Los horrores sobre los arrestos y tratos
a los presos en el centro de detención norteamericano de Guantánamo
restan credibilidad moral y efectividad a la guerra que EE UU y sus
aliados están librando, sin éxito, contra los talibanes
y Al Qaeda en Afganistán. Una ONG británica, Reprieve,
ha puesto al descubierto que algunos de estos presos han sido secuestrados
en Afganistán y Pakistán y luego entregados a EE UU a
cambio de 5.000 dólares (3.380 euros) y trasladados en los tristemente
famosos vuelos de la CIA a la base que EE UU tiene en Cuba. Vuelos que
han pasado por Portugal, España y otros países que, al
no denunciar tan macabro transporte, se han hecho cómplices de
la grave violación de los derechos humanos y de los prisioneros
de guerra.
Bush ha sugerido que está dispuesto a cerrar el centro de Guantánamo
si 80 presos allí retenidos desde hace años son acogidos
en sus países de origen, que, aparentemente, no los quieren.
Es una mera excusa. Bush debe cerrar este centro y ofrecer un juicio
con garantías a todos los presos (algunos eran menores cuando
fueron capturados) y no sólo llevar a unos pocos ante tribunales
militares. Tales medidas no deben limitarse a Guantánamo, sino
también a otras cárceles al margen de la ley que EE UU
mantiene en diversas partes del mundo, como la de Bagram en Afganistán,
donde la tortura está a la orden del día.
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Guantánamo o Bagram, y lo que entre tras aquellas rejas sucede,
alimentan el odio entre las poblaciones locales y los islamistas más
radicales. No sólo se trata de ajustar la conducta política
a las leyes y a la moralidad, incluso contra enemigos inmorales que
no dudan en practicar el suicidio para matar, sino de contribuir eficazmente,
mediante la superioridad moral, a ganar una guerra fallida, como reconoce
el propio Senado de EE UU.
EE.UU. pide más tropas a los aliados, especialmente a aquellos
que, como Alemania (pero también España), no están
implicados en labores directas de combate en el sur del país.
Con este terrible paisaje de fondo, no puede sorprender la negativa
de Berlín. Pero, además, como pide Reprieve y tanto ha
insistido la diputada socialista portuguesa Ana Gomes, la UE debería
hacer examen de conciencia sobre su complicidad, y exigir a EE UU el
cierre de esta vergüenza.
EDITORIAL de El País de Madrid 02/02/2008
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