El senador es una de las voces más significativas de la política
colombiana. Sus posiciones presentan una virtud extraña en nuestro
tiempo: la coherencia. En un estamento legislativo que parece una vitrina,
en donde muchos senadores y representantes se ofertan al mejor postor,
o donde ya están vendidos de antemano, a narcotraficantes, paramilitares,
o a DMG, o al presidente, quienes andan con la dignidad acuestas no
la tienen fácil.
En Colombia la maldad y la corrupción sí pagan. Dan más
réditos, agencian más control de licoreras, loterías
o auxilios, y más pantalla y entrevistas con Claudia Gurisati
en RCN, o en cualquier otro programa de la farándupolítica.
Así que a las dificultades propias de la oposición política,
hay que añadirle las aún mayores de esa contravía
que es la honestidad senatorial, consigo mismo, con la institución,
y, sobre todo, con el país.
Jorge Robledo ha puesto la cara por el campo, en un país con
el musgo todavía fresco, en el que lo rural no importa o se desprecia.
Por la educación, por los derechos humanos, por las minorías,
en fin. Y es conocida su oposición a los TLC. Sus críticas
han sido un dolor de cabeza para el gobierno, empecinado en sacar adelante
esta arma de doble filo. A continuación, la entrevista sostenida
con el senador Robledo.
En materia económica, todos los indicadores andan de capa
caída. Y hay un contexto de crisis mundial. El gobierno colombiano
habla de que está blindado, de que se han tomado medidas eficaces,
y la oposición y otros sectores sostienen que eso no es así,
y que hay una dificultad creciente en una economía dependiente
y con problemas sociales estructurales y gravísimos. ¿Cómo
ve usted esta situación?
Todo indica que la crisis, que empezó en EE.UU. y que es mundial,
va a tener proporciones gravísimas. América Latina va
a sufrir, sin duda alguna, en todos sus países, y de acuerdo
con mis análisis, Colombia es uno de los países que más
va a padecer. Colombia depende mucho de sus ventas a los EE.UU., y una
parte grande de la exportación de materias primas está
cayendo. Y depende bastante de las exportaciones a Ecuador y Venezuela,
que son economías que seguramente van a resentirse. Hay un déficit
grande de la balanza de la cuenta corriente, tenemos déficit
fiscal, tasas de interés altas, tasas de inflación altas,
uno de los mayores desempleos del continente, luego, por donde lo miremos,
están prendidos todos los bombillos rojos del tablero que marca
la economía colombiana.
El presidente Bush fue un defensor de los tratado de libre comercio.
El nuevo gobierno de Barak Obama seguramente traerá nuevas prioridades
y otros vientos. El TLC con los Estados Unidos, que tanto ha buscado
el gobierno de Álvaro Uribe, ¿en qué está
ahora? ¿Ha muerto, o es una vaga idea que aún puede revivir?
La prensa en Washington dice que ese tratado ha muerto. Que si más
adelante viene uno con el gobierno de los EE.UU., tendría que
ser otro, con otro trámite. Ahora, la pregunta que habría
que hacerse es si el nuevo gobierno de Barak Obama va a promover la
idea de esos tratados de libre comercio o no. Tengamos en cuenta que
el impacto de la crisis económica en el libre comercio puede
ser importante, por lo menos formalmente. Son cada vez más los
estadounidenses que le adjudican a efectos del libre comercio su desempleo
y su pobreza, cosa en la que tienen razón. Así que temo
que ese tratado está definitivamente empantanado. Primero, por
las razones económicas que hemos hablado, y segundo, porque el
presidente Uribe nunca pudo explicarle a los demócratas norteamericanos
las muchas cosas que lo untan, o que lo vinculan, con los horrores del
paramilitarismo en Colombia, y de la violencia contra los sindicalistas.
Usted ha advertido que los tratados de libre comercio que el país
pretende firmar con Canadá y la Asociación Europea de
Libre Comercio (Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein) son copias
del TLC con los Estados Unidos. ¿Qué son, verdaderamente,
estos tratados?
