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LA PEOR SALIDA DEL EMPATE CATASTRÓFICO |
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La respuesta del bloque desplazado fue la convocatoria al referéndum, lo que refleja en las élites cruceñas la falta de un proyecto unitario de país, así como demuestra una vocación por imponer, en nombre de demandas autonómicas, la supremacía de una parte sobre el todo. Esa parte, como lo menciona el estatuto autonómico de Santa Cruz de la Sierra, se autodefine desde el "orgullo" de ser mestizos-criollos y denuncia la maniobra del gobierno por imponer una Constitución "indígena". En Bolivia, la categoría de mestizo está lejos de ser
integradora. Fue utilizada para descalificar y marginar a los indígenas
(que por eso buscaron definirse "positivamente" como mestizos).
En la década de 1950, bajo el gobierno del Movimiento Nacional
Revolucionario, no tuvo un carácter excluyente, aunque la Bolivia
minera, representada por la Central Obrera Boliviana, subsumía
al indígena en la clase, no reconociéndolo como tal. En
términos políticos, esta experiencia de integración
finalizó en un fracaso rotundo y dio paso, en 1985, al primer
gobierno neoliberal en América Latina bajo régimen democrático.
Fue a partir de 1980 que comenzó a elaborarse un discurso político-cultural
de revaloración del indio, más allá del proyecto
elitista y del modelo nacional-popular. Este proceso de reinvención
de la indianidad tuvo su encarnación en Felipe Quispe, líder
de los comuneros aymaras, quien desde una visión muy altiplánica
soñaba con convertirse en el primer presidente indio de Bolivia.
Pero no fue él, sino un indígena mestizado, Evo Morales,
que proviene de las luchas sindicales, quien finalmente realizó
la aspiración de tantos bolivianos postergados. Y esto trajo
consigo una articulación entre varias tradiciones, no solamente
la indianista. Por eso, la denuncia del carácter racista del gobierno de Evo Morales por parte de la elite cruceña, y su reivindicación del "mestizo-criollo" escamotea el verdadero conflicto. El que divide a los bolivianos entre un gobierno de carácter nacional-popular, con tintes indigenistas y con verdadera hipótesis de cambio social, y una derecha oligárquica, racista y desplazada, que no posee un proyecto general de país, y alienta por ello la secesión escalonada. No hay que olvidar que la situación de Bolivia en el contexto
latinoamericano es excepcional, pues son pocos los países que
se atreven a plantear el desafío de la democratización
por la vía de la redistribución del poder social. En su
mayoría, se hallan inmersos en un campo de los dobles discursos
y en la readaptación a las lógicas de gobernabilidad neoliberal.
De allí, las ineludibles expectativas políticas que este
país suscita, pero también los peligros y acechanzas que
lo recorren, en un contexto cada vez más polarizado. Así,
frente al punto de bifurcación y pese al carácter integrador
del proyecto político que lidera Evo Morales, el posible éxito
de los referendum autonómicos apunta al desgaste del gobierno
y busca abrir la puerta al peor de los escenarios: una salida escalonada
y por derecha para el empate catastrófico. |
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