La Ley agrícola estadounidense (Farm Security and Rural Investment
Act of 2002), consistente en pagos anti-cíclicos, préstamos
de mercado y pagos directos, trae efectos negativos para los agricultores
del resto del mundo, por varias razones: 1) los pagos anti-cíclicos
están ligados al nivel de precios y al volumen de producción,
es decir, entre menores sean los precios y más alta la producción,
mayores serán los pagos que reciben los agricultores, actuando
como distorsionantes del mercado al restringir la posibilidad de modificar
áreas cultivadas; aunque los precios internacionales de un producto
sean bajos o los rendimientos presenten disminuciones, los agricultores
no modificarán sus áreas o unidades producidas, pues sus
pagos se verían afectados. 2) Estimulan la superproducción
al permitir que los agricultores continúen produciendo aunque
sus costos de producción sean mayores a los precios internacionales
de esos bienes, presionando así una caída de los precios
de los productos. 3) Aumentan la concentración y la especialización
en los que se conocen como los "ocho mayores cultivos". Estos
representan el 74% de los cultivos totales estadounidenses y reciben
entre el 70 y el 80% de los pagos totales del gobierno.
Los subsidios a los agricultores estadounidenses permiten que sus cosechas
puedan ser vendidas por debajo de los costos de producción, en
una práctica ilegal en el comercio mundial conocida como dumping.
Bajo esta figura, Estados Unidos exporta maíz a un precio menor
en 30% a los costos de producción, trigo en 40% y algodón
en 57%, solo por mencionar algunos casos. Las naciones receptoras de
las exportaciones subsidiadas sufren graves daños como resultado
de la pérdida de su propio mercado interno y por la inviabilidad
de exportar hacia los mercados internacionales donde "competir
se vuelve una utopía".
COLOMBIA ENTREGÓ EL AGRO EN EL TLC
A pesar de este desequilibrado panorama, el gobierno del presidente
Uribe aceptó, con la firma del TLC, eliminar todos los mecanismos
de protección a su agricultura, como el Sistema Andino de Franja
de Precios (SAFP), el Mecanismo Público de Administración
de Contingentes y, por supuesto, los aranceles, que rápidamente
llegarán a cero por ciento; lo que negoció el gobierno
de Uribe en este aspecto fue el tiempo en que deberá ser desprotegido
el campo. Sin embargo, de forma inequitativa y asimétrica, el
gobierno estadounidense no eliminará las ayudas internas que
otorga a sus agricultores, permitiéndoles exportar con dumping
sus excedentes agropecuarios.
El país también aceptó cláusulas que son
contrarias al interés nacional y al mandato constitucional de
proteger la seguridad alimentaria de sus ciudadanos. Al firmar la cláusula
de Nación Más Favorecida (NMF), Colombia aceptó
que todas las ventajas que el país negocie con un tercero, obligatoriamente
tendrá que reconocérselas a Estados Unidos; pero la cláusula
no es recíproca, pues Colombia no podrá reclamar las ventajas
que este país le otorgue a otro, en el marco de nuevos TLCs.
El TLC, es la profundización de la política de apertura
económica, a través de la cual se busca la especialización
del país en cultivos tropicales dirigidos a las exportaciones,
aprovechando, según el gobierno, las ventajas comparativas: "La
expansión del sector agropecuario no puede tener como referencia
el mercado interno", afirma el gobierno colombiano en su política
de largo plazo, presentando como estrategia de crecimiento de la economía
nacional y de alternativa para el campo, el aumento de la capacidad
exportadora de productos como: tabaco, yuca, algodón, papa, cacao,
ají, brócoli, cebolla, espárragos, pimentón,
lechuga, alcachofa, uchuva, bananito, limón tahití, maracuyá,
pitahaya, piña, mango, feijoa, madera aserrada (teca, melina,
roble, pino), caña de azúcar y palma de aceite (biocombustibles),
que no constituyen la dieta básica de los seres humanos. El propósito
del gobierno colombiano con el TLC es especializar al país en
la producción de géneros tropicales, a cambio de importar
los alimentos desde Estados Unidos, es decir provocará la pérdida
de la soberanía alimentaria de los colombianos.
