Los medios privados nacionales e internacionales se han hecho eco de
los discursos de Baduel, de las conferencias de prensa y de falsas descripciones
de los alborotos provocados por estudiantes de la oposición,
que han presentado como tranquilas protestas en defensa de los derechos
democráticos y contra el referéndum del gobierno, cuya
celebración está prevista el próximo 2 de diciembre
de 2007.
Tanto el New York Times, como el Wall Street Journal, BBC News y el
Washington Post han venido preparando durante años a sus lectores
con falacias del "autoritarismo" del presidente Chávez.
Confrontados con las reformas constitucionales que refuerzan las perspectivas
de una democratización política y social de largo alcance,
los medios de comunicación estadounidenses, europeos y latinoamericanos
se dedican ahora a presentar a ex oficiales militares favorables a un
golpe de Estado como si fuesen "disidentes democráticos",
antiguos partidarios de Chávez desilusionados por la búsqueda
de poderes "dictatoriales" de éste durante el período
previo al referéndum del 2 de diciembre sobre la reforma constitucional
y después de éste. Ningún periódico importante
ha mencionado el carácter democrático de las reformas
propuestas, la entrega del control sobre el gasto público y del
poder de decisión a vecindarios locales y concejos comunitarios.
De nuevo, al igual que sucedió en Chile en 1973, los medios estadounidenses
son cómplices en el intento de destruir una democracia latinoamericana.
Incluso algunos sectores de la prensa y los partidos de centro izquierda
en América Latina han reproducido la propaganda derechista. El
9 de noviembre, el supuestamente izquierdista diario mexicano La Jornada
publicó el siguiente titular: "Directivos y alumnos de la
UCV acusan a Chávez de promover la violencia". El artículo
repetía las patrañas derechistas sobre encuestas electorales
que vaticinaban la derrota de las enmiendas constitucionales.
El gobierno de USA -tanto la Casa Blanca republicana como el Congreso
controlado por los demócratas- está apoyando el nuevo
intento de derrocar al popular y nacionalista presidente Chávez,
y ello con el fin de frustrar las abiertamente progresistas enmiendas
constitucionales.
EL REFERÉNDUM: DELIMITACIÓN Y PROFUNDIZACIÓN
DE LAS TRANSFORMACIONES SOCIALES
El eje de la confrontación es el próximo referéndum
sobre las reformas constitucionales iniciadas por el presidente Chávez,
debatidas, corregidas y sometidas a votación democrática
en el Congreso venezolano durante los últimos seis meses. Ha
habido un debate amplio y abierto y críticas de secciones específicas
de la Constitución. Los medios privados, mayoritaria y visceralmente
opuestos a Chávez y favorables a la Casa Blanca, condenaron por
unanimidad todas y cada una de las enmiendas constitucionales. Un sector
de la dirigencia de uno de los componentes de la coalición PODEMOS,
favorable a Chávez, se ha unido a la jerarquía de la Iglesia
católica, a la asociación de empresarios y ganaderos,
banqueros y sectores de la universidad y la elite de estudiantes para
atacar las reformas constitucionales propuestas. Haciendo uso a fondo
de todas las libertades democráticas de Venezuela (de palabra,
de asamblea y de prensa), la oposición ha denigrado el referéndum
como "autoritario", incluso cuando la mayoría de los
sectores de la coalición opositora intentaron incitar a los militares
para que interviniesen.
La coalición opositora de ricos y privilegiados teme las reformas
constitucionales porque con éstas deberá otorgar un porcentaje
mayor de sus beneficios a la clase obrera, perderá su monopolio
de las transacciones del mercado -que pasarán a manos de compañías
públicas- y el poder político del que ahora goza se desplazará
hacia concejos comunitarios locales y hacia el poder ejecutivo. Mientras
que los medios derechistas y liberales de Venezuela, Europa y USA han
inventado acusaciones chocantes contra las reformas "autoritarias",
lo cierto es que las enmiendas proponen una democracia social más
amplia y profunda.
