Esas tres brillantes ideas se podrían comparar con las tres
patas de una mesa cuadrada. Para sostenerse en pie le falta la cuarta
pata, que corresponde a la credibilidad necesaria de un candidato. Lacalle
es un candidato poco creíble, con un amplio rechazo de la población,
con una imagen de estancamiento de aristocracia decadente que llevó
al país a la deriva, sin el respeto internacional que necesita
el presidente de cualquier país, pero mucho más de un
país pequeño geográficamente pero grande por su
historia y su cultura.
Para la mayoría de los uruguayos y uruguayas de cualquier partido,
es poco creíble, que un candidato que propuso entregar las empresas
uruguayas a extranjeros, e intentó por todos los medios la privatización
generalizada, pueda representar la bandera del país.
Para buena parte de los uruguayos y uruguayas, es poco creíble,
que un candidato que casi destruye su partido por no dialogar, por no
ceder, por no ser tolerante, de un día para otro pueda representar
la tolerancia y presentarse como un presidente capaz de dialogar.
Para los uruguayos y las uruguayas que conocen la historia republicana
del país, es poco creíble que quien reivindicaba la necesidad
de mayoría parlamentaria para que el Ejecutivo pudiese llevar
adelante su programa de gobierno, con "gobernabilidad", ahora
defienda lo contrario si no tuviese un interés personal atrás.
Los tres argumentos sobre los cuales se basa la estrategia de Lacalle
para la segunda vuelta son fácilmente desmontables por su alto
grado de falacia y la poca credibilidad del candidato a nivel nacional
e internacional.
Para buena parte de los uruguayos y uruguayas, Lacalle es una persona
de cuidar, de desconfiar. Por eso, sus asesores buscaron presentarlo
para la primera vuelta como más cercano a la gente. La publicidad
en la que aparece con su nieto bebé, por ejemplo, intentó
mostrarlo como alguien vinculado a su familia, humano. Mientras que
ponerle saco sport con camisa, sin corbata y sin traje, en el último
tramo de la campaña buscó sacarle la imagen de conservador,
de aristócrata decadente, y mostrarlo como un político
liberal-progresista capaz de despojarse del corsé, de cambiar.
La utilización de cierto lenguaje popular para referirse al tema
de seguridad enfatizando al hablar en la palabra "chorros"
buscó hacerlo más popular, conocedor de cómo tratar
con los sectores delincuenciales con autoridad. La autoridad que no
tuvo cuando se dio la huelga policial durante su gobierno, o cuando
fue secuestrado el químico y agente chileno Berríos.
En el ámbito internacional, cuando uno habla con mandatarios,
parlamentarios o diplomáticos latinoamericanos y europeos de
diversos partidos, estadounidenses del partido demócrata y representantes
de diversos organismos internacionales percibe claramente que ven a
Lacalle como un resquicio de gobiernos neoliberales desprestigiados,
inestables, con inseguridad jurídica y capaces de llevar a sus
países a enfrentamientos internos como Carlos Menem, Collor de
Melo o Alberto Fujimori.
LOS MEDIOS Y EL FRENTE AMPLIO
Lacalle es un mal candidato, tiene todo para ser un mal Presidente
y es un "producto" muy difícil de vender para cualquier
marketinero.
Sin embargo, el triunfalismo puede ser fatal para el Frente Amplio.
El inicio de campaña para la segunda vuelta del Partido Blanco
mostró un trabajo mucho más profesional que el del FA,
y más entusiasmo que en la primera vuelta. Pero además,
los grandes medios de comunicación también están
jugando su papel volcados totalmente a favor de Lacalle. A eso hay que
sumar ciertas ingenuidades o errores comunicacionales en la campaña
de Mujica y Astori.
Por un lado hay una especie de corriente de todos los medios de comunicación
de mostrar a Lacalle como un hombre responsable, aplomado, ecuánime.
Eso se refleja en la forma de encarar las entrevistas y coberturas los
reporteros, en la elección de los entrevistados, en el tiempo
dedicado, en la ubicación de los entrevistados que apoyan al
candidato neoliberal siempre después de los que apoyan a Mujica
para mantener la última palabra, y en los comentarios de algunos
reporteros. El discurso de un presidente equilibrado que propone el
Partido Blanco ya ha sido asumido por los canales de televisión
y varios periodistas que se sumaron a la campaña de apoyo a Lacalle,
pero manteniendo una imagen de independientes. Los canales son tan poco
independientes que llegan al colmo de presentar un personaje que desde
hace mucho tiempo está vinculado a Lacalle, como recién
salido del FA para apoyar al candidato derechista.
