REPERCUSIONES DEL NO A LA CONSTITUCIÓN EUROPEA

ISLAS MALVINAS: ENTRE EUROPA Y AMÉRICA

POR ALBERTO BUELA (*)

Los argentinos nos enteramos casi sobre la marcha que las islas Malvinas estaban incorporadas en los anexos de la Constitución Europea y que cuidadosamente se había elaborado bajo la mirada vigilante del ex presidente de Francia y gran masón Valery Giscard d´Estaing.

De la misma manera nos enteramos entre sorprendidos y desinformados que los franceses votaron “no a la Constitución”. Y así la inmensa mayoría de los periodistas, por no decir todos, nos hablaron del racismo francés por no querer que entre Turquía en la Unión Europea y del pueblo galo como burgués por no querer perder sus ventajas comparativas.

Nos preguntamos: Si el pueblo francés hubiera votado por el “SI”, ¿Las Malvinas se hubieran consolidado como posesión europea, específicamente inglesa? Sí, así es efectivamente.


Malvinas

A los argentinos nos vienen bien todas las argucias, todos los argumentos, todas las circunstancias en donde Inglaterra patine o caiga. Así nos vino como anillo al dedo que Pinochet fuera detenido en Londres, pues Chile suspendió sus vuelos a las islas. Nos viene de perillas el “No francés” que dilata un reconocimiento más a favor de Inglaterra.

Nos vendría muy bien dar a conocer los casos múltiples de ebriedad y drogadicción en la población isleña, para mostrar que Inglaterra no se ocupa como debiera del bienestar de los pobladores que tomó a su cargo. Nos viene bien dar a conocer los casos de depredación marítima y explotación irracional de los recursos no renovables. Nos vino muy bien que los representantes ingleses de los isleños acusaran, en la mismísima sede de la ONU, al gobierno argentino de prepotente. Eso dio lugar a que nuestro canciller golpeara el escritorio y les respondiera in situ. En esto hay que seguir el consejo de San Pablo sobre la fe en Cristo: hay que hablar con ocasión o sin ella.

Al haber renunciado nosotros explícitamente a la violencia, o mejor, al uso de la fuerza, desoyendo aquel viejo consejo de Virgilio: si vis pacen para bellum (si quieres la paz, prepara la guerra), tendríamos que tener un equipo ocupado exclusivamente en recoger todo tipo de argucias, argumentos y circunstancias en donde Inglaterra se tropiece, para allí presionar a fin de obtener mejores beneficios. Y en un segundo momento, si nos da el cuero, crearle nosotros situaciones comprometidas, ambivalentes y engorrosas a Inglaterra. ¿Tiene acaso nuestra cancillería una oficina ocupada en esto? Evidentemente No.

Esto tiene que ser una política de Estado: algo ejecutado en forma permanente, y no simplemente una política de Gobierno: dura lo que dura tal o cual gobierno.

(*) Filosofo, Vicepresidente del CEES (Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos).
alberto.buela@gmail.com