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1 DE ENERO DE 2010 OTRO ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN |
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Lo oímos sin desmayar durante varias horas y su voz delicada pero recia, era como si viniera del mar y fuera otra vez hacia él: Ese otro mar de su naturaleza, que ha puesto durante todos estos años a temblar al capitalismo salvaje y a sus tiranos, y lo que es más importante a caminar ahora con pie firme, con su pensamiento y ejemplo, a Latinoamérica, por los senderos del Alba y de la Revolución Bolivariana. Fidel hablaba y su voz era un canto a la paz con dignidad y a la necesidad de crear un mundo diferente, el cual indudablemente ha levantado en cinco décadas con muchas dificultades, por encima de las graves agresiones provocadas desde el imperio. Recordemos la invasión a Playa Girón en 1961, donde el imperialismo yanqui sufrió su primera derrota. Las batallas, que se han dado al interior del país en contra de la corrupción y el veneno de la droga con su amenazante producción y mercado universal. También contra todo tipo de injusticias, como son la falta de salud, educación, vivienda, trabajo y contra el hambre, a pesar del infame bloqueo impuesto, como no lo ha sufrido nunca ninguna civilización. Y sobre todo por la defensa de los Derechos Humanos y la búsqueda sin tregua de la dignidad humana. Estuve en esa Plaza, situada en el corazón de la ciudad de La Habana, que es una urbe como la descrita por Cyrano de Bergerac en los Estados e imperios de la luna y los Estados e imperios del sol, hechos con ruedas y velas para ser desplazados por el viento. En este caso el viento invencible de la revolución. De ahí su arquitectura y esplendor de ciudad caribeña, que sobre toda clase de huracanes se mantiene erguida, amable y buena, con una dignidad capaz de recibir a los todos los habitantes del planeta, sin distingos de razas o ideologías, sin inmutarse, ni perder su equilibrio y tolerancia revolucionaria, como fue el caso de aquel concierto del año pasado, realizado por un artista colombiano en busca del cercano Nobel, (Que risa, se lo dieron a su compadre Obama), que cantó acompañado por otros de igual fama mediática, en la plaza revolucionaria, dizque por una paz en abstracto sin tener mínimamente en cuenta al hambre de los ventidos millones de pobres de Colombia, a los cientos de miles, cada día de desplazados de sus fértiles tierras por las empresas multinacionales, que agresivas arriban en busca de importantes recursos naturales, como son el petróleo, agua y tantas otras riquezas importantes de nuestras selvas. Tampoco se refirió a las masacres paramilitares. "El de la camisa negra", no clamó tampoco aquella vez por los miles de desaparecidos y asesinados y contra los llamados "falsos positivos" del gobierno uribista, como se los quieren imponer, según las últimas denuncias del presidente Chávez, a Venezuela. Tampoco se refirió ni con media palabra de sus canciones, a la situación de los millones de seres, que por culpa del modelo neoliberal capitalista, se arrastran peor que gusanos sobre el depauperado y saqueado planeta Tierra. La ciudad de La Habana con su Plaza, siempre superó a Theleme, la abadía creada por Rebeláis y regida por el lema: "Haz lo que quieras". Y la ciudad de Amauroto de Tomás Moro en su Utopía, pero es que en su Plaza, no una vez, como cuando yo estuve, sino innumerables veces se ha llenado. Recuerdo cuando el comandante de la Sierra Maestra, leyó la Segunda Declaración de La Habana en un espectáculo sin precedentes, "digno de los antiguos griegos", como dijo un uruguayo presente, al abogado, Armandito Cuervo, que se hallaba allí. También cuando el fascismo acabó por bastante rato con la democracia en Chile, asesinando en el Palacio de la Moneda al presidente Salvador Allende. ¡Ah!, y cuando el triunfo vietnamita contra el invasor yanqui en ese Primero de mayo del 75. En ésta, Plaza José Martí, se vivió igualmente en un día de octubre del 67, la amargura de la muerte del Che, asesinado por la CIA en Bolivia, con un discurso adolorido de Fidel, y el poema de Nicolás Guillén: "Che, comandante, amigo.", leído por su autor. La Habana es también la Ínsula Barataria de Cervantes, la Ciudad del Sol de Campanela, basada en siete círculos concéntricos, una ciudad pensada como "un retrato de la memoria.", la cual alude a la estructura científica del universo. En la Plaza de la Revolución, la Revolución Cubana seguirá siendo eterna y cuando ya no estemos para escuchar y aplaudir en ella los planteamientos, reflexiones y discursos de sus dirigentes como son los de Fidel y Raúl y otros, en defensa de las conquistas sociales, sus transitorios fracasos, estará la voz de la Revolución, por encima de todas las adversidades, siempre resonando vibrante en el viento de América, por una paz sin eufemismos, la defensa ecológica del planeta y sobre todo por la dignidad humana.
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