¿Todo eso qué implica?
- Ese proceso implica no sólo integración económica
y social, sino también tecnológica, cultural, educacional,
mediática y de estructuras políticas. Existe un esbozo
de parlamento latinoamericano, pero aún se está muy lejos
de que tengamos estructuras supranacionales de carácter latinoamericano
o sudamericano. El tema, podríamos decir, ahora es político,
es discutir futuras relaciones de poder. Qué tipo de sociedad,
qué nueva hegemonía queremos construir.
Pareciera que alcanzar esos objetivos requeriría un salto
de conciencia importante de las sociedades y su clase política,
un cambio del paradigma neoliberal de la década anterior. En
este sentido, ¿qué papel están jugando los intelectuales
de Latinoamérica, ya sean economistas u otros cientistas sociales?
- Tenemos una trayectoria extraordinaria del pensamiento crítico
latinoamericano. El gran viraje fue la crítica que la Cepal hizo
de la teoría del comercio internacional, que fue dar vuelta el
Mundo y pensar el intercambio a partir de la periferia y las formas
de desarrollo desigual, de intercambio desigual. Fue pensar en la acumulación
a partir de la periferia, con todas las debilidades que tuvo. La gran
novedad histórica de la segunda mitad del siglo pasado, en términos
económicos, fue la industrialización de la periferia.
Hasta ahí, era un tema monopolizado por el centro. La periferia
era hacer agricultura, minería, ganadería y nada más.
¿Qué efectos tuvo?
- Este vuelco en el pensamiento económico elevó el nivel
de identidad nacional, planteó la relación con las potencias
imperiales en un nivel superior. El nacionalismo fue el gran fenómeno
del siglo pasado en América latina. Con tonos antiimperialistas
mayores o menores, según el caso. Pero la intelectualidad lo
concibió. Y en años recientes, varias teorías elaboradas
en esa época ayudaron a pensar la acción política
de los nuevos gobiernos en la región. Pero no en todos los casos.
¿Podría dar ejemplos de unos y otros?
- En Bolivia, se dio a través de un grupo pequeño de intelectuales,
llamado La Comuna (del que surge el actual vicepresidente, Alvaro García
Linera). Un núcleo de académicos se articulÓ fuera
de la Universidad y ayudó al movimiento indígena a repensar
su identidad, su trayectoria. A hacer una autocrítica de la izquierda
boliviana, de su pasado. En Ecuador también hay sectores intelectuales
que están articulados entre sí y con el proceso político.
En Venezuela, en cambio, se da un proceso de cambio con una ausencia
enorme de una intelectualidad que ayude a pensar ese proceso. Y eso
es grave.
¿Dónde ubicaría los casos de Argentina y Brasil?
- Son dos países con mucha más trayectoria intelectual
que los que nombré, con muchas más raíces en el
pensamiento crítico. Y sin embargo, hoy muestran una ausencia
relativa de esta intelectualidad en los temas políticos, ideológicos,
culturales y económicos muy grave.
Venezuela, Brasil, Argentina. Está hablando de los países
económicamente más fuertes y relativamente más
desarrollados y son los que más debilidades presentarían
en el plano intelectual para promover un cambio.
- Mi conclusión es que a la intelectualidad, en realidad a su
conjunto y no sólo al pensamiento crítico, este período
histórico la tomó por sorpresa. Queda como la voz de menor
resistencia a los sistemas de dominación, por detrás muchas
veces de los movimientos sociales. Fíjese que América
latina fue territorio de varias teorías de avanzada del pensamiento
crítico en décadas anteriores, pero hoy no encontramos
expresadas muchas de esas teorías en el movimiento político
latinoamericano, no están ayudando a pensar el proceso contemporáneo.
¿Cuál fue el comportamiento de esos pensadores?
- Usted encuentra que muchos intelectuales del pensamiento crítico
de otra época termina adhiriendo al neoliberalismo, porque pensaban
a esta corriente como inevitable. Y cuando se ven las cosas así,
eso le marca qué hacer. Fernando Henrique Cardoso fue un brillante
intelectual de izquierda en los 60, pero su gobierno en los '90 no fue
distinto del de Menem. Y yo no diría, tomándolo en su
conjunto, que es una postura de derecha, pero es un conformismo histórico.