Cucarachas del mismo calabazo, con respecto al de Estados Unidos, dirían
aquí con gracias nuestros compatriotas costeños. Es la
misma lógica del libre comercio, o sea, es ese mundo que quieren
organizar en función de las transnacionales y de los imperialismos,
en donde los pueblos, como el colombiano, los latinoamericanos, somos
la carne del cañón, en beneficio de minorías cada
vez más poderosas, de escala global, y de minorías vendidas,
entregadas, o regaladas en estos países a esos intereses extranjeros.
Son expresiones de eso. El gobierno ha tramitado esos dos tratados,
y está tramitando uno con la Unión Europea, que hay que
denunciar con especial fuerza, porque la Unión Europea suele
presentarse en América Latina como una cosa diferente al imperialismo
norteamericano, y cada vez se comprueba que no es así. Europa
ha acabado de romper la unidad que se creó alguna vez en la Comunidad
Andina. Y eso hay que denunciarlo, señalar que son cucarachas
del mismo calabazo, diseñadas en beneficio de los poderosos de
la tierra y para hambrear más a los pueblos del mundo, particularmente,
a los pueblos de América Latina, y, en este caso, al de Colombia.
El país está en un aprieto fuerte con el derrumbe
de las pirámides y la intervención de captadoras de dinero,
como DMG. ¿Cuánto puede llegar a afectar realmente este
tema la economía general del país?
No es fácil. Todavía no se conocen cifras precisas. Se
habla de dos y hasta tres billones de pesos, y de un millón de
colombianos afectados. Una cosa sí es segura: en ciertas regiones
del país el impacto ha sido inmenso, como en los departamentos
de Putumayo, Nariño, Cauca, etc., lo que contribuye con la complicación
de las cosas. Yo he dicho que este fraude de las pirámides va
a ser como la sal en la herida, que se le va a echar a la crisis económica
general. Recordemos que no sólo es el impacto de la crisis mundial
lo que está afectando a Colombia. La economía colombiana
empezó a caer fuertemente desde hace un año, antes de
que empezaran los efectos de la crisis económica mundial. Así
que tenemos tres cosas juntándose: una desaceleración
grande de la economía, ajena o por lo menos no determinada por
la crisis; la propia crisis mundial, y, además, el problema de
las pirámides. A mí no me sorprendería, entonces,
que 2009 y 2010 sean años muy difíciles para la economía
colombiana.
Colombia fue evaluada hace poco por el Consejo de Derechos Humanos
de la ONU. Hubo tres informes totalmente distintos, del gobierno, de
la comisionada de la ONU, y de las ONG. ¿Qué cambios,
para bien o para mal, han habido en Colombia en esta materia?
El gobierno nacional alega que las cosas han mejorado bastante. Sin
embargo, si uno se atiene a los informes de la Organización de
Estados Americanos, de Human Rights Watch, de las organizaciones de
derechos humanos en Colombia, de los propios escándalos, pues
tenemos que la situación sigue siendo extremadamente grave. En
Colombia, la vida se pierde con bastante facilidad. No es cierto que
el paramilitarismo haya desaparecido. La guerrilla sigue actuando con
fuerza en no pocas regiones del país. Hay horrores, como eso
que se ha llamado "el escándalo de los falsos positivos",
donde miembros del ejército, en número importante, contrataban
secuestros con organizaciones delincuenciales, para después asesinar
a jóvenes de los barrios populares y cobrar algún tipo
de recompensas por ellos. Así que la situación de los
derechos humanos en Colombia sigue siendo muy grave. El número
de sindicalistas muertos este año sigue siendo alto. Colombia
es el país del mundo con el peor record en muerte de sindicalistas.
Estamos bien lejos de tener un escenario que se parezca siquiera de
modo remoto a la normalidad.
El café, según el director de la Federación
Nacional de Cafeteros, Gabriel Silva, pasa por un buen momento. Usted,
que conoce de cerca el tema, ¿ve tan halagüeña la
realidad de los cafeteros?
En un debate reciente en el Senado, sobre seguridad alimentaria, señalé
cómo uno no encontraba cuáles podían ser las razones
del doctor Silva para el optimismo. Él dice que estamos en una
situación muy buena, pero los precios internacionales del café
han bajado 40 centavos de dólar en los últimos seis meses.
