EL FIN DEL PRETORIANO
(Dedicado al 21 de Enero del año 2004)
Cuando apareciste, desconocido hasta entonces, por las pantallas de televisión aquel penúltimo viernes de enero, rodeado de uniformes mezclados con ponchos y huipalas, algunos creímos, sinceramente, que se trataría de "un milico honesto". Cuando ese 21, ante flashes y cámaras, te agarraste de las manos indígenas para "luchar contra la corrupción mahuadista", muchos creímos, ingenuamente, que décadas de arrogancia y desprecio podrían cambiar, por fin, en el paisíto. Cuando ante los micrófonos leíste en aquel 21 de enero, una especie de "manifiesto patriótico" mal redactado para tamaña ocasión, muchos creímos, tontamente, que la normalidad podría voltearse y que el al revés podría ganarle la partida a la puerca realidad, al ilimitado poder de los de siempre, al "municipal y espeso ambiente" de una democracia atravesada por la mediocridad y el vasallaje de veinte años de lo mismo.



Lucio Gutiérrez Borbúa.


Cuando en la noche de ese mismo 21 de enero del 2000, en pantaleónica visita a Carondelet hiciste un público gesto de disciplina subalterna, entregando el remedo de poder a tus Generales Mendoza y Sandoval y yéndote a tu casa "satisfecho del deber cumplido", debíamos habernos percatado del descomunal mensaje que mandabas, desde entonces, al país. Pero no; no lo percibimos así, porque -pendejamente ciegos- queríamos creer, como el restante 93% de ecuatorianos, que se trataba de "un gesto de desprendimiento ejemplar", no de perruna obediencia a tus superiores y de sospechosa disciplina al statu quo.

Luego, cuando estabas en prisión, enceguecidos en el espejismo creado por "el militar más progresista de los alzados el 21", no nos percatamos de la gutierrista propensión a la doblez y a la ambición que, desde entonces, iban demostrándonos hermanos, hermanas, cuñados, primos, taitas, tíos, círculos de íntimos, y vos mismo. Embelesados por esa maníaca atracción que los movimientos sociales, las izquierdas y los indígenas guardamos por uniformes, conspiraciones y putchismos, no desciframos en aquellos gestos y mensajes, al verdadero Lucio Gutiérrez Borbúa. Todos creíamos, salvo excepciones que confirman la regla, que "eras de los nuestros", con nombre de guardia pretoriano pero "nuestro" al fin y al cabo.

El mito criollo lo alimentó la misma gente cuando salías "clandestinamente" de prisión para reunirte en la UNE o el INEL con las dirigencias sociales; cuando políticos de izquierdas e indígenas te visitaban, vestidos de mujer u ocultos, para disimular "las conspiraciones" en el cuartel del Agrupamiento de Inteligencia en Conocoto. Ya desde entonces, pésimos alumnos de sicología vulgar, debíamos habernos dado cuenta de la tamaña canallada que sicoanalizaba al futuro, cuando tus íntimos nos contestaban, a los pendejos preocupados por tu libertad, que tu objetivo era "mantenerte en prisión por más tiempo", que "Lucio debía seguir preso" y que "luchar por la amnistía era un error".
Así nos respondían tu círculo de íntimos y los dirigentes sociales que, literalmente, te rodeaban desde entonces, pendejos ellos tan, pues después fueron de los primeros "traicionados" por el taimado ex oficial que hasta el 20 de enero fue responsable de la Inteligencia y el monitoreo militar al levantamiento indio.

Malos adivinos del destino, debíamos habernos percatado entonces de la fenomenal barrabasada que se venía, cuando tus hermanas y cuñados -que el 21 no aparecieron "ni en pelea de perros"- se pasaban horas con vos en la sala de reuniones de Conocoto, hablando bajito, mirándonos de reojo a los otros oficiales y a los giles que hacíamos cola para conversarte los avances de la amnistía y los logros callejeros por tu libertad. Ya desde entonces, ni los tuyos ni vos miraban de frente, a la cara, sino hacia abajo o de lado, mientras todos estimulaban el mito del "mártir único" en acto de tamaña injusticia con los demás oficiales apresados y sancionados.