Un breve repaso de las principales enmiendas constitucionales, ampliamente
debatidas y aprobadas por una mayoría de los miembros libremente
elegidos del Congreso venezolano, permite refutar las acusaciones de
"autoritarismo" que lanzan sus críticos. Las enmiendas
pueden agruparse de acuerdo con los cambios políticos, económicos
y sociales que proponen.
El cambio político más importante es la creación
de nuevas formas democráticas locales de representación
política, en las que las instituciones comunitarias y comunales
elegidas dispondrán de financiación estatal en sustitución
de los gobiernos municipales y estatales, plagados de corrupción
y de tráfico de influencias. Este cambio hacia la descentralización
impulsará una mayor práctica de la democracia directa,
en contraste con las arraigadas tendencias oligárquicas del centralizado
sistema representativo actual.
En segundo lugar, contrariamente a los infundios propagados por el ex
general Baduel, las enmiendas no "destruyen la constitución
existente", ya que únicamente modifican en mayor o menor
grado el 20% de los artículos de la constitución (69 de
un total de 350).
Las enmiendas que establecen la posibilidad de que cualquier candidato
se presente a un número ilimitado de elecciones son acordes con
la práctica habitual de muchos sistemas parlamentarios, como
lo demuestran, entre otros casos, las cinco reelecciones del primer
ministro australiano Howard, el medio siglo de poder ejecutivo del Partido
Liberal Democrático en Japón, las cuatro legislaturas
del presidente Franklin Roosevelt en USA o las múltiples reelecciones
de Margaret Thatcher y Tony Blair en el Reino Unido. Nadie en ningún
momento ha puesto nunca en entredicho las credenciales democráticas
de estos políticos por haber detentado el poder tras múltiples
elecciones consecutivas y es inaceptable que se etiquete selectivamente
a Chávez de "autoritario" por hacer lo mismo.
El cambio político que alargará el mandato presidencial
de 6 a 7 años no aumentará ni reducirá los poderes
presidenciales, como dice la oposición, puesto que la separación
de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo permanecerá
intacta y las elecciones libres someterán al presidente a un
control periódico por parte de la ciudadanía.
El punto clave de las elecciones indefinidas es que son elecciones libres,
sujetas a la preferencia de los votantes, en las que -en el caso de
Venezuela- la mayor parte de los medios, la jerarquía católica,
las ONG financiadas por USA y las asociaciones de grandes empresas seguirán
aportando enormes recursos económicos para costear la actividad
de la oposición, lo cual es un contexto difícilmente calificable
de "autoritario".
La enmienda que permite que el ejecutivo declare un estado de excepción
e intervenga en los medios en caso de actividad violenta que busque
suspender la constitución es esencial para la salvaguarda de
las instituciones democráticas. Si se tienen en consideración
las intentonas violentas y autoritarias por parte de la oposición
actual para hacerse con el poder en fechas recientes, la enmienda permite
disentir pero también permite que la democracia se defienda contra
los enemigos de la libertad. En el contexto que condujo al golpe militar
del 11 de abril de 2002, apoyado por USA, y al cierre patronal de la
industria del petróleo por parte de sus altos ejecutivos, que
devastó la economía (con una caída del 30% en el
PIB en 2002/2003), si el gobierno hubiera ostentado y utilizado poderes
de excepción, tanto el Congreso como la judicatura, el proceso
electoral y las condiciones de vida del pueblo venezolano habrían
estado mejor protegidos. Lo más probable es que el gobierno habría
podido intervenir contra los medios que cooperaron en el derrocamiento
violento del proceso democrático, de la misma manera que suele
hacer cualquier otro gobierno democrático. Debe quedar claro
que la enmienda que permite "poderes de excepción"
se basa en un contexto específico y refleja experiencias concretas:
los actuales partidos de la oposición, las federaciones de empresarios
y las jerarquías de la iglesia cuentan con un historial violento
y antidemocrático. La campaña de desestabilización
en contra del próximo referéndum y los llamamientos a
una intervención militar, tan explícitamente formulados
por el general retirado Baduel (defendido por su notorio consejero y
apologista, el universitario aventurero Heinz Dieterich) constituyen
una señal cristalina de que los poderes de excepción son
absolutamente necesarios para que no quede la menor duda de que la violencia
reaccionaria se topará con todo el peso de la ley.