Una caída bárbara, de uno sesenta y algo a uno veinte.
Un indicador bien malo. Los precios internos están en 500 mil
pesos por carga, que en las condiciones de los costos colombianos es
bastante malo. Y hay disminución de la cosecha. Por eso creo
que no es cierto que las cosas estén bien. Más en un sector,
y esto se oculta de manera sistemática, en donde el 95% de los
cafetales son inferiores a 5 hectáreas. O sea, estructurado sobre
la base del minifundio, con toda la pobreza que va implícita
en tal situación. Entonces lo que tenemos son frases para la
propaganda y para halagar al gobierno, porque la Federación Nacional
de Cafeteros es una especie de extensión, de Ministerio del Café,
controlado por el jefe del estado. Son más bien asuntos publicitarios
y no que las cosas estén realmente bien.
El petróleo en Colombia no brota de ningún pozo ni
aparece por ningún lado. Se habla de ingresos por más
de 4000 millones de dólares, a raíz del alza reciente,
lo que equivale a unos ingresos 160% más altos que los del año
anterior. Pero los precios internacionales vuelven ahora en picada hacia
abajo, y las perspectivas parece que cambian. ¿Cómo está
el país en materia petrolera?
Ahí tenemos dos dificultades. Una, de corto plazo, que usted
menciona, de la caída de los precios internacionales. Colombia
no es un gran exportador de petróleo, pero exporta una suma para
nosotros significativa. La caída de los precios internacionales,
que, me temo, se va a estabilizar o va a aumentar en su descenso, nos
crea un problema. Pero lo más grave que vive la economía
petrolera colombiana es de orden estratégico. Colombia viene
perdiendo su autosuficiencia petrolera desde hace rato, las reservas
del país descienden hace bastante, y las medidas equivocadas
del gobierno no han podido corregir el fenómeno. Entonces, estamos
en una situación difícil, porque Colombia podría
terminar convirtiéndose en un país importador de petróleo,
perdiendo su autosuficiencia y, por supuesto, su capacidad para exportar.
¿Qué hay de la educación en Colombia? El gobierno
hace explícita su generosidad hacia el sector. La inversión,
no obstante, en realidad decrece. El cálculo es que, por cada
estudiante, ha bajado en un 40% sólo en los tiempos recientes.
Esa es una de las cosas más graves que sucede en Colombia, y
en la que es más evidente la naturaleza profundamente retardataria
y manipuladora del gobierno nacional. Las transferencias del Ministerio
de Educación Nacional a la educación superior hace casi
15 años que están congeladas en términos reales.
No aumenta el presupuesto hace tres lustros, y, sin embargo, este gobierno
ha presionado muchísimo para que aumente la cobertura, el número
de cupos, lo que han hecho los rectores bajo pena de sanción.
Eso ha conducido a las universidades públicas colombianas a una
crisis inmensa. La Universidad del Atlántico, por ejemplo, esta
en Ley de Quiebras. A la Universidad de Pamplona acaba de estallarle
un déficit de 50 mil millones de pesos. La Universidad de Tunja
está en graves problemas. La del Cauca, la de Caldas, en fin.
Se ha promovido una cosa horrible: aumentar la cobertura sin aumentar
los recursos, lo que ha generado la crisis. Además, desde antes
se generó un deterioro de la calidad de la educación,
que está documentado. Porque en estos años, para sobrevivir,
los rectores lo que han hecho es golpear el número de profesores
de tiempo completo, las inversiones en laboratorios y bibliotecas, en
calidad de la educación, en general. Entonces, estamos en la
peor de las políticas, unas universidades colapsando luego de
haber sufrido un deterioro inmenso en su calidad. Por supuesto, esto
poco le importa al presidente Uribe, porque él lo que muestra
son cifras de cobertura, con las cuales hace demagogia en sectores de
la opinión pública que no están al tanto de la
gravedad de lo que pasa.
¿Qué es lo que pasa al interior del Polo? Se critica
bastante su papel como fuerza opositora. Se debe a condescendencias,
a negociaciones por el poder, o es que es muy difícil hacerle
oposición a Uribe. ¿Cómo analiza usted lo que está
sucediendo?
