AUSENCIA DE POLÍTICA DE TIERRAS DEL ESTADO COLOMBIANO

MINGA INDÍGENA: DEFENSA DE DIGNIDAD Y TERRITORIOS FRENTE A EXPLOTACIÓN DE AGROCOMBUSTIBLES



POR ALEJANDRO REYES POSADA

Uno de los puntos ciegos del gobierno del presidente Uribe es su política de tierras, o mejor, su ausencia de política de tierras, adecuadamente representada por su Ministro de Agricultura, que reparte subsidios a los ricos del campo para promover las grandes plantaciones, como si el campo colombiano fueran los trescientos grandes empresarios que reciben la gran tajada del presupuesto que debería beneficiar el desarrollo de los campesinos, los negros y los indígenas, que nos alimentan a todos con su duro trabajo a cambio de tan poco.

Tuvieron que ser los indígenas del Cauca, que llevan luchando cuatrocientos años por su territorio, quienes le recordaran al presidente que sus derechos a la dignidad y a la vida son obligaciones sagradas del Estado que Uribe representa. En Caloto se enfrentan como placas tectónicas los esfuerzos del pueblo indígena por recuperar sus espacios vitales frente a las desmedidas ambiciones de los grandes cañicultores que presionan la expansión de las haciendas para monopolizar todo el valle geográfico del río Cauca con el fin de explotar agrocombustibles y recibir el subsidio por la venta del etanol para la gasolina.

Los indígenas del Cauca son los custodios de los páramos y bosques que protegen el agua que irriga la caña del Valle y por eso protegen la tierra de la deforestación, sin recibir compensación alguna por el agua que cuidan para las haciendas. Ellos saben que no pueden desnudar a la madre tierra de sus árboles y musgos en las pendientes donde se refugian, porque la erosión inundaría el Valle con sus sedimentos, y por eso buscan recuperar las tierras planas que les arrebataron con masacres como la de El Nilo, cuando la expansión terrateniente del cartel de Cali durante su alianza con el gobierno de Gaviria. Monte arriba no tienen suficientes tierras planas para producir sus alimentos y por eso sus hijos se desnutren y enferman.

Los indígenas del Cauca pagaron muchos muertos para sacudirse de encima el dominio de grupos armados ilegales en sus territorios y por eso les ofende que ahora el Presidente les niegue el derecho de representarse a sí mismos y les falte al respeto al presentarlos ante el mundo como un pueblo manipulado por las guerrillas con fines terroristas. Uribe debería comprender que la seguridad democrática, que sirve para luchar contra los armados, es impotente cuando todo un pueblo se levanta en resistencia civil, porque la victoria de las fuerzas armadas solo puede lograrse al precio infinito de la masacre de ancianos, hombres, mujeres y niños indefensos.
La minga indígena marca el límite infranqueable de la capacidad militar y policiva del Estado y por eso el gobierno no tiene alternativa distinta a la de concertar seriamente y con respeto las garantías que piden los gobernadores indígenas para los territorios vitales que demandan.

Más le vale al gobierno recibir la notificación de las marchas del Cauca y disponerse a proteger los territorios colectivos de los negros del Pacífico, de los indígenas de la Sierra Nevada y del Perijá, de los Llanos Orientales y del Amazonas, antes que se levanten los restantes pueblos a bloquear las carreteras para exigir la protección de sus derechos, porque las armas oficiales serán inútiles frente a masas arrinconadas por el hambre dispuestas a reclamar lo que les pertenece.

El Presidente necesita un Ministro de Agricultura que administre los recursos del Estado en beneficio de los pobres del campo, que recupere la tierra despojada por las mafias a los campesinos, indígenas y negros desplazados, que estimule la pequeña producción agrícola que emplea la fuerza de trabajo familiar y que no trate la legítima protesta social como amenaza subversiva con frases de arrogancia irresponsable.

Uribe y Minagricultura falsean cifras

Tanto el presidente Uribe como el ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, que privilegian los intereses de los cañicultores en la explotación de agrocombustibles y se han mostrado además adversos a los justos reclamos de los indígenas, han propalado la versión por demás falsa, en el sentido de que éstos son grandes terratenientes de Colombia.

En efecto, según las cifras que han propalado públicamente, los indígenas que representan el 2.2 por ciento de la población del país, poseen el 27 por ciento del territorio nacional, porque el área de los resguardos llega a 31.2 millones de hectáreas. Y han agregado que los indígenas del Cauca, que representan el 26 por ciento de la población del departamento, poseen el 30 por ciento de su territorio.

Lo que han hecho Uribe y su ministro Arias es manipular las cifras, algo que se volvió costumbre en este gobierno. La verdad es que 24.7 millones de las hectáreas mencionadas están en la Orinoquia y la Amazonia, donde apenas habitan 70 mil indígenas y en las que además no son muy aptas para la producción agropecuaria También se oculta que del área restante, apenas 3.12 millones de hectáreas tienen buenas posibilidades productivas, pues el resto son desiertos, páramos y zonas de reserva forestal. Constituye una falacia comparar el número de indígenas y las tierras que poseen con todos los habitantes del país o del Cauca, pues es obvio que la comparación válida debe circunscribirse al área rural. Si así se hace, se puede colegir que las comunidades indígenas representan el 14.3 por ciento de los habitantes del campo y poseen el 6.7 por ciento de las tierras rurales del país y que en el Cauca son el 43 por ciento de quienes viven en el campo y tienen el 30 por ciento del área del departamento.

Noviembre de 2008.