Otra parte de la intelectualidad quedó refugiada en posiciones
que yo llamaría de ultraizquierda, posiciones que están
descolgadas del proceso real. La ultraizquierda tendrá una capacidad
crítica enorme, pero nunca ha construido procesos de transformación
revolucionaria.
En este debate sobre los gobiernos y las políticas en América
latina, muchos pensadores y dirigentes de izquierda siguen juzgando
como gobiernos de derecha a aquellos que no han producido una ruptura
a fondo con el neoliberalismo.
- Hay una postura que tiende a tomar determinados aspectos de la realidad
y los absolutiza, y así pierde objetividad. Hoy la división
fundamental no es izquierda buena o izquierda mala. Esa es una postura
de derecha que divide a la izquierda. La línea es entre los que
están por el proyecto de integración regional y los que
están por tratados bilaterales de comercio con Estados Unidos.
En el marco de los que están por la integración regional,
hay algunos que avanzaron hacia la ruptura del modelo, como Ecuador,
Bolivia, Venezuela. Otros han logrado flexibilizar el modelo, como Brasil
y Argentina, y ahí esta su mérito. Todo lo que hace al
mantenimiento del modelo anterior en Brasil y Argentina es negativo.
Pero la política exterior es positiva, la política social
es positiva. Y eso vale.
¿No los está justificando?
- No, pero hay que darse cuenta que aunque haya avances importantes
en América latina, vivimos en un mundo de hegemonía neoliberal:
hegemonía económica, de valores, en la relación
de fuerza social. No se puede olvidar que el neoliberalismo puso a todo
el movimiento popular a la defensiva. La lucha contra el modelo, por
conseguir poner en contradicción sus paradigmas, se dio contra
la derecha, y desde posiciones antineoliberales que no eran de izquierda.
Logramos tener gobiernos con rasgos contradictorios, y ése fue
el resultado de la lucha, de una lucha exitosa. La alternativa era tener
gobiernos de derecha, no de izquierda.
PREDOMINIO Y CRISIS DEL CAPITALISMO
Emir Sader caracteriza el período histórico vivido en
la segunda mitad del siglo XX como "el paso de un mundo bipolar
a otro unipolar", con una hegemonía absoluta del capitalismo
y de Estados Unidos como potencia dominante. A su vez, describe a un
capitalismo que pasó del modelo keynesiano al neoliberal. Sin
embargo, pese a este "triunfo espectacular" del capitalismo,
Sader sostiene que este proceso no augura hacia adelante "ni un
ciclo tranquilo para la hegemonía de Estados Unidos ni un crecimiento
sostenido".
Según el sociólogo e historiador brasileño, la
hegemonía capitalista se dio a través de "una victoria
extraordinaria en el plano político, militar e ideológico
de Estados Unidos". "La hegemonía económica
y cultural es tal que el modo de vida capitalista se impone hoy sin
disputa en el mundo. No hay otro modelo comparable, hasta en China las
ciudades se transforman y desarrollan como espejo de ciudades estadounidenses.
Los pobres tienen expectativas de consumo de acuerdo con el estilo norteamericano."
Sin embargo, el capitalismo muestra sus límites. La crisis actual
de la economía norteamericana, sostiene Sader, podría
ser el inicio de "un período largo de inestabilidad con
turbulencias". Los obstáculos o contradicciones del mundo
unipolar tiene su reflejo en la excesiva concentración de la
renta, la devastación ecológica y la guerra, advierte
el teórico brasileño.
"El capital hizo un corrimiento hacia la actividad especulativa
financiera. El 90 por ciento de los movimientos de capital en el mundo
son cambios de manos de papeles, no son el resultado de actividades
comerciales", señala Sader.
