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CHILE: ELECCIONES Y LECCIONES DESPUÉS DEL BALLOTAJE |
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Chile es un país en ascuas. Un país adormecido, consumido y dolido. Más allá de las elecciones municipales y presidenciales, Chile está acostumbrado a no ser consultado respecto de su destino. Una sociedad donde el "nosotros" fue reemplazado por un mercantilismo avasallador, cuyas transacciones se hicieron de la mano de los Chicago Boys, y de los sectores más nacionalistas que abogaron por un Estado corporativista que puso en practica el primer régimen neoliberal del mundo, convirtió a este país en el Laboratorio experimental de Latinoamérica y transformó a la sociedad chilena en un símbolo del "buen vivir" occidental. El liberalismo implantado por la dictadura ofreció estabilidad económica, años de crecimiento y desarrollo, pero ensanchó las barreras de la desigualdad, de la injusticia social y sumió en la desesperación y el endeudamiento a un sector importante de la población. Chile país de morosos, de hedonistas, y de gente honrada y trabajadora . |
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En Chile como en Nueva York los pobres suelen ser productivos para las empresas privadas que lucran con el sufrimiento ajeno, que venden sueños de una vida a la americana y luego les cobran un parte de Dicom (préstamo de entidades privadas). En Chile como en Marruecos la sociedad se ha vuelta vieja, los jóvenes no votan, no existen leyes que los protejan, el mercado laboral se encuentra colapsado y cada ves son más los jóvenes que emigran hacia tierras lejanas en busca de un porvenir mejor. "Los pobres no saben de política". Se trabaja la política en base a supuestos. ¿Qué saben los tecnócratas, de los brazos caídos, de las almas cercadas , de las cuentas impagas, de esas emprendedores que hacen de Chile el país más productivo de América Latina? Ya decía Jean Paúl Marat: "¿De qué sirve la libertad política para los que no tienen pan? Sólo tiene valor para los teóricos y los políticos ambiciosos." El pasado 13 de diciembre Chile vivió un momento histórico
en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. La radiografía
de un pueblo saturado de la excluyente "política de los
consensos" reveló que el padrón electoral sufre una
grave crisis de legitimidad, los mayores de cuarenta años son
el universo votante, mientras que los jóvenes y los sectores
más bajos decidieron no participar de la elección presidencial. Existen algunos que aún creen en la izquierda, el socialismo o el progresismo y que votarán en segunda vuelta por el mal menor, por la renovación de las cúpulas políticas, porque Chile no debiese aceptar que un empresario multimillonario gobierne durante los próximos cuatro años de la mano del Opus Dei, de Longueira, de los Novoa, de la UDI. El país no debiera aceptar que los sectores más corporativistas de la derecha chilena sigan profundizando las leyes neoliberales que la Concertación no aprobó durante su administración. El país no necesita a un presidente que siga creyendo que la base del progreso es el crecimiento económico en desmedro de quienes no han tocado parte en la modernización, no, el candidato del poder económico y de los medios de comunicación no puede gobernar mientras siga desconociendo la memoria histórica del pueblo, mientras no entienda que mirar hacia atrás no implica retroceso, sino un impulso para hacer las cosas de una forma más correcta y con valores que resguarden la democracia y la libertad de expresión. La propiedad de los medios de comunicación ha afectado a la opinión pública y ha desintegrado el discurso político, remitiéndolo sólo a quienes tienen más apariciones en los diarios y la televisión, lo cual terminó por confinar las propuestas sociales a segundo plano, sobre todo en lo que respecta a las propuestas de la Concertación. Es de esperar que los resultados del domingo 17 de enero sean una lección tanto para las fuerzas de izquierda como para las de derecha. La ciudadanía espera que en este proceso electoral se discuta y se desarrolle un proyecto de país inclusivo y participativo que revierta la crisis de representatividad que sufre la política y sus instituciones. También se espera que esta lucha por conquistar el 20 por ciento del electorado indeciso, no se convierta en la tónica de la próxima campaña y sea una lección para ambas coaliciones.
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