El Polo es una organización con un origen que, por definición,
le hace complejos los procesos. Al menos, inicialmente. El Polo es la
suma de un número muy grande de sectores políticos nacionales
y regionales, que un día decidimos unirnos en torno a unos estatutos
y un programa de izquierda democrática. Ese origen genera tensiones.
Hay un proceso de acoplamiento y hay resistencias. De otro lado, nacemos
en un momento difícil de la vida nacional, con un presidente
con una enorme capacidad de manipulación. No es sorprendente,
pues, que se hagan discusiones que tienen que ver con cómo avanzar
mejor. Hay integrantes, particularmente, el ex alcalde de Bogotá,
el doctor Luis Eduardo Garzón, que han intentado llevar el Polo
hacia el centro, que dice él, y que yo llamo más bien
hacia la derecha. Incluso, dado que en la geometría el centro
está a la derecha de la izquierda. Eso ha generado un debate
grande dentro de la organización. Sin embargo, acabamos de hacer
elecciones internas, y hubo 670 mil participantes y 12 mil candidatos.
Pensamos que el congreso que vamos a hacer en febrero será muy
exitoso. Cada vez más comentaristas señalan que el Polo
tiene muchas posibilidades de ganar las elecciones de 2010. Hay que
agregar que nuestras contradicciones internas, que son naturales, las
exageran, las aumentan los medios de comunicación, en general,
controlados por la derecha del país. Así que vamos bien.
En especial, si escogemos como candidato a Carlos Gaviria, podemos terminar
ganando las elecciones en 2010. Además, es evidentemente el proceso
de descomposición del uribismo, de aguda crisis en ese sector.
La propia crisis económica que se ve venir, que es negativa,
tiene como aspecto positivo que las fuerzas de oposición vamos
a poder explicar con más razones nuestras verdades.
Toca usted un tema que creo que es necesario ahondar: la crisis
del uribismo. Las expresiones de inconformidad que se vienen dando en
el país, algunas ya las mencionado usted, de los trabajadores,
de los estudiantes, de los indígenas, y la apertura de ollas
mal tapadas, como las de la parapolítica y la yidispolítica,
o los descubrimientos de los "falsos positivos", ¿qué
expresan en relación con el uribismo? Con todo esto que se ve
en el país, ¿es que ya es muy difícil "sostener
el cañazo" de un gobierno tan bien fundamentado y correcto?
No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. La explicación
principal del éxito del presidente Uribe tiene que ver, primero,
con que lo coge un alza de la economía mundial, que en algo hizo
crecer la economía colombiana y algún empleo generó.
Pero, sobre todo, se relaciona con su inmensa capacidad para manipular.
Él es un maestro en el arte de impostar, de simular, de transmitir
ciertas cosas que son falsas. Eso es lo que yo digo que no puede durar
toda la vida. El hecho cierto es que en Colombia la gente se sigue muriendo
de hambre, está sin empleo, sigue careciendo de salud, techo,
educación. La corrupción apesta, la violencia no se resuelve.
Colombia sigue siendo un país que tiene todos sus problemas estructurales
vivos y coleando. Entonces, como es natural también, el pueblo
va abriendo los ojos, y, por supuesto, van generándose estrellones,
incluso duros, con el gobierno nacional, como las que usted menciona:
El paro de los jueces, las marchas de los indígenas, el paro
de los corteros de la caña de azúcar, las luchas estudiantiles
y de los profesores. Son expresiones de que el fraude de Álvaro
Uribe se hunde. Las contradicciones internas, en el propio uribismo,
también lo acosan de muchas maneras. Y lo que se está
reflejando y se indica es que avanza una tendencia de cambio, que los
días en que aquí se podía engañar impunemente
a los colombianos están terminando, y en ese sentido somos optimistas
con respecto a los avances del Polo Democrático Alternativo durante
los próximos meses.
Usted que siempre ha estado en la orilla opuesta, siendo sobre todo
muy crítico con temas de fondo, por su experiencia, su conocimiento,
¿qué es hacer una oposición fuerte en Colombia
en un gobierno como el actual, en unas circunstancias como las que el
país conoce?
