿Muchos hongos?"".

En Bogotá los comenzamos a ver en las calles, plazas, parques y avenidas. Ocupaban los cafés, los bares y las cafeterías, que apenas empezaban a aparecer para que las chicas y chicos pudieran tomarse tranquilos un refresco.

Los inocentes angelitos rubios traían envuelto en empaques de celofán el acido de colores, que generosamente ofrecían para enloquecer a nuestros jóvenes sobre todo a los artistas, los que se atrevieran a probarlo para buscar nuevas sensaciones: era el LCD, que ponía a los que lo consumían a oír y ver la hierba crecer: a hablar como loros a los árboles y como personas a las piedras, también a percibir el rocío de la matinal llovizna otoñal como si fueran una infinidad de goticas psicodélicas de un arco iris desintegrado.

 

De modo que los Cuerpos de Paz se diseminaron por todo el territorio nacional como las diminutas partículas de la alucinante y feérica sustancia y cuando se les preguntaba: "¿Qué venían a hacer aquí?", ellos respondían haciéndose los pendejos con su trabada lengua indescifrable: "Venir aquí a buscar Dios". Pero en el fondo sabíamos se trataba de la busca afanosa de la Colombia Gold, que por causa del privilegiado clima tropical se daba silvestre: la mejor del mundo. Sobre todo en la Sierra indígena Nevada de Santa Marta.

De ese "oro verde", ya tenía noticias la soldadesca yanqui en Vietnam, sin la que no hubieran podido ser vencidos "heroicamente", (como hoy ocurre con las mismas tropas enloquecidas en Irak o Afganistán) trabados hasta la saciedad para no darse cuenta de cómo les caían encima por montones las victoriosas tropas del tío Ho Chi Minh. Fue entonces cuando por la fama de tanta "heroica" traba ", la vinieron a buscar aquí al traspatio imperial esos jóvenes disfrazados de pacificadores.

Panda Filandro, un joven y promisorio escritor cartagenero, residente en la capital, se enamoró de Pamela, la gringuita más hermosa de la cochada alucinógena en busca de la divinidad dorada y de la variedad de hongos como los hay por aquí y de otras delicias con sabor salvaje con la que nos dotaron los pervertidos dioses terrenales en esta naturaleza exuberante. Como es de presumir al futuro Nobel, a su regreso de los Llanos Orientales a la ciudad, donde se había ido con la bella mona "a buscar a Dios", lo dejó votado en la autopista norte cuando se trepó de un salto a una tracto-mula, que cruzaba raudo por el lugar y que no era conducida propiamente por Elvis Presley.

esde entonces el pichón de Gabo no volvió a poner los pies sobre la tierra, convirtiéndose en un verdadero funámbulo urbano al cual nadie ha visto en cuarenta años almorzar. Igual a lo que le sucedió al artista ya fallecido, cineasta y actor Roberto Álvarez, muchachón de contextura hemingwayana, que quedó varado para siempre en la telaraña alucinante del acido multicolor, vagando sin remedio por las tuguriales nebulosas bogotanas, dándole trompadas a un contendor invisible.

Las "monjitas de la caridad", que supuestamente parecían los llamados Cuerpos de Paz, construían escuelitas con la tutoría del Ministerio de Educación nacional, pero iniciaban como tontos sin darse cuenta el mercado mundial de la droga, que después por tan buena oferta y demanda, nos convertiría en la potencia mundial del crimen y la corrupción. Potencia que puso por esos años a pensar a la oligarquía (unión del capital agrario con el financiero en Colombia) en la posible creación "fundacional de una nueva nación narco paramilitar", la que han intentado levantar macabramente por todos los medio como proyecto que aún subsiste.

Hoy se ha dicho que regresan los Cuerpos de Paz al país, conjuntamente con la decisión uribista de montar siete bases militares en el territorio colombiano contra la unidad de nuestros pueblos: UNASUR. Proyecto soñado por Bolívar y que hoy después de doscientos de independencia se intenta realizar por los países latinoamericanos. Los jóvenes "cuáqueros "regresarán sin duda próximamente al país a terminar su misión imperial, comenzada hace cincuenta años con la Alianza para el Progreso, por un Kennedy blanco. Empresa nacida como respuesta a las revolucionarias reformas sociales de Cuba y que hoy volverán enviados por un "Kennedy negro" pero de alma blanca, más que la de los "peregrinos" del Mayflower. Aquel barco inglés, que arribó a las costas norteamericanas en 1620, y a los cuales los indígenas les brindaron apoyo para que pudieran sobrevivir, siendo quemados, quince años después, quinientos de ellos adentro de sus empalizadas mientras dormían por un grupo armado de puritanos de la nueva Inglaterra al mando del capitán John Mason, como pago por tanta solidaridad indígena.

Seguramente el ácido LCD de ahora, que nos traerán los de paz, pondrán a los actuales consumidores a ver no sólo el regreso de la nave inglesa colonizadora, sino a las tropas españolas de Pablo Morillo entrando pacificadoras por el Caribe para celebrar con nosotros no el grito de independencia de 1810, sino el grito de Munch en nuestra garganta.

armandorozco2009@hotmail.com


Enero 10 de 2009.