EL ENFRENTAMIENTO CON ESPAÑA VA MÁS ALLÁ DE UNA TORPEZA

LA APUESTA DE CHÁVEZ: UNA ESTRATEGIA DE FONDO

POR PEDRO MEDELLÍN TORRES

Se equivocan los españoles si creen que Hugo Chávez está actuando para atenuar la crisis interna de Venezuela o solo buscaba protagonismo. En realidad, el enfrentamiento que sostiene con el Rey de España, después de la XVII Cumbre Iberoamericana, tiene un propósito: cerrar el paso a la iniciativa española de liderar un proyecto de integración latinoamericana. Y por eso dio un golpe certero a su principal mecanismo: las cumbres de jefes de Estado y de gobierno.

Puede que para muchos gobernantes latinoamericanos, las cumbres iberoamericanas sean un espacio de integración y cooperación para el desarrollo. Pero para Chávez, ese espacio es muy distinto si es liderado por un país que es miembro de la Otan y ha sido un importante aliado de Estados Unidos.


El Rey de España enfurecido busca acallar al presidente Chávez.

Para el presidente venezolano, pese a la aparente inutilidad de las cumbres, es claro que el poder de convocar cada año a todos los jefes de Estado y de Gobierno de América Latina les proporciona a los españoles una evidente influencia con la que pueden ejercer presión en importantes escenarios internacionales, y movilizar apoyos que a los Estados Unidos les resultaría difícil lograr. No son pocos los que creen que España pudo influir, por esta vía, en la decisión de los países centroamericanos para apoyar la acción estadounidense en Irak.

La actitud de Chávez en la Cumbre de Santiago no fue improvisada, ni solitaria. En los cuestionamientos a la actitud de los empresarios españoles tuvo la compañía del presidente Kirchner. Y en su posterior ataque a la que consideró "actitud complaciente" del gobierno y el Estado español con el golpe de Estado de abril del 2002, recibió el apoyo explícito de Nicaragua y contó con el silencio estratégico de otros países como México, que no movió un dedo para defender a sus colegas españoles, o Brasil, que asumió un férreo apoyo a Chávez.

Pero los hechos tampoco ayudaban a las autoridades españolas. Al tiempo que el Rey de España y el Presidente de Venezuela se enfrentaban, los diarios advertían cómo el gobierno español reconocía que, en los últimos años, autorizó a cerca de 50 aviones de E.U. (en su mayoría militares) para que cruzaran su espacio aéreo "con destino o procedentes de la base de Guantánamo (Cuba)". Y mientras Zapatero anunciaba en la Cumbre un aporte de mil millones de euros para inversión en acueductos, los informes empresariales mostraban cómo el crecimiento del mercado latinoamericano le había permitido a una sola empresa (Telefónica) llegar a los 126,5 millones de clientes en la región, lo que debió contribuir a que obtuviera una utilidad récord de 7.848 millones de euros en el 2007, un 51 por ciento más que en el mismo período de 2006.

La decisión de "hacer un examen cuidadoso de las inversiones españolas", además de ser un duro mensaje para los aliados de Estados Unidos, revela hasta dónde está dispuesto a ir Chávez para contener el liderazgo español del bloque iberoamericano. Primero, suspendió la compra de aviones a España por llevar motores estadounidenses. Luego, atajó la adquisición de patrulleras y navíos de guerra que venía negociando con el gobierno español. Y ahora amenaza a los cerca de dos mil millones de euros que han invertido los españoles desde el 2001 en la industria del petróleo, petroquímica, obras públicas y minería; la industria editorial, la alimenticia, equipos ferroviarios, el sector turístico y la banca.

"No es imprescindible para nosotros la inversión española en Venezuela", ha dicho Chávez. Ya debe tener ofertas de inversionistas de China, Irán o Rusia, interesados en sustituir las inversiones españolas, lo que consolidaría todavía más la presencia de un poderoso bloque anti-Estados Unidos, a unos pocos kilómetros de Miami.

Exigir al Rey que se retracte ya no es más que una formalidad. En lo sustantivo, Chávez y sus aliados, visibles e invisibles en la región, hicieron saber que el liderazgo español estaría llegando a su fin y que las próximas cumbres iberoamericanas (si las hay) serán a otro precio.