La reducción de la edad de voto desde los 18 a los 16 años
ampliará el electorado, incrementará el número
de participantes en el proceso electoral y dará más voz
a los jóvenes en la política nacional a través
de las instituciones. Dado que muchos trabajadores se integran muy jóvenes
en el mercado laboral y en algunos casos crean familias más precozmente,
esta enmienda permite que los trabajadores jóvenes puedan presentar
sus demandas específicas sobre convenios colectivos y contingentes
de empleo.
La oposición, liderada por FEDECÁMARAS (Federación
de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de
Venezuela), rechaza con vehemencia la enmienda que reduce la jornada
laboral a 6 horas, enmienda que los sindicatos y los trabajadores de
todos los sectores apoyan de forma abrumadora. Permitirá que
se destine más tiempo a la familia, los deportes, la educación,
la formación profesional, la educación política
y la participación social, así como a la participación
en los recién constituidos concejos comunitarios. La legislación
relacionada con el trabajo y los cambios en los derechos de propiedad,
que prestan una mayor trascendencia a la propiedad colectiva, reforzarán
el poder de negociación del mundo del trabajo frente al capital,
extendiendo la democracia hasta el lugar de trabajo.
Por último, la enmienda que eliminará la denominada "autonomía
del Banco Central" prevé que funcionarios electos y responsables
ante el electorado reemplacen a los banqueros centrales (quienes frecuentemente
son receptivos a los banqueros privados, a inversionistas extranjeros
y a funcionarios financieros internacionales) en las decisiones sobre
el gasto público y la política monetaria. Una de las principales
consecuencias será la reducción del exceso de reservas
en fondos denominados en dólares devaluados y un aumento en la
financiación de la actividad social y productiva, la diversificación
de las divisas, la reducción de los préstamos extranjeros
irracionales y el endeudamiento. La realidad es que el actual Banco
Central no es "autónomo", sino que depende de las exigencias
de los mercados financieros sin que lo afecten las prioridades de los
funcionarios electos, quienes sí han de responder a las necesidades
populares.
CUANDO EL GOBIERNO DE CHÁVEZ AVANZA HACIA EL SOCIALISMO DEMOCRÁTICO
LOS CENTRISTAS DESERTAN Y BUSCAN SOLUCIONES MILITARES
Conforme Venezuela cambia desde la transformación política
a la social, desde un estado del bienestar capitalista hacia el socialismo
democrático, las deserciones y las incorporaciones predecibles
van teniendo lugar. Tal como ya sucedió en la mayoría
de las demás experiencias históricas de transformación
social, algunos sectores de la coalición original del gobierno
implicada en cambios políticos institucionales formales desertan
cuando el proceso político avanza hacia un mayor igualitarismo
en la propiedad y hacia una transmisión del poder al pueblo.
Los ideólogos del "centro" lamentan la "violación"
del consenso establecido entre oligarcas y pueblo y etiquetan los nuevos
alineamientos sociales de "autoritarios", incluso cuando el
"centro" se vincula con la extrema derecha antidemocrática
y apela a la intervención militar.
Conforme el referéndum salta a primera plana con sus claros matices
de clase, un proceso similar de deserciones de elite y un mayor apoyo
de las masas están teniendo lugar en Venezuela. El "centro",
carente de confianza en su habilidad para frustrar las enmiendas constitucionales
a través del voto, temeroso de la mayoría democrática,
resentido del inmenso atractivo popular del democráticamente
electo presidente Chávez, se ha unido con la derecha en un postrero
esfuerzo por unificar las fuerzas extraparlamentarias y derrotar la
voluntad del electorado.
Una figura emblemática de la nueva derecha y de las deserciones
"centristas" es Raúl Baduel, el ex ministro de Defensa,
cuyo virulento ataque contra el presidente, el Congreso, los procedimientos
electorales y el referéndum lo señalan como aspirante
a liderar una toma del poder por parte de la extrema derecha apoyada
por USA.
