POR ATILIO A. BORON
¿Cómo explicar la derrota
del SÍ, y hasta que punto fue solo una derrota?
Chávez se enfrentó a una fenomenal coalición política
y social que aglutinaba a todas las fuerzas del viejo orden, carcomido
hasta sus entrañas pero con sus agentes históricos librando
una batalla desesperada para salvarlo.
La gran burguesía autóctona; los terratenientes; el capital
financiero; la dirigencia sindical corrupta; la vieja partidocracia;
la jerarquía de la Iglesia Católica; la embajada norteamericana,
obsesionada con derrocarlo y, coronando todo este rejunte, una confabulación
mediática nacional e internacional pocas veces vista en la historia
que reunía en sus ataques a Chávez a los grandes exponentes
de la "prensa libre" de Europa, Estados Unidos y América
Latina.
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El líder bolivariano atrajo contra sí todos los esperpentos
sociales con los que debe lidiar cualquier gobierno digno en América
Latina, y los combatió casi en soledad y a mano limpia. Lo que
unificó a los conservadores no fue la cláusula de la "re-elección
permanente" sino algo mucho más grave: la reforma le otorgaba
rango constitucional al proyecto socialista en gestación, algo
totalmente inaceptable. Pese a tan descomunal disparidad el resultado
electoral fue prácticamente un empate.
Para muchos venezolanos la elección no era importante, lo que
explica el 44 % de abstención. La gran mayoría de quienes
no concurrieron a votar lo hubieran hecho por el SÍ, lo cual
revela la debilidad del trabajo de construcción hegemónica
y de concientización ideológica de los bolivarianos en
el seno de las clases populares.
La redistribución de bienes y servicios es imprescindible, pero
no necesariamente crea conciencia política emancipadora. Por
otro lado, algunos gobernadores y alcaldes chavistas no se jugaron a
fondo por una reforma constitucional que democratizaría, en detrimento
de sus atribuciones, la organización política del estado
al crear nuevas instituciones del poder popular. Hay que tener en cuenta,
además, que luego de nueve años de gestión cualquier
gobierno sufre un desgaste o deja de suscitar el entusiasmo colectivo
de antaño.
A esto hay que agregar, además, algunos errores cometidos en
la intermitente campaña electoral de un presidente que, por su
papel protagónico en el escenario mundial, no dispone de mucho
tiempo para otra cosa.
De todos modos, pese a la derrota Chávez sale muy bien librado.
Sus credenciales democráticas se fortalecieron notablemente.
La oposición llegó a los comicios diciendo que jamás
aceptaría un triunfo del SÍ.
En caso de producirse lo repudiarían por ser producto del fraude
y pondrían en marcha el "Plan B" de la Operación
Tenaza. Los sedicentes demócratas confesaban que sólo
se comportarían como tales en caso de ganar; si no, su respuesta
sería la sedición. Chávez, en cambio, les dio una
lección de republicanismo democrático al aceptar con hidalguía
el veredicto de las urnas. Imaginemos que hubiera ocurrido si por esa
ínfima diferencia hubiera triunfado el SI.
Los voceros de la "democracia" habrían incendiado Venezuela.
Pese a su derrota, la estatura moral de Chávez y su fidelidad
a los valores de la democracia convierte en pigmeos a sus oportunistas
adversarios, que sólo respetan el resultado de las urnas cuando
los favorece. Y, de paso, deja en una posición insostenible a
los senadores brasileños que pretextando la débil vocación
democrática de Chávez quieren frustrar el ingreso de Venezuela
la MERCOSUR.
Página 12 -Buenos Aires
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