Lamentablemente, el Frente Amplio comete reiteradamente la ingenuidad
de mostrar las cartas antes de jugar o de aceptar reglas de juego impuestas.
De eso se aprovechan los medios de comunicación que trabajan
para la fórmula neoliberal y los propios candidatos derechistas.
Los días previos a la primera vuelta, cuando eran entrevistados
los presidenciables, siempre iban primero los frenteamplistas y luego
los blancos, dejando la imagen de la última palabra a éstos,
así fuesen programas grabados. Algo similar ocurre ahora con
las entrevistas a legisladores o representantes del FA. También
hay debates que se presenta un representante frentista contra dos blanquicolorados.
Desde ahora en adelante Mujica no debería aceptar ninguna entrevista
en la cual aparezca primero que Lacalle en el mismo canal. Lo mismo
deben hacer los representantes frentistas. Tienen que imponer el hecho
de ser los más votados. Los representantes del FA tampoco pueden
ir a debates en los que están en minoría. Y además
deben prepararse mejor para no estar a la defensiva, es fundamental
siempre estar a la ofensiva. En política estar a la defensiva
cuando se va ganando es perder. Mucho más en una campaña
electoral.
LA TELENOVELA DEL DEBATE
Cuando las elecciones internas, el Frente Amplio cometió el
error de salir a los medios desorganizadamente antes que el directorio
del Partido Blanco. Ese mismo error ampliado se produjo el 25 de octubre
cuando se hizo una conferencia de prensa antes de agradecer a la gente
que esperaba fuera del hotel Columbia, creando una imagen de derrota
amplificada por los medios de comunicación. Además se
habló previo a los otros candidatos y a que existiesen datos
más fidedignos sobre la elección, algo que cualquier campañista
mínimamente profesional hubiese aconsejado no hacer.
Cualquier manual primario hubiese aconsejado salir primero a la gente
a posicionar el discurso de que el FA es la primera fuerza política
del país, que los datos señalaban una clara tendencia
a la mayoría parlamentaria y fortalecer el ánimo de lucha,
de esperanza, de alegría, sin hacer ninguna rueda de prensa.
Remarcar el compromiso histórico de la fórmula presidencial
con la historia del país, reivindicando desde Artigas a Batlle
y Ordoñez y Saravia.
El hecho de salir solo con la bandera uruguaya fue una copia de algo
que ya había utilizado Jorge Batlle, un tipo de recurso que sirve
una vez y en un contexto determinado. Era necesario remarcar la utilización
de la bandera uruguaya junto a la de Otorgués. Lo que finalmente
se hizo. La participación del maestro de ceremonias, como en
el acto final, mostró también una desvinculación
de la gente, un alejamiento del discurso de la gente, de las consignas
de la gente.
José Mujica introdujo en la política la transparencia,
la sinceridad, la ponderación, la tolerancia y la honradez reflejada
en su vida. Por eso ha sido creíble. Sin embargo, la pobre campaña
electoral no ha sabido resaltar esas virtudes. Luis Alberto Lacalle
introdujo en la política la duda, la inseguridad, la arrogancia
y la decadencia cultural. Por eso es poco creíble. Sin embargo,
su campaña busca trasladar las virtudes de Mujica hacia él,
y los medios ayudan. También ayudan a transformar un posible
debate en una telenovela que dé algunos réditos a Lacalle.
El debate de fórmula es una opción que se cae sola. En
una campaña electoral o se acepta o no se acepta un debate, pero
no se inventa una opción intermedia porque finalmente se puede
volver contra. Mujica no debía aceptar ni solo ni con la fórmula
un debate, por múltiples razones. Pero la fundamental es que
en ningún debate televisivo se puede profundizar sobre los temas
que realmente le interesan al país, sobre los temas que hacen
a la gestión de un gobierno o de un proyecto de desarrollo. Por
el poco tiempo que duran, por la realidad mediática que se impone,
en los debates televisivos triunfa siempre la superficialidad, los candidatos
superficiales que saben repetir muletillas que queden en la memoria
de la gente. Entonces los debates se transforman en shows. Pero además,
un candidato creíble y popular como José Mujica nunca
debe debatir con un candidato poco creíble como Luis Alberto
Lacalle, nunca debe prestarse para el show mediático, porque
además electoralmente no lo necesita.