Tras el golpe militar de abril de 2002, los medios liberales y de derecha
y los inescrupulosos propagandistas "centristas" retrataron
falsamente a Raúl Baduel como el "salvador" de Chávez.
La verdad es que Baduel intervino solamente después de que cientos
de miles de venezolanos pobres bajaran en tropel desde los "ranchitos",
rodearan el palacio presidencial y provocaran la división en
las fuerzas armadas. Baduel rechazó a la minoría de oficiales
derechistas que estaban dispuestos a un baño de sangre y se alineó
con otros que se opusieron a medidas extremistas contra el pueblo y
a la destrucción del orden político establecido. Este
último grupo incluía a oficiales que respaldaron las políticas
nacionalistas y populistas de Chávez y a otros, como Baduel,
que se opusieron a los golpistas porque el putsch polarizaba la sociedad
y podría terminar en una guerra civil de clases sociales con
incierto resultado. Baduel era favorable a la restauración de
un Chávez "escarmentado" que mantendría el statu
quo económico existente.
Dentro del gobierno de Chávez, Baduel representó a la
tendencia anticomunista que presionaba al presidente para que se "reconciliara"
con la derecha "democrática moderada" y el mundo de
los negocios. En la política interior Baduel se opuso a la ampliación
de las nacionalizaciones y en la exterior favoreció la colaboración
con el ultraderechista Ministerio de Defensa colombiano.
La etapa de Baduel como Ministro de Defensa reflejó sus predisposiciones
conservadoras y su falta de competencia en asuntos de seguridad, sobre
todo en la seguridad interna. No protegió las fronteras de Venezuela
de las incursiones del ejército colombiano. Peor aún,
no se opuso a la infracción flagrante de las normas internacionales
por parte de Colombia con respecto a los exiliados políticos.
Mientras que Baduel fue Ministro de Defensa, grupos armados paramilitares
de propietarios venezolanos asesinaron a más de 150 campesinos
activistas en pro de la reforma agraria, mientras que la Guardia Nacional
miraba para otra parte. Bajo la vigilancia de Baduel más de 120
paramilitares colombianos se infiltraron en el país. El ejército
de Colombia cruzó con frecuencia la frontera venezolana para
atacar a refugiados colombianos. Con Baduel oficiales venezolanos colaboraron
en el rapto de Rodrigo Granda (un emisario de asuntos exteriores de
las FARC) en pleno día en el centro de Caracas. Baduel no hizo
esfuerzo alguno por investigar o protestar ante esta enorme infracción
de la soberanía venezolana, hasta que el presidente Chávez
fue informado e intervino. Durante toda su etapa como Ministro de Defensa,
Baduel desarrolló fuertes vínculos con el servicio de
inteligencia militar de Colombia (estrechamente supervisado por la Agencia
de Inteligencia de la Defensa de USA y la CIA) y extraditó a
varios guerrilleros del ELN y de las FARC, que cayeron en manos de sanguinarios
torturadores colombianos.
Llegada la hora de su retiro como Ministro de Defensa, Baduel pronunció
un discurso de despedida en julio de 2007 cuyas flechas iban claramente
dirigidas contra las corrientes izquierdistas y marxistas del sindicato
UNT y el PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela), entonces
recién anunciado por Chávez. Su discurso, en nombre del
"socialismo cristiano", fue en realidad una malhumorada diatriba
anticomunista, que resultó del agrado del papa Benedicto (Ratzinger).
Sin embargo, el discurso de Baduel del 5 de noviembre constituye su
adhesión pública a la oposición de línea
dura, a su retórica, a sus maquinaciones y a sus posiciones de
una revocación autoritaria del programa de socialismo democrático
de Chávez. En primer lugar, en la estela de la Casa Blanca y
de la "derecha dura" venezolana, denunció como "un
golpe de Estado" la totalidad del debate en el Congreso sobre las
enmiendas constitucionales y la campaña electoral que ha de llevar
al referéndum. Todos los expertos y los observadores exteriores
disintieron, incluso aquellos que están en contra del referéndum.
