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NO ES SÓLO UNA CUESTIÓN DE GÉNERO BRASIL: TRES MUJERES EN VÍA DEL PODER |
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El inédito escenario es un campo de experimentación para elementos emblemáticos de género, como el estímulo a una mayor participación femenina en la política o el compromiso de una agenda que garantice los derechos de las mujeres. Todavía no son candidatas oficiales, pero sus partidos ya las lanzaron al ruedo político y las encuestas las incluyen con importantes intenciones de voto. |
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La tercera, y de la que más se duda la confirmación de su candidatura, es Heloísa Helena Lima de Moraes Carvalho, del Partido Socialismo y Libertad, una escisión del PT. Ella finalmente podría optar por postularse nuevamente como senadora. En Brasil son simplemente Dilma, Marina y Heloísa Helena, porque así se las conoce y se las menciona habitualmente. Son tres mujeres "competitivas" en el panorama previo a las
elecciones de octubre de 2010, dijo la socióloga Fátima
Pacheco Jordão, directora de Data, el Núcleo de Estudios
de TV Cultura, entre otros cargos. Las tres tienen entre cinco y 20 por ciento de intención de voto, aunque todavía lejos del 40 por ciento del favorito en las encuestas, José Serra, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña. Hay una masa inédita de electores predispuestos a votar mujeres", resaltó la analista, y lo confirman diversos sondeos de opinión. Una encuesta realizada en febrero por la encuestadora Ibope y otras instituciones mostró que nueve de cada 10 brasileños votaría por una mujer y 83 por ciento considera que la presencia de mujeres en el poder mejora la actividad política. "No hay impedimento o rechazo a la elección de una mujer como presidenta de la República", dijo Ricardo Guedes, responsable de Sensus. Una encuesta realizada por ese instituto de opinión pública en 2007 sobre diferentes prejuicios sociales, dio la primera señal en esa dirección, cuando 57,4 por ciento de entrevistados dijeron que votarían a una mujer para presidenta y 29,3 por ciento que lo harían "dependiendo de la persona". Es un panorama novedoso, según Jordão, en que resulta inevitable que emerja la cuestión de género según avance la campaña electoral y pasen a usarse, por ejemplo, referencias, maneras o imágenes vinculadas al género. Dilma, actualmente jefa de la Casa Civil de la Presidencia -una especie
de primera ministra-- ya dio señales en ese sentido, recordó
Jordão, que citó su reciente defensa ante las críticas
sobre su permanente presencia en la inauguración de obras públicas. ¿Por qué no mostrar una obra, de una hidroeléctrica por ejemplo, también terminada? se preguntó, antes de considerar que las críticas existían por ser una mujer quien lo hace. Para Jordão ésta es una referencia simbólica de género, porque evoca la imagen tradicional de la mujer "escondida" en la cocina, y se pregunta "por qué los hombres sí pueden y las mujeres no". La cientista política Patricia Rangel consideró que la diversidad de candidaturas femeninas es "extremadamente positiva" por lo simbólico y por la posibilidad que una presidenta representaría en cuanto a derechos y garantías para las mujeres. En el plano simbólico mencionó que una candidata presidencial "representa un cambio de paradigma político y contribuye al proceso de reconocimiento del sujeto político mujer". Según Rangel, del Centro Feminista de Estudios y Asesoría (Cfemea), la "sociedad patriarcal reproduce la idea de que política es cosa de hombres", y las candidaturas femeninas son positivas en la medida en que "cuestionan los estereotipos y funciones asignadas a las mujeres". Brasil fue uno de los primeros países latinoamericanos en conceder a las mujeres el derecho al voto, pero tiene uno de los peores niveles de representación femenina en cargos públicos, según datos de la Unión Interparlamentaria Mundial. En febrero de 2009, en promedio las legisladoras representaban algo menos de 20 por ciento de los parlamentos del mundo. En Brasil, en cambio, la proporción era de nueve por ciento en la Cámara de Diputados y 12,3 por ciento en el Senado. Eso ubica a este país de más de 190 millones de habitantes
en el puesto 106 del ranking mundial. Para Rangel, varios factores favorecen la poca participación, como dar prevalencia al papel de madre y esposa sobre el activismo político, las provocaciones que soporta la mujer en el ejercicio político, o las exageradas exigencias respecto de los varones. "Las mujeres tienen que mostrarse más capaces que los hombres para ser aceptadas y si llegan a altos cargos se les exige mucho más", reflexionó.
En política, las mujeres pueden perder autoridad si adoptan
patrones "femeninos", y se arriesgan a la desaprobación
social si se pliegan a los esquemas "masculinos", sintetizó
Rangel. "¿Quién no oyó decir que Dilma no tiene dulzura
o que Marina es fea y seria, como si esos fueran criterios relevantes
para la carrera política?", se preguntó. Por ejemplo, al referirse a Dilma, argumentó que "el gran problema de una mujer combativa es no parecer histérica" prueba que ella vencería "con total seguridad". Dilma es calificada por los medios como "la dama de hierro brasileña" por la firmeza de su carácter, fue militante guerrillera, estuvo presa y fue torturada. Más recientemente, enfrentó un cáncer sin abandonar sus tareas. Coelho usó apelativos igualmente ofensivos para definir la feminidad de Heloísa Helena. "Su militancia esconde su identidad. Podría ser atrayente si no se restringiese al cabello atado, los anteojos y la camiseta blanca". "Representa en realidad la misma dureza que Dilma encarna, en
una versión más burguesa", acotó Coelho sobre
Marina. Detalló que, al igual que su contrincante, "no es
deseable sexualmente", pero "sí verdadera en su cuerpo,
su rostro y su piel". Más sutiles, algunos lemas políticos populares comienzan
a definir a Marina como la "flor del Amazonas", su región
de origen, donde comenzó la lucha ambiental junto al asesinado
líder ecologista Chico Mendes. La propia Dilma ironizó con humor sobre esos estereotipos, al
explicar que su fama de "dura" y "gruñona"
se debe a que está rodeada en el gobierno por "hombres dulces"
que "no asumen posiciones". Jordão explicó que incidieron factores más pragmáticos, como la capacidad de Dilma de dar continuidad a la obra de un gobierno altamente valorado, al ser la mano derecha de Lula. Rangel destacó que Marina y Dilma, por su labor en el gabinete, escaparon al tradicional nicho de las políticas en los gobiernos brasileños, que las vincula a lo doméstico y al cuidado, al asignarles áreas como educación o asistencia social. En Dilma prevalece también el que Lula la perciba y muestre como una "ejecutiva", opinó Guedes. Acerca de que las encuestas la sitúen al "límite del rechazo" del electorado, el experto lo atribuyó sobre todo a su falta de "empatía política" y de "carisma".
En cualquier caso, las candidaturas femeninas abren el espacio para abordar en la campaña temas de la agenda de género, como trabajo y jubilación, licencia por maternidad y paternidad, estabilidad, erradicación de la violencia o salud reproductiva. Está por verse si las candidatas "usan y abusan" de esta agenda. Para Rangel hasta ahora no hubo un discurso de género claro, e incluso figuras como Marina, contraria al aborto por razones religiosas, "prefieren evitar estos temas". Noviembre de 2009. |
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