Pero mientras sucede en los centros financieros mundiales, en el corazón
del sistema capitalista, en la periferia Sader describe una dinámica
diferente. "En las décadas del 80 y 90, Latinoamérica
fue el laboratorio más avanzado del neoliberalismo. El arco político
de la región adhirió en conjunto al modelo, y fue el primero
en explicitarlo. México, Brasil y Argentina fueron las más
claras expresiones", observó. Pero el modelo entró
en crisis, generando fuertes contradicciones.
Hoy, sostiene Sader, América latina es "la única
región con proyectos de integración relativamente independientes
de Estados Unidos, condición necesaria pero no suficiente para
la ruptura con el modelo neoliberal". Ante la crisis de hegemonía,
los países del subcontinente reaccionaron de diversas formas,
de acuerdo a su capacidad de reconstruir las fuerzas para una disputa
de poder. Bolivia y Ecuador, según Sader, son ejemplos de sublevación
popular con salida electoral que permitió refundar el Estado.
Destacó que estos países "pudieron recomponer su
identidad porque tuvieron menos penetración cultural del neoliberalismo,
el modelo no echó raíces". Un fenómeno diferente
del ocurrido en México, Chile y Argentina, donde sí enraizó.
Sader destacó como modelo de integración independiente
la propuesta del ALBA (Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra
América), que impulsa Venezuela. "Democratizar la economía
es desmercantilizar", sostuvo el sociólogo brasileño,
como bandera en la lucha antihegemónica. Aunque no dejó
de reconocer la distancia existente entre el sistema capitalista actual
y un modelo que lo sustituya. "Existe un abismo entre el agotamiento
del modelo actual y la aparición de otro u otros. El panorama
es contradictorio. Pero el mundo nuevo es un modelo todavía no
elaborado", señaló.
¿QUIEN ES EMIR SADER?
Sociólogo en la trinchera
Emir Sader, sociólogo marxista brasileño, es uno de los
principales impulsores del Foro Social Mundial, espacio que desde hace
ya casi una década busca promover el debate y la participación
política de los movimientos sociales en la búsqueda de
soluciones comunes.
En su país, Sader acompañó el ascenso de Lula al
poder, pero se convirtió en un crítico del gobierno sin
dejar de reconocer un claro salto cualitativo respecto del gobierno
anterior, de Fernando Henrique Cardoso.
"Este es el gobierno de Lula, no del PT (Partido Trabalhista, la
estructura política de izquierda que impulsó al actual
presidente e histórico dirigente sindical a la disputa electoral).
Dilma Roussef, su jefa de Gabinete y a quien seguramente respaldará
para su sucesión, "es una hábil política de
extracción desarrollista", describió Sader para caracterizar
al actual gobierno de su país.
Y es igualmente crítico con el partido que le dio origen. "El
PT dejó de ser un partido movilizador. Despolitizó su
discurso, ya no identifica un enemigo", sostuvo el eminente sociólogo
en un reciente seminario en Buenos Aires.
Pero así como lo critica, también salió en su defensa,
dos años atrás, cuando un senador ultraderechista de su
país, Jorge Bornhausen, declaró que sería "encantador
imaginar al Brasil libre de esta raza (los "petistas", por
el PT) por lo menos por 30 años".
En un tan severo como preciso artículo, que Emir Sader tituló
El odio de clase de la burguesía brasileña, el autor dice
de Bornhauser, "banquero, derechista, adepto de las dictaduras
militares, del gobierno Collor, del gobierno Cardoso, del gobierno Bush,
revela ahora todo su racismo y su odio al pueblo brasileño en
esa frase, que salió del fondo de su alma, plena de lucros bancarios
y de resentimientos", asumiendo posición junto al PT.
Un juez de San Pablo lo condenó entonces a un año de prisión
por dichas declaraciones, en una causa promovida por Bornhausen por
injuria, calumnia y difamación.
La CUT, principal central obrera brasileña, el Foro Social Mundial
y diversos intelectuales y docentes se manifestaron a favor de los dichos
de Sader y repudiaron el fallo, que finalmente quedó en la nada.
Página/12 Buenos Aires.
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