Por supuesto, cambio es un término ambiguo y su significado
varía según quienes lo pregonen. Pero parece ser que el
asunto del "cambio" responde a un alto grado de incomodidad
en Estados Unidos en el contexto de la actual situación general
del país en el mundo.
Las dos zonas de máxima incomodidad son la guerra de Irak y el
estado de la economía. Lo que la mayoría de los votantes
parece estar diciendo es que piensa que la guerra en Irak es un pantano,
y que fue un error haber invadido ese país.
En cuanto a la economía, los votantes parecen decir que su nivel
actual de vida ha ido bajando y que tienen mucho miedo de que continúe
cayendo todavía más.
Así que, básicamente, rechazan las principales líneas
de argumentación del régimen de Bush, y en gran medida
lo culpan por sus incomodidades. Es menos claro cuáles son los
cambios específicos que los votantes quieren, pero algo desean.
Obama tiene un segundo atractivo más allá de acometer
el asunto del cambio. Es una cuestión de estilo. Él afirma
que está deseoso de hablar con todo mundo. A nivel internacional
con las supuestas fuerzas no amistosas y con los supuestos aliados,
y a nivel interno con personas de todas las facciones políticas.
Esto contrasta con la repetida insistencia de Bush de que hay todo tipo
de grupos con los que Estados Unidos no debería "negociar"
jamás.
Hay una segunda clase de atractivo estilístico de Obama. Él
dice, una y otra vez, "¡Sí, nosotros podemos!"
Éste es un punto que retomó de César Chávez,
el legendario líder hispano de los trabajadores agrícolas,
cuyo lema era "¡Sí, se puede!"
Este punto atrae particularmente a todos aquellos que se han sentido
marginados en el sistema político estadunidense, y que encuentran
que este punto los empodera.
Así, ahora que Obama parece cerca de convertirse en presidente,
ha comenzado una considerable discusión en la prensa, en el Internet,
y en el debate público, en torno al tipo de cambios que intenta
emprender, de hecho, Obama. Ésa, me parece, es la pregunta equivocada.
La real cuestión es qué tipo de cambios puede hacer, cuestión
totalmente diferente.
El historial de Obama es el de un demócrata liberal que se opone
a la guerra de Irak y cuyo modo de actuar ha sido siempre de centro-izquierda,
algunas veces con fuerza y otras con mucha prudencia. Es seguro que
intenta conferirle un estilo diferente a la Casa Blanca. Lo que es bastante
menos claro es qué tan radicalmente diferentes serán las
políticas que intenta implantar. Pero aun suponiendo que fuera
más radical políticamente de lo que parece a simple vista,
la cuestión continúa siendo ¿qué puede hacer?
Sin duda, los presidentes de Estados Unidos pueden afectar las políticas
de modos importantes -George W. Bush lo ha demostrado- pero también
quedan prisioneros de su propio cargo. Es por eso importante revisar
cuáles son las opciones en política exterior, en política
económica, y en aquel ámbito más suelto que podríamos
llamar política cultural.
En política exterior, el asunto más inmediato y avasallador
es Medio Oriente -no sólo vis-à-vis Irak, sino también
vis-à-vis Afganistán, Irán, Paquistán e
Israel/Palestina. Bush ha trabajado muy duro para atarle las manos a
su sucesor. Pero cometió el error de pensar que la política
estadunidense en Medio Oriente está primordialmente en manos
del gobierno estadunidense.
Yo ya no pienso que ése sea el caso. Hay un torbellino de fuerzas
en esta región que están más allá del limitado
poder del gobierno de Estados Unidos, como para poder canalizar su dirección.
En Irak, lenta, pero seguramente, acumula vapor el nacionalismo
antiestadunidense. En Afganistán, los talibanes regresan subrepticiamente
al poder de facto y como subproducto amenazan perturbar el funcionamiento
de la OTAN como fuerza internacional. En Pakistán, parece que
Estados Unidos quedará reducido a rezar en silencio para que
su amigo Pervez Musharraf, cada día menos popular, pueda capear
el temporal.
Los iraníes han decidido que simplemente pueden desafiar a Estados
Unidos sin incurrir en ningún peligro real. Y tanto Israel como
la Autoridad Nacional Palestina se hallan en terrenos mucho más
inestables que nunca, interna e internacionalmente. En gran medida,
Condoleezza Rice es ignorada por todos. ¿Tratarán diferente
al secretario de Estado de Obama?
Si el torbellino deshace las políticas estadunidenses en la región
y si incluso las fuerzas estadunidenses se retiran de Irak, ¿será
la consecuencia que Europa occidental, Rusia, China y América
Latina se acerquen, de hecho a Estados Unidos, aun cuando aprecien el
estilo más amigable e inteligente de Obama? Las tendencias geopolíticas
subyacentes están en contra de Estados Unidos. Obama puede hacerlo
mejor que Bush, pero ¿qué tanto mejor?
La historia no es muy diferente si miramos el estado de la economía
estadunidense. Sin duda, una administración demócrata
tendrá políticas diferentes en cuanto a impuestos, atención
a la salud y medioambiente. Y probablemente 80 por ciento de la población
más pobre la pasará mejor.
Pero los empleos en el ámbito de la manufactura no regresarán,
aun cuando Estados Unidos hundiera sus propios pactos neoliberales de
comercio. En este ámbito, hay también un torbellino, uno
tal vez aún más poderoso que el torbellino político
de Medio Oriente, y Estados Unidos no controla su despliegue.
Esto deja un ámbito donde Obama puede contar con cierto margen,
ése que llamo sueltamente el ámbito cultural. Su campaña
ha movilizado una fuerza popular que cobra fuerza y autonomía.
Es ésa donde la gente dice: "sí, nosotros podemos".
Obama pudo haber sido de ayuda para encender esa fuerza, pero es una
fuerza que cobra impulso propio y que tendrá mucho impacto en
lo que haga como presidente.
En un sentido amplio, es una fuerza que lo empuja, como presidente,
hacia la izquierda, directamente y a través de los miembros del
Congreso. Es muy difícil decir con exactitud adónde empujará
esta fuerza a Obama. Pero su impacto puede resultar comparable a aquel
que tuvo la llamada derecha religiosa en las políticas del Partido
Republicano en los últimos 30 años.
Martin Luther King Jr. dijo: "Tengo un sueño". El sueño
de un Estados Unidos diferente con prioridades diferentes y convenciones
más igualitarias.
Si este próximo periodo conduce aunque sea a la realización
parcial de un sueño así, tendrá, por supuesto,
un impacto de largo plazo en el papel que juega Estados Unidos, y en
el que desea jugar, en el sistema-mundo.
Tendrá un impacto de largo plazo sobre el tipo de estructuras
económicas que Estados Unidos mantiene para sí mismo y
que el mundo mantiene para sí mismo. El cambio es de hecho posible,
y es potencialmente un cambio positivo.
Todo depende mucho menos de Obama que del resto de nosotros. Pero Obama,
podría, únicamente podría, darnos el espacio para
que el "nosotros" de "sí, nosotros podemos",
lo empujara a él y a Estados Unidos.
La Jornada de México
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