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POR SILVIA RIBEIRO
En junio de 2008, el Movimiento de los
Trabajadores Rurales Sin Tierra, de Brasil (MST), denunció la
existencia de un informe secreto contra ese grupo, elaborado a iniciativa
de la Brigada Militar de Río Grande do Sul (cuerpo militar en
funciones policiales), con un par de fiscales de alquiler como fachada.
Este documento fue "aprobado" en diciembre 2007 por el Consejo
del Ministerio Público de ese estado, a partir del cual esas
instituciones deciden trabajar para lograr la "declaración
de ilegalidad" y posterior "disolución" del MST,
uno de los movimientos sociales más relevantes de América
Latina. El MST se fundó en 1985 en ese mismo estado, y actualmente
tiene millones de miembros en todo Brasil. Según Leandro Scalabrim,
abogado defensor, "estamos frente a la mayor conspiración
cívico-militar desde el fin de la dictadura".
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Detrás de esta conspiración represiva, en pacto con los
latifundistas históricos de Río Grande do Sul, militares
y el gobierno títere de la gobernadora Yeda Crusius, están
las grandes empresas trasnacionales de monocultivos industriales de
árboles y cereales, como Stora Enso, Aracruz Celulose, Votorantim,
Bunge, Cargill y ADM. Aunque se aprovechan de alianzas con los sectores
más rancios y explotadores del estado, estas empresas son ahora
las más beneficiadas de la represión a los movimientos
sociales. Es público que Stora Enso, Aracruz y Votorantim entregaron
cientos de miles de dólares para la campaña de la actual
gobernadora, hasta entonces desconocida, ahora acusada de varios actos
de corrupción.
Las trasnacionales forestales están ocupando agresivamente las
mismas tierras que podrían ser desapropiadas por las autoridades
para entregar a los Sin Tierra, según las leyes de reforma agraria,
o sea, los grandes latifundios con tierras improductivas. Argumentan
que al instalar miles de hectáreas de eucaliptos la tierra está
"produciendo". Pero esos monocultivos, además de ser
ganancia sólo para las trasnacionales y producir papel inútil,
después de ser talados dos o tres veces en 20 años, dejan
la tierra muerta, sin nutrientes, agotada y llena de troncos talados
que ya nunca volverán a crecer ni permitirán que ninguna
otra cosa crezca. No están haciendo producir la tierra, sino
matándola para que nadie más la tenga.
El informe, que iba a ser secreto, tiene las características
típicas de las dictaduras militares del continente: es completamente
falso. Entre otras falacias, acusa al MST de estar conectado con las
FARC de Colombia, de que sus escuelas -que educan a nivel secundario
y terciario a miles de hijos de campesinos- son centros de entrenamiento
de guerrilleros y de que la lucha por la tierra, que llevan desde hace
más de dos décadas y que logró 650 mil familias
asentadas en tierras desapropiadas legalmente a enormes latifundios
improductivos, no es más que una cobertura para otras actividades.
¡Vaya cobertura!
El MST ha venido sufriendo en los últimos dos años un
recrudecimiento violento de los ataques y represión contra las
acciones legítimas (y garantizadas por el derecho nacional e
internacional de protesta), como movilizaciones, marchas y campamentos,
que realiza con el fin de obligar al gobierno a cumplir con la ley de
reforma agraria.
Las represiones más violentas que han sufrido se inscriben en
la nueva estrategia tomada por la Brigada Militar a partir del informe
citado. En ese marco se inició en marzo de 2008 un proceso penal
contra varios integrantes del MST, acusados de lo que serían
"delitos" según la Ley de Seguridad Nacional, una norma
de la dictadura. En julio 2008, el reconocido abogado Nilo Batista presentó
en nombre de los acusados un recurso para que se desestimara el proceso
legal contra ellos por basarse en una ley caduca. Un juez federal negó
el recurso, y la parodia de proceso "legal" ya comenzó.
Esto es gravísimo porque significa luz verde para usar la Ley
de Seguridad Nacional de la dictadura no sólo contra el MST,
sino contra todas los movimientos y formas de protesta social en Brasil.
Si este proceso continúa, Lula se convertirá en otro "gobierno
popular" que usa leyes de la dictadura contra los movimientos.
Así sucedió en Chile contra los indígenas mapuches,
quienes protestan -incluso con huelgas de hambre de 112 días-
por la invasión de sus tierras con monocultivos de las empresas
Celulosa Arauco y Mininco del Grupo CMPC.
A punta de leyes amañadas y represión gubernamental contra
indígenas y campesinos avanzan los desiertos verdes. Si los dejamos,
estos nuevos señores feudales nos ilegalizarán a todos.
La Jornada de México, 30/8/08
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