En el caso de los biocombustibles, proyecto prioritario para el gobierno
nacional, existe la preocupación de que grupos de narcotraficantes
y paramilitares se apropien de extensas regiones dedicadas a la agricultura
comercial, mediante el desplazamiento forzado de sus poblaciones. Según
el Procurador General de la Nación, el gobierno ha propuesto
un proyecto de ley que, legalizaría predios ilegítimamente
adquiridos por los paramilitares. Pareciera que el principal objetivo
del gobierno de Uribe, según el Procurador, "fuese legitimar
los cultivos de palma
en el marco de sistemáticas y recurrentes
violaciones a los derechos humanos, los cuales, además, han propiciado
las amenazas y asesinatos contra quienes se oponen a ellos". Esta
situación se repetiría en cultivos de tardío rendimiento
como el caucho, plantaciones forestales, entre otros, que requieren
enormes capitales, propiciando que actores que han concentrado la tierra
a costa de pequeñas comunidades campesinas sean los únicos
beneficiarios.
EL GOBIERNO LE MIENTE AL PAÍS CUANDO DEFIENDE EL TLC
En la defensa que realiza el gobierno de Uribe a la negociación
y firma del TLC existen varias y graves inconsistencias que no corresponden
a la realidad:
1. El TLC abre las puertas a nuevos mercados: el mayor éxito
de la negociación fue no perder lo que ya se tenía por
cuenta del ATPDEA. En efecto, prácticamente la totalidad de las
exportaciones agrícolas hacia Estados Unidos que fueron desgravadas
en el TLC actualmente están cobijadas por las preferencias unilaterales
otorgados por el país del norte.
2. Colombia consiguió un acceso real de sus productos al mercado
estadounidense: las Medidas Sanitarias y Fitosanitarias (MSF) no fueron
negociadas y sólo se logró una carta adjunta de Estados
Unidos para "cooperar" y realizar los "esfuerzos"
para promover la "implementación del Acuerdo MSF de la OMC",
es decir, el compromiso de Estados Unidos ni siquiera es avanzar en
la eliminación de Barreras No Arancelarias (BNA), sino simplemente
manifestar su intención de cumplir con la normatividad de la
OMC(16). Aún así no existe ningún mecanismo vinculante
para esta carta, por lo que dichos esfuerzos quedarán a voluntad
del gobierno estadounidense. Por el contrario, el TLC es contundente
al afirmar que "ninguna parte podrá recurrir al mecanismo
de controversias establecido bajo este Acuerdo para ningún asunto
que surja bajo este Capítulo". Según el propio jefe
de la mesa de negociación de este capítulo por Colombia,
Juan Lucas Restrepo, "lo que temíamos, y aún tememos,
es que en la práctica se restrinja indefinidamente el ingreso
de los productos colombianos a ese mercado con argumentos para-arancelarios
-o sea, sanitarios- como un excesivo rigor en el cumplimiento de las
normas sanitarias y de inocuidad". Paradójicamente, un estudio
del Departamento Nacional de Planeación afirma que "si los
Estados Unidos elimina las Barreras No Arancelarias a todo el mundo,
los resultados para Colombia serían negativos". En efecto,
el informe es claro al prevenir que los análisis realizados por
el gobierno sólo se hacen en un escenario de liberalización
entre Estados Unidos y Colombia, es decir, que no tienen en cuenta que
el primero le está ofreciendo su finito mercado a otros países,
y no se tiene en cuenta que el país tendrá que competir
en los mismo sectores con estos países.
3. La agricultura se beneficiará por la exportación de
biocombustibles: en las actuales circunstancias del negocio, con el
etanol los únicos ganadores son los industriales, no los agricultores.