Cuando saliste libre, nos escribiste cartas y mensajes desde otros lugares donde otros giles se creyeron el cuento de "el milico revolucionario" y se tomaron fotos de rigor que ahora destrozan o comentan, en Sao Paulo, San Salvador, Bogotá, Porto Alegre, Buenos Aires, México. En esas cartas nos decías "camaradas" y jurabas que lucharías contra el sistema y acabarías el modelo, que mandarías a los gringos de Manta y echarías a la oligarquía del poder. Y todos los pendejos creímos que al Ecuador le había llegado la hora de cambiar, que todo sería distinto esta vez, que "la cuarta vía al poder" y "la rebelión del arco iris" tendrían, por fin, desenlace cierto.

Ya entonces debimos caer en cuenta, cuando dedicado a visitar países en busca de apoyo y "formación política", anunciaste viaje a Taiwán, la isla militante del anticomunismo mundial y el neoliberalismo salvaje, o cuando mencionaste que en Colombia tenías amigos de la catadura del general Harold Bedoya, o en Argentina del coronel Seineldin. Recuerdo que solamente te criticamos semejantes amistades, pero -error del tiempo que se vivía- no entendimos la dimensión de tales visitas y no te denunciamos por tan inocentes amiguetes.

Nuestra ceguera terminó entonces, por fortuna. Pero jamás imaginamos que "el honesto coronel", "el de mayor sensibilidad social de todos los oficiales del 21", sería esto que fuiste, y que terminarías así, como terminarás. Mediocre fin, triste destino, ingeniero Gutiérrez, augurado en la infallable baraja del poder desde que fuiste el ladino edecán de Bucaram y Alarcón hasta la última hora de sus horas.


DECLARACIÓN DE LA APDH

A UN AÑO DEL GOBIERNO GUTIÉRREZ

El retorno a la vieja práctica política distorsiona la democracia
y profundiza la frustración histórica de un país

Al cumplir un año de mandato el régimen del Sr. Lucio Gutiérrez, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, APDH del Ecuador, comparte la presente reflexión a la sociedad civil, las organizaciones sociales y ciudadanas, los medios de comunicación y la comunidad internacional.

1.- El régimen del Sr. Lucio Gutiérrez muestra una inocultable cuanto irreversible derechización de su proyecto gubernamental en materia política, social, económica e internacional. Ha confiscado, secuestrando, debilitando y pervirtiendo sus signos, aquella simbología del cambio que, con todo y errores y más allá de las falencias, el país aspiró obtener un ya lejano 21 de Enero del 2000, después de haber sufrido la más devastadora crisis social y económica de toda su historia, "la más profunda de los últimos cien años" como admitió un informe de la ONU-PNUD a fines de 1999.

2.- La definitiva conservadurización del régimen del Sr. Gutiérrez, aplaudida sin rubor por las elites económicas, políticas y mediáticas como "una victoria de sus destrezas" construidas en décadas de experimentado uso del poder, paradójicamente corre el riesgo de convertirse, nuevamente, en un "boomerang" para las jerarquías tradicionales que hasta hoy no comprenden, en toda su hondura, las causas y consiguientes esperanzas frustradas en el imaginario nacional, de los estallidos sociales sucesivamente ocurridos el 5 de febrero de 1997, el 21 de enero del 2000 y el enero-febrero de 2001, desatados por la incompetencia o la obra de las elites y sus distintos actores.

3.- La irreversible conservadurización del gobierno del Sr. Gutiérrez atrae un escenario que resulta impensable para las elites del Ecuador: A consecuencia del viraje del Sr. Gutiérrez, una honda frustración social, desapercibida por esas elites, pudiera convertirse en una bomba política de efecto retardado que traería costos a mediano plazo para el país y los propios grupos de poder que arrancan del calendario tan solo la hoja del día a día, y que están acostumbrados, únicamente, a mirarse y escucharse a sí mismos.

4.- Desafortunadamente, la inexorable derechización del gobierno del Sr. Gutiérrez alimenta una subterránea cultura de la sospecha y lacera en alto grado ciertos niveles de confianza que los pueblos indígenas y las izquierdas habían empezado a cultivar, a partir del 2002, en alianzas más amplias y consensos más profundos, incluso con fracciones de las elites del país, para equilibrar el ejercicio del poder y ponerle contrapesos al juego democrático formal. Igualmente, la camaleónica conducta del Sr. Gutiérrez y sus oficiales hacia esos sectores, descalabra (y creemos que por algún tiempo) la crédula esperanza de los movimientos sociales en la llamada atipicidad de los militares ecuatorianos, al tiempo que corroe la apuesta de muchos desencantados a guardar respeto por la formalidad institucional y por las resoluciones "civilizadas" a los conflictos del poder.