Sin embargo, el propósito de Baduel fue cuestionar la legitimidad
del procedimiento político al completo con vistas a justificar
su llamamiento a la intervención militar. Su retórica,
que tacha de "fraude" y de "procedimientos fraudulentos"
el debate del Congreso y el voto, pone de manifiesto el esfuerzo de
Baduel por denigrar las instituciones representativas existentes para
justificar un golpe militar, que las desmantelaría.
Resulta ridículo que Baduel niegue cualquier pretensión
política personal, puesto que sólo invitó a medios
de la oposición y a políticos a su "conferencia de
prensa" y apareció acompañado de algunos oficiales.
Baduel se parece al dictador que acusa a la víctima de los crímenes
que está a punto de cometer. Al tachar de "golpe de Estado"
el referéndum sobre la reforma constitucional incita al ejército
a dar un golpe de Estado. En un llamamiento abierto para la acción
militar ordena a los militares que "reflexionen sobre el contexto
de la reforma constitucional". Pide una y otra vez a los oficiales
que "evalúen cuidadosamente" los cambios que el gobierno
electo propone "de manera apresurada y mediante procedimientos
fraudulentos". Al mismo tiempo que denigra las instituciones democráticamente
electas, Baduel recurre a halagos vulgares y a falsa modestia para inducir
la rebelión militar. Mientras que niega presuntuosamente estar
actuando como portavoz del ejército, advirtió a los reporteros
derechistas presentes y a la potencial cohorte militar que "no
se puede menospreciar la capacidad de análisis y de razonamiento
de la Fuerza Armada".
Las declaraciones de Baduel están llenas de doblez, hipocresía
y falsa pose de desinterés. Sus pretensiones de que es un crítico
"apolítico" se contradicen por su intención
de iniciar una gira de discursos en el ámbito nacional para atacar
las reformas constitucionales, en reuniones organizadas por la oposición
de derecha. No existe la menor duda de que no se dirigirá únicamente
a un público civil, sino que hará los esfuerzos necesarios
para reunirse con oficiales del ejército en activo, a quienes
podría convencer para que "reflexionen"... y tramen
el derrocamiento del gobierno con el fin de invertir los resultados
del referéndum. El presidente Chávez tiene toda la razón
del mundo cuando dice que Baduel es un traidor, si bien dada la hostilidad
de larga data de éste a la transformación social igualitaria
puede que sea más pertinente decir que ahora está revelando
su verdadera cara.
El peligro para la democracia venezolana no está en Baduel como
individuo, pues ya no forma parte del gobierno ni es un militar en activo.
El verdadero peligro es el esfuerzo que está haciendo por arengar
a los oficiales con tropa bajo su mando para que respondan a su llamado
a la acción o cuando pide ingeniosamente "que los militares
reflexionen sobre el contexto de las reformas constitucionales".
Los análisis y el programa de acción de Baduel sitúan
al ejército en el centro de la política, por encima de
16 millones de votantes.
Su defensa vehemente de la "propiedad privada", acorde con
su llamado a la acción militar, es una táctica ingeniosa
para unir a generales, banqueros y clase media en la estela infame de
Augusto Pinochet, el criminal tirano chileno.
La polarización de las clases en el período previo al
referéndum ha alcanzado su punto álgido: los restos de
la coalición multiclasista que incluía a una minoría
de la clase media y a la gran mayoría de la fuerza de trabajo
se están desintegrando. Millones de trabajadores jóvenes
antes apáticos o apolíticos, pobres desempleados y mujeres
de bajo salario (trabajadoras domésticas, lavanderas, madres
solteras) se están uniendo a las inmensas manifestaciones populares
que desbordan las calles principales y las plazas a favor de las enmiendas
constitucionales. Al mismo tiempo, las deserciones políticas
han aumentado entre la minoría centrista-liberal de la coalición
de Chávez. Catorce diputados de la asamblea nacional, menos del
10%, la mayoría de PODEMOS, se han pasado a la oposición.