Lacalle y Larrañaga necesitan un punto de quiebre para cambiar
el rumbo y por eso, luego de crear una telenovela sobre el debate, seguramente
aceptarán debatir con la fórmula. Si no lo hacen sería
un error electoral. No les queda otra posibilidad. No tienen nada que
perder. En caso de que acepten, el Frente Amplio debe imponer las reglas
de juego. Un debate sirve a la ciudadanía si se profundiza sobre
todos los temas. Para profundizar cada tema es necesario tratarlos con
el tiempo adecuado. Para tratar todos los temas, con el tiempo adecuado,
con la participación de las fórmulas, y dejando el show
a un lado, se necesitaría muchas horas que ningún Canal
de televisión estaría dispuesto a ceder.
SOBRE POPULARIDADES Y COMUNICACIÓN POLÍTICA
Luego de conocidos los resultados de la primera vuelta electoral, muchos
se preguntaron, porque el candidato frenteamplista tuvo el 48 por ciento
de los votos, cuando el gobierno tiene una popularidad mucho mayor.
En América Latina y el mundo hay muchos ejemplos de gobiernos
con popularidad que, sin embargo, los candidatos presidenciales de sus
partidos reciben menor votación. Incluso presidentes de gobiernos
con alta popularidad cuando van a la reelección tienen votación
inferior a su propia popularidad. Eso está más que estudiado
en ciencia política, y ocurre porque mucha gente puede considerar
a un gobierno como bueno pero no necesariamente lo considera suyo, no
necesariamente lo considera propio, y por lo tanto no votará
por él candidato del partido de ese gobierno, así sea
el propio presidente.
La popularidad de un presidente y de un gobierno, atraviesa distintas
variantes que la popularidad de un candidato presidencial, que además
debe enfrentar las vicisitudes de una campaña.
Si Tabaré Vázquez hubiese sido candidato a la presidencia
no hubiese tenido un porcentaje de votos similar al que dicen las encuestas
de popularidad.
Uno de tantos ejemplos es el de Ecuador donde el Presidente Rafael Correa
que tenía más del 70 por ciento de popularidad, en las
elecciones de abril pasado tuvo poco más del 50 por ciento de
los votos, veinte puntos menos, aunque igual se reeligió en primera
vuelta. Pasadas las elecciones, él y su gobierno siguieron con
una popularidad mayor al 70 por ciento. Algo similar ocurre en Brasil.
En diciembre de 2007 y enero de 2008, cuando dije que José Mujica
sería el futuro Presidente de Uruguay y muchos sonrieron, señalaba
que el grave problema del gobierno uruguayo era que no comunicaba o
no sabía comunicar sus logros. Eso no cambió durante año
y medio y recién en los últimos seis meses se intentó
empezar a mostrar los muchos logros. Es imposible mostrar los logros
de cuatro años y medio en seis meses.
Actualmente es necesario que los gobiernos tengan una comunicación
política adecuada desde el momento en que asumen. Las herramientas
de la comunicación y la ciencia política como parte de
un proyecto de cambio son fundamentales para que la gente pase de creer
que un gobierno es bueno a sentirlo como suyo, como propio. Pase de
consumir política a elaborar política, a participar. Así
los ciudadanos y ciudadanas dejan de ser espectadores y se transforman
en protagonistas. Ahí está el detalle, ahí está
la diferencia
En todo caso, a pesar de la mala campaña, de los medios, de la
comunicación, del dinero atrás de la campaña lacallista,
finalmente José Mujica será Presidente gracias al buen
gobierno frenteamplista, a sí mismo, a la fórmula presidencial
y, sobre todo, a la gente. La mayoría de los uruguayos y uruguayas
votó el 25 de octubre y votará el 29 de noviembre por
Mujica tal cual es, no por un Mujica inventado, y no votará por
Lacalle tal cual es ni por un Lacalle inventado.
www.kintto.obolog.com, Montevideo, 2 de noviembre de 2009
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