5.- El Sr. Gutiérrez no ha logrado consolidar acuerdos estratégicos con el conjunto de la nación para poner en marcha un modelo gubernamental de largo aliento que permita desactivar las causas originales que desataron el 5 de febrero y el 21 de enero, es decir las atávicas razones de fondo de la mentada "inestabilidad política" que tanto asusta a las elites locales. El coronel ha consolidado pactos estratégicos con los grupos de poder económico como los que representan la empresaria guayaquileña Joyce de Ginatta y el banquero quiteño Mauricio Pozo, y ha promovido alianzas puntuales y de mediano plazo con cacicazgos políticos tradicionales que perdieron las elecciones presidenciales, como el partido Social-Cristiano del Ing. León Febres Cordero y el Roldosista Ecuatoriano del Ab. Abdalá Bucaram, pero que por arte de magia -que desfigura la democracia-, hoy gobiernan el país tras bastidores con la aquiescencia de "Sociedad Patriótica", el partido del Presidente de la República.

6.- Ese vicioso retorno a viejas prácticas políticas que el Ecuador padece hace 25 años, no llamaría la atención si no fuera porque el Sr. Gutiérrez ganó la Presidencia en alianza con fuerzas sociales y políticas diametralmente diferentes a las que hoy, en los hechos, co-gobiernan los destinos de la nación. Nos preocupa que esta mutación del eje político que había triunfado legítimamente en las elecciones, sea vista sin sonrojo por las elites como una normal fluctuación de la bolsa de valores, en tanto en cuanto se trata de una verdadera distorsión cualitativa de la democracia, porque toda una generación de ecuatorian@s, la más reciente, ha quedado frustrada, otra vez, y miles de jóvenes que por primera ocasión votaron en el 2002, dándole su voto al Sr. Gutiérrez, a los indígenas y las izquierdas, hoy absorben y conservan un preocupante escepticismo rencoroso hacia la democracia, al haber sido defraudados en su esperanza de cambio, nuevamente truncada por los vicios y limitaciones de la propia democracia formal y sus viejos actores. Esos miles de jóvenes -votando por lo que representaba Gutiérrez- no votaron por Ginatta, Febres Cordero, Bucaram, Alarcón, Mahuad, Noboa, Pozo, Ledesma, Zuquilanda, Arteaga, Celi, Lasso o Baki. Votaron al revés, es decir, en su contra. Paradójicamente, dieron su voto a Gutiérrez para que aquellos viejos actores, o sus funcionarios, hoy sigan gobernando el país.

7.- El país en su conjunto -incluido el Sr. Gutiérrez-; la comunidad latinoamericana, que miró expectante el triunfo electoral y asombrada el viraje gubernamental; y especialmente los llamados sectores de opinión, en lugar de desear que se borre de la memoria esta amarga dislocación (una más, por lo demás) de la llamada democracia representativa, y en vez de intentar que la gente llana olvide esta nueva "contribución" de los grupos de poder a la larga frustración de un pueblo (tan silenciosamente honda esa frustración como la que -salvando las distancias- padeció el país profundo tras la imprevista muerte del Presidente Jaime Roldós a inicios del retorno al régimen constitucional), deberían reflexionar con serena agudeza en los peligros que esta falsificación política conlleva para la joven y prematuramente envejecida democracia ecuatoriana. Porque esa, y no otra, es la causa fundamental de que el Ecuador aún perviva bajo la sombra pertinaz de la llamada "inestabilidad institucional", y de que el poder, ahora o mañana, se mantenga bajo una espada de Damocles que las elites, ciegas, no alcanzan a ver: los fantasmas, no resueltos, del 5 de febrero de 1997 (cuando millones exigieron la salida de Bucaram) y del 21 de enero de 2000 (cuando los excluidos, en reprochable acto de democracia directa, destituyeron no solo a Mahuad sino a los tres poderes tradicionales de la democracia formal, nuevamente copados este 21 de enero de 2004 por la plutocracia ecuatoriana, que peca de arrogante y miope a la vez).

Alexis Ponce
APDH del Ecuador