| GOBIERNO
DE IZQUIERDA A PARTIR DEL MODELO NEOLIBERAL
EL PRIMER AÑO DE LULA: ENTRE LAS CRÍTICAS
Y LA LUNA DE MIEL |
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Unas son de
cal y otras son de arena. Así se podría analizar el primer
año del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en el Brasil.
Mientras algunos sectores afectos al Partido de los Trabajadores (PT)
o que apoyaron a este curtido dirigente sindical para llevarlo a Planalto
(la casa de gobierno) están desilusionados por los resultados económicos,
su popularidad sigue por las nubes y la población más deprimida
del principal país latinoamericano continúa confiando en
su discurso social.
Si bien este contraste es lo que se resalta de la gestión de Lula, las críticas tienen mucho peso argumental. Por ejemplo, el profesor de la Universidad de Sao Paulo, Emir Sader censura el hecho de que hasta ahora Brasil no ha logrado salir del modelo neoliberal y, por el contrario, la economía del país ha continuado por la senda de los dictados del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, cuando el desafío del Partido de los Trabajadores al llegar al poder era salir de ese esquema que ha terminado por devastar a todo el continente latinoamericano. |
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| Por eso Sader señala en forma contundente que "el primer año del gobierno Lula tiene que ser juzgado negativamente. La política económica heredada del gobierno anterior fue mantenida y profundizada, con la intensificación del ajuste fiscal, que congeló recursos para obtener superávits fiscales superiores a los solicitados por el Fondo Monetario Internacional, con el objetivo anunciado de disminuir la fragilidad externa de la economía. No obstante, las tasas de interés mantenidas elevadas aumentaron el endeudamiento, llevaron al gobierno a renovar los acuerdos con el FMI y así elevaron la fragilidad de la economía" Pero además de estas observaciones hay que contrastar también el realinderamiento de los apoyos a Lula de Silva. Por un lado está la visión optimista respecto de la labor que ha desarrollado el gobierno en sus primeros doce meses. Quienes ven que las cosas están marchando por buen camino argumentan que el Presidente heredó una situación calamitosa desde el punto de vista económico de la administración Cardoso, por lo que se hacía imprescindible realizar las reformas pensional y tributaria, de acuerdo a los parámetros recomendados por el Banco Mundial. Por el contrario, los que ven que Lula se ha "conservatizado" sostienen que ello es evidente por cuanto abandonó su discurso de ejecutar una política social y ha puesto en marcha reformas impopulares que han contribuido a fortalecer aún más el sistema financiero y, por ende, a profundizar el modelo neoliberal. Entre quienes critican al mandatario brasileño, a más de Emir Sader, sobresale el sociólogo Francisco de Oliveira, uno de los dirigentes más respetados de la izquierda y fundador junto con Lula del Partido de los Trabajadores y a quien se le invitó a que hiciera parte del gobierno, cosa que rechazó. Y entre los que apoyan resueltamente la gestión de Lula se encuentra Roberto Setúbal, uno de los principales banqueros del país, actualmente presidente del Grupo Itaú, complejo financiero privado que se destaca entre lo más importantes de Latinoamérica. En el pasado Setúbal era enemigo político declarado del PT y del propio Lula da Silva. Así está la balanza de las opiniones un año después de iniciado el primer gobierno que se podría catalogar de izquierda en Brasil: los banqueros contentos y los sectores afines a la ideología del PT perplejos y enojados.
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GOBERNAR EN MEDIO DE UN ESQUEMA
CAPITALISTA
Si bien Lula ha debido adoptar medidas de claro tinte neoliberal, ello no quiere decir que haya traicionado su ideario y a sus correligionarios del PT como ha ocurrido en Ecuador con el presidente Lucio Gutiérrez. El propio Lula da Silva ha reiterado hasta el cansancio en diversos escenarios públicos que su pueblo debe tener un poco de paciencia. "Yo no les puedo fallar. Cualquiera podría hacerlo, pero para mí está prohibido", ha manifestado, al tiempo que se ha comprometido a que sus promesas "llegarán más tarde que temprano". |
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Lo que ocurre, opinan analistas como
el chileno Paul Walder, es que se debe entender desde el punto de vista
geopolítico que el actual escenario está marcado por la
hegemonía norteamericana y es el neoliberalismo el modelo económico
predominante. Luchar contra esta realidad cuando aún no se ha encontrado
alternativa viable para superar el esquema de libre mercado, sería
una quijotada, más aún, equivaldría ha desviar bruscamente
al país en materia macroeconómica, cuando ya se ha comenzado
a encauzar.