Digamos que no es fácil. En general, yo diría que la oposición
en ninguna parte es fácil. En Colombia, probablemente, sea un
poco más difícil, por los niveles de violencia que se
padecen, porque tenemos un gobierno, como ya lo decía, diestro
en el arte de engañar, pero además tremendamente agresivo
y virulento, y desproporcionado en su formas, y eso por supuesto nos
crea dificultades. Una clase política como la colombiana, diestra
también en el arte de engañar, corrupta hasta el tuétano,
pero hábil a la hora de arriar electores a las urnas. En Colombia
la oposición nunca ha sido fácil. Pero también,
en contraste, tenemos un pueblo valeroso, inteligente, creativo y luchador
como el que más, y hemos logrado mantener una fuerza importante,
que prende una luz en medio de la oscuridad prevaleciente. Ese ha sido
un poco el papel que hemos jugado en el Polo Democrático Alternativo,
las centrales, los movimientos indígenas, las organizaciones
de derechos humanos, y estamos seguros de que vendrán tiempos
mejores y de que cada vez más colombianos abrirán los
ojos, y que para esos días el triunfo es seguro que será
nuestro.
En el ámbito internacional, las relaciones del gobierno colombiano
con los vecinos han sido bastante tensas en varias ocasiones. Sobre
todo, con Ecuador, y en varios momentos con Venezuela. Será que
las cosas ya se tranquilizaron
En alguna medida se han tranquilizado, cosa que me agrada. He sostenido
siempre que los gobiernos deben hacer esfuerzos porque las relaciones
entre sus países sean buenas, aunque ellos tengan muchas diferencias.
En la medida en que se apliquen los criterios del respeto mutuo, del
beneficio recíproco en los intercambios, de la no injerencia
de los unos en los asuntos internos de los otros, o sea, las normas
del Derecho Internacional, no tienen porque suceder los choques que
han sucedido entre tres países que están, entre comillas,
"condenados" a ser hermanos por los siglos de los siglos.
En algo han mejorado las cosas, sin embargo, todavía no se alivian
lo suficiente. Seguimos con las relaciones prácticamente rotas
con Ecuador. En el caso del Polo, insistiremos hasta el último
instante en hacer llamados a esos gobiernos, para que, repito, de acuerdo
con las normas del Derecho Internacional, y así existan todas
las diferencias políticas del mundo, se resuelvan las contradicciones.
Al final, cuando las relaciones se dañan, los que sufren no son
los gobiernos, sino los pueblos, particularmente, los pueblos fronterizos,
de uno y otro lado, y, en general, toda la economía y toda la
sociedad. Entonces, hagamos votos porque esto se resuelva cuanto antes.
Y en lo que tiene que ver con el presidente Uribe, insistirle en que
no es maltratando estos países como se va a desarrollar una buena
relación de vecindad.
El senador Jorge Robledo concluyó el diálogo con YVKE
insistiendo en una idea:
La crisis económica, empezó por los EE.UU. y que ya es
mundial, es una crisis con unas proporciones que pueden espantarnos
el día de mañana, por sus consecuencias sociales y económicas.
Soy muy pesimista con respecto al tsunami económico que viene
rodando por el mundo. Y estoy seguro de que los grandes imperios, empezando
por EE.UU., van a intentar trasladarle la crisis a los pueblos pobres
de la tierra, cosa con respecto a la cual debemos estar alertas y en
actitud de resistir. Hay que enfatizar que esta crisis es la prueba
reina del rotundo fracaso de las concesiones, de la globalización
neoliberal, del Fondo Monetario Internacional, de las órdenes
de Washington, de la Organización Mundial de Comercio, y que
ahora más que nunca se vuelve urgente construir teorías
y prácticas que conduzcan a un mundo interrelacionado, por supuesto,
pero no a un mundo de mulas y jinetes, como el que se plantea por cuenta
del libre comercio. O sea, que los tiempos son buenos para el avance
ideológico, y teórico, y práctico de las fuerzas
democráticas y progresistas del mundo entero.
YVKE Mundial, Diciembre de 2008.