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OBAMA, UN ALIVIO PARA EL MUNDO |
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Si bien el triunfo de Barack Obama no constituye un vuelco en el contrato social de los Estados Unidos ni tampoco que la política norteamericana en sus bases fundamentales vaya a tener mayores transformaciones, su llegada a la Casa Blanca, empero, es un alivio para el mundo porque pone fin a la desastrosa era Bush. La expectativa que ha suscitado Obama radica no solo en el hecho de que por primera vez un afrodescendiente llegue a la cúspide del poder norteamericano sino además porque su promesa de reordenar las prioridades gubernamentales y comprometer al poder público en la atención de las necesidades de la sociedad, por encima de los intereses del gran capital, genera esperanza tras la debacle del modelo neoliberal. |
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Al mismo tiempo, el nuevo mandatario del Partido Demócrata ha producido un cierto grado de confianza en la comunidad internacional porque desde la campaña logró deslindarse de las posturas belicistas del actual gobierno y ha señalado la necesidad de reconstruir las libertades individuales y los derechos civiles, devastados por el autoritarismo policial que desplegó Bush con todo furor mediante su controvertida y dictatorial "guerra contra el terrorismo". En el ámbito de las relaciones internacionales, el discurso de Obama, si bien no exento de la arrogancia hegemónica característica de Washington, ha puesto énfasis en la necesidad de privilegiar el diálogo por encima de las medidas de fuerza. Dentro de este contexto, no es aconsejable en el análisis abrigar expectativas de un cambio radical en el poder de Estados Unidos a consecuencia de la llegada de Obama a la Casa Blanca. Pero sería injusto desconocer las marcadas y positivas diferencias políticas y humanas entre el triunfador en los comicios del 4 de noviembre y George W. Bush, quien en ocho años ha llevado al poder norteamericano a sus peores simas morales, políticas y económicas. Se podría afirmar entonces que el gobierno de Obama será prudentemente reformista. En la coyuntura actual del sistema internacional éste es un avance indiscutible. Revertir los escenarios Los retos que aguardan al próximo presidente de Estados Unidos son de suyos grandes y comprometedores. En primer término, deberá pugnar por que se cumplan los tres ideales que, según John Maynard Keynes, debe satisfacer todo sistema económico: eficiencia, justicia social y libertad personal. En los últimos decenios, Estados Unidos se ha ido alejando inexorablemente de estos ideales. La crisis financiera es la muestra más clara de la profunda irracionalidad del capitalismo norteamericano. En el ámbito de la libertad personal, Obama deberá revertir la tendencia a la destrucción de las libertades individuales, comenzando por proscribir la aceptación de la tortura como una práctica "normal" en la "lucha contra el terrorismo". En el escenario de América Latina, Obama encontrará un continente dispuesto a distensionar las relaciones con Washington, pues se espera avances en este sentido dado que en su campaña prometió normalizar la relación con Cuba; su victoria en Florida, el control demócrata del Congreso y la influencia de algunos "latinoamericanistas" clave podrían generar el desmantelamiento parcial del embargo a la isla. Ni Venezuela ni Bolivia fueron objeto de una retórica hostil y se presagia un compás de espera para evitar un mayor deterioro de las relaciones con esos países. La sensibilidad del nuevo mandatario frente al tema de los derechos humanos se puede llegar a expresar para el caso de Colombia. Su interés en los temas migratorios medio ambiente, pobreza, energía y drogas ilícitas posibilitarían un espacio de diálogo con el área en el que estos temas, y no la sobredimensionada lucha contra el terrorismo y el impopular e inconveniente acuerdo de libre comercio hemisférico, conciten la atención de la región. En todo caso, no se vislumbran sorpresas: mejorar las relaciones que dejó deteriorar Bush parece suficiente, al menos en un inicio. En un mediano plazo, Washington buscará más a Brasil para que ayude a evitar más fragmentación y polarización en el hemisferio. Enterrar la doctrina Bush El mundo espera sí un viraje de 180 grados en cuanto a la política de policía que a nivel global impuso Bush y que fue secundada por personajes de triste y funesta recordación como el ex primer ministro Tony Blair de Gran Bretaña y el arrogante ex presidente español, José María Aznar. Los tres, coincidencialmente, por cierto, han salido del poder muy desprestigiados. Por eso se espera que Obama anuncie a comienzos del próximo año la retirada de las tropas norteamericanas de Irak y Afganistán, así como renuncie en forma categórica a la doctrina Bush de la guerra preventiva y a la doctrina Carter de la acción militar para controlar el petróleo de Medio Oriente. Además, debe tratar de reunirse con Medvediev, el líder ruso, para alcanzar acuerdos acerca del desmantelamiento de los arsenales nucleares, en cumplimiento del tratado internacional suscrito al respecto. Una derrota para Uribe El triunfo de Obama significa en cambio una derrota para el presidente
Uribe y su política de "seguridad democrática",
una versión a nivel parroquial de la desprestigiada y deslegitimada
doctrina Bush. Por eso el gobierno colombiano le apostó a la
victoria de McCain. |
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