Es evidente que en el caso del gobierno de Lula habrá cambios, por cuanto que en todos los términos el mandatario se ha mostrado crítico de las políticas neoliberales como el ALCA, "pero enmarcados en el actual modelo. En un mundo unipolar y globalizado los países pequeños y los no tan pequeños como Brasil, tienen limitada su soberanía para pensar y diseñar sus propias estrategias de desarrollo", explica Walder. Es decir a partir del propio modelo neoliberal, Lula está logrando estabilizar la economía para adentrarse a poner mayor énfasis en las políticas sociales y de esta manera hacer un Brasil más incluyente y equitativo. Tarea obviamente nada fácil, pero gracias a las reformas tributaria y pensional que ocasionaron revueltas y protestas populares se contuvo la inflación, evitó la desvalorización de la moneda y se recuperó el crédito internacional.
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ESTABILIDAD Y CRECIMIENTO
La estrategia ortodoxa y si se quiere conservadora que ha utilizado Lula en el manejo de la economía brasileña que tanto le critican sus opositores e inclusive sus mismos copartidarios, comienza a dar resultados. En efecto, luego del nulo crecimiento de la economía carioca en los dos últimos años, la firma de consultoría Global Invest con base en información suministrada por el Fondo Monetario Internacional pronostica que en el 2004 Brasil logrará un crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB: total de bienes y servicios producidos en un país o región) del orden del 4 por ciento, lo cual servirá de impulso para lograr la reactivación económica de toda Latinoamérica. Para la analista económica internacional Silvia Domit, este año será fructífero para Brasil porque "la industria del país se recuperará utilizando más la capacidad ociosa debido al aumento del consumo interno, y el sector recibirá nuevos inversionistas extranjeros". Según sus cálculos llegarán inversiones externas del orden de los 13 mil millones de dólares frente a 8.1 mil millones que se registraron en 2003. A mediano y corto plazo será el sector industrial el que lidere el crecimiento de la economía brasileña, con una tasa por encima del cuatro por ciento, sostiene el director del Centro de Economía Mundial de la Fundación Getulio Vargas, Carlos Langoni, aunque explica que la agricultura también tendrá un repunte similar lo que mejorará, obviamente, los niveles de ocupación y generación de empleo. Si bien la tendencia de Brasil es hacia la recuperación de su economía, como lo señala Langoni, hay otro factor que ha sido decisivo para comenzar a crecer y es la confianza política que ha generado el liderazgo de Lula, la cual se refleja en que continúa manteniendo un índice de popularidad del 65 por ciento.
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LIDERAZGO REGIONAL
Dentro de las fortalezas que se le reconocen al presidente Lula da Silva está, indiscutiblemente, el liderazgo que ha consolidado en el ámbito internacional gracias a sus posturas antineoliberales y sus roces con el gobierno estadounidense de George Bush. En su discurso de posesión, Lula expresó que su gobierno no sería ni amigo ni enemigo de Estados Unidos, sino simplemente un socio "con base en el interés recíproco y el respeto mutuo, porque primero es la gente". Y en esa dirección ha actuado, pues gracias a su política de fortalecer primero el bloque económico de los países que integran MERCOSUR para posteriormente entrar a negociar un tratado de libre comercio con Norteamérica, el gobierno de Bush se vio obligado de mala gana a aplazar el controvertido ALCA (Acuerdo de Libre Comercio de las Américas), hasta el 2008, cuando estaba previsto que entrara en vigencia en 2005. |
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Lula ha logrado moverse bien en los diversos
escenarios internacionales. Mantiene unas relaciones de mutuo respeto
y de independencia con Washington y ha hecho prevalecer su liderazgo frente
a América Latina. Ha fortalecido sus nexos con el líder
cubano Fidel Castro y con el presidente venezolano Hugo Chávez,
con quien ha sido solidario.
Su presencia en la región se ha hecho sentir, liderando en lo económico el MERCOSUR y comprometiendo a los países andinos a que integren un bloque latinoamericano. En el plano político propició la conformación de un grupo de países amigos de Venezuela para que Chávez lograra superar la crisis de gobernabilidad que debió afrontar durante el 2003. Igualmente ha ofrecido sus buenos oficios como mediador en el conflicto colombiano, brindando inclusive su territorio para que las FARC y el gobierno de Uribe concreten ahí una mesa de negociaciones con miras a buscar un acuerdo humanitario. Ese liderazgo internacional sumado a planes sociales de gran alcance como el programa "Hambre Cero" que en menos de un año de haberse puesto en marcha ya cubre a más de 1.5 millones de familias en 2.400 pequeñas ciudades del país, lo hicieron acreedor del Premio Príncipe de Asturias. De esta manera Lula ha comenzado a transitar su segundo
año de gobierno. Es consciente de que debe introducir cambios a
su país a partir del modelo neoliberal que tanto criticó
antes de asumir el poder, para ello cuenta con suficiente respaldo popular.
Su talante no ha cambiado en lo más mínimo, sigue manteniendo
su estilo franco y abierto, lo que le ha generado amplia simpatía
de su pueblo. Sin embargo su reto es mayúsculo por cuanto que no
sólo tiene un compromiso político de cambiar el esquema
socioeconómico de su país sino demostrar que en esta época
de unipolaridad y de pensamiento único, la izquierda es capaz de
gobernar por sendas de mayor equidad e inclusión social. |
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