Fuentes fiables en el interior de Venezuela (véase http://axisoflogic.com/artman/publish/article_25479.shtml)
informan de que el fiscal general Isaías Rodríguez, un
defensor de la ley particularmente inepto, y el contralor general Clodosbaldo
Russian van a dimitir para pasarse a la oposición. Estos mismos
informes señalan algo todavía más grave: que la
IV División de Maracay es leal al "golpista" Raúl
Baduel. Hay quien sospecha que Baduel está utilizando sus lazos
personales de larga data con Gustavo Rangel Briceño, el actual
Ministro de Defensa, para convencerlo de que deserte y participe en
los preparativos del golpe de Estado. Grandes sumas de dinero yanqui
están entrando a raudales para financiar en efectivo a funcionarios
estatales y locales con promesas de compartir el botín petrolero
si Chávez es destituido.
El soborno político más reciente de USA ha sido el de
Luis Felipe Acosta Carles, gobernador del estado de Carabobo. Los medios
han publicitado repetidamente, de hora en hora en sus "informes
periodísticos", a estos nuevos desertores hacia las filas
de la derecha, destacando su ruptura con el "golpe de Estado"
de Chávez.
El referéndum se está convirtiendo en un caso inusitadamente
violento de "guerra de clases contra clases", en la que el
futuro de toda la izquierda latinoamericana está tan en juego
como el control de Washington sobre su principal proveedor de petróleo.
CONCLUSIÓN
La democracia venezolana, la presidencia de Hugo Chávez y la
mayoría de las clases populares del país se enfrentan
a una amenaza mortal. USA asiste impaciente a repetidas derrotas electorales,
pero es incapaz de iniciar una intervención externa a gran escala
debido a la excesiva implicación de sus unidades militares en
Oriente Próximo; de nuevo busca el derrocamiento violento de
Chávez. Por medio de las reformas constitucionales, Venezuela
ampliará y hará más profundo el control democrático
popular sobre la política socioeconómica. Nuevos sectores
económicos serán nacionalizados. Programas sociales e
inversiones públicas de mayor envergadura serán implementados.
Venezuela se está dirigiendo inexorablemente hacia una diversificación
de sus mercados petroleros, de sus reservas de divisas y de sus alianzas
políticas. El tiempo se le acaba a la Casa Blanca: las palancas
de influencia política de Washington se están debilitando.
Baduel está considerado como la mejor esperanza para provocar
un ataque militar que devuelva a los oligarcas al poder y diezme los
movimientos populares de masas.
El presidente Chávez está "valorando correctamente
al alto mando" y dice que "tiene plena confianza en las fuerzas
armadas nacionales y en su miembros". Pero la mejor garantía
es atacar con dureza y celeridad, precisamente contra los seguidores
y asociados de Baduel. Hacer una redada a unas cuantas docenas o a varios
centenares de conspiradores militares es un precio muy barato si con
ello se salvan las vidas de miles de trabajadores y activistas que serían
masacrados en caso de un asalto sangriento al poder.
La historia ha enseñado repetidamente que cuando un líder
pone la democracia social, el igualitarismo y el poder popular en la
cima del programa político, tal como ha hecho Chávez,
y cuando la mayoría del pueblo responde con entusiasmo, la derecha,
los militares reaccionarios, los desertores y los ideólogos del
"centro" político, la Casa Blanca, las clases medias
histéricas y los cardenales de la Iglesia sacrifican todas y
cada una de las libertades democráticas para defender su propiedad,
sus privilegios y el poder con cualquier medio y al coste que sea necesario.
En la actual confrontación, que todo lo invade, entre las clases
populares de Venezuela y sus enemigos oligarcas y militares, únicamente
si se arma al pueblo moral, política y organizativamente podrá
garantizarse la continuidad del proceso democrático de transformación
social.
Habrá cambio, pero la cuestión es saber si será
por medio de los votos o de las botas.
Traducido para Rebelión por Manuel Talens.
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