Además, a exportación de etanol a los Estados Unidos no
pasa de ser una ilusión, pues la producción actual no
alcanza ni siquiera para abastecer el mercado nacional. Pero más
contundente es que bajo las preferencias del ATPDEA hoy es posible exportar
etanol sin arancel a los Estados Unidos. Sino se hace, es porque a los
ingenios sucro-alcoholeros les resulta más rentable venderlo
en el mercado interno que exportarlo. Si en algún momento el
país llegara a exportar etanol a Estados Unidos sería
gracias a los subsidios otorgados a los ingenios por el Estado, por
los trabajadores, por los cultivadores y por los consumidores nacionales.
IMPORTACIONES DESDE ESTADOS UNIDOS GENERARÁ PÉRDIDAS DE
HECTÁREAS DE PRODUCCIÓN Y EMPLEOS RURALES
Los estudios oficiales prevén un balance comercial negativo para
el sector agropecuario como consecuencia de la implementación
del TLC. Un estudio realizado por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo
Rural de Colombia (2004) indica que existen perspectivas desfavorables
para la agricultura por cuenta de las restricciones al acceso de los
productos colombianos al mercado estadounidense y que "el sector
rural saldría damnificado por el TLC si no se preservara un sistema
de estabilización como el SAFP", predicción que resultará
cierta pues efectivamente el país aceptó su eliminación.
Un estudio del Banco de la República estima que las importaciones
agropecuarias desde Estados Unidos, por cuenta del TLC crecerán
US $ 571 millones de dólares, mientras las exportaciones hacia
ese país tan solo lo harán en US$ 191 millones de dólares,
es decir, 3 veces menos, análisis que se realiza sobre la base
que indudablemente se presentará una desviación de comercio
que disminuirá las exportaciones al resto de socios comerciales
de Colombia, a la vez que aumenta las compras que se realizarán
a Estados Unidos.
La más reciente investigación sobre los resultados de
la negociación en el sector agropecuario colombiano, indica que
se presentará un fuerte impacto sobre los precios internos, incluso
desde el mismo inicio del Tratado. Los resultados se presentan en el
siguiente cuadro:

Fuente: La negociación agropecuaria en el TLC, alcances y
consecuencias. Luis Jorge Garay, Et al. Planeta Paz. Bogotá,
2006. 182 p.
En el balance neto agrícola, Colombia importará desde
Estados Unidos, en el primer año de vigencia del TLC 4.629.000
toneladas de alimentos, lo que aumentará las importaciones provenientes
de Estados Unidos en 70%, mientras Colombia sólo aumentará
sus exportaciones en 63.000 toneladas anuales. Es decir, Colombia consiguió
73 veces menos que lo obtenido por Estados Unidos.
Ni siquiera el sector de las flores, sector bandera de defensa del gobierno
nacional, saldrá bien librado en el TLC. En efecto, los más
férreos argumentos del ejecutivo para firmar un acuerdo con los
Estados Unidos se basaban en las oportunidades de empleo y producción
que generaría la consolidación de las preferencias arancelarias
para este sector, que no suman más de 30 millones de dólares
en un año. Sin embargo, como resultado de una sobreoferta en
el mercado mundial, la transnacional estadounidense Dole Fresh Flowers
anunció en septiembre de 2006 el cierre de fincas en Colombia
y Ecuador que generará el despido de más de 3.500 personas.
DESPOBLAR EL CAMPO GENERARÁ MAYOR MISERIA Y VIOLENCIA
Por lo menos 365.000 hectáreas menos dedicadas a la agricultura
comercial y 86.000 campesinos sin ninguna oportunidad, tendrán
que dedicarse a otras actividades. En unos casos, estos campesinos se
desplazarán a las ciudades a engrosar los cordones de miseria;
en otros, su única alternativa será cultivar coca. En
efecto, la falta de oportunidades en los campos colombianos es el combustible
que alimenta la violencia que sufre el país, y se profundiza
con la desprotección del agro como resultado de las políticas
de liberación comercial.
El fracaso de la lucha contra las drogas en Colombia ocurre al mismo
tiempo que la agricultura es cada vez más desprotegida por el
Estado. Tras seis años de Plan Colombia y US$ 4.700 millones
de dólares, el precio, la calidad y la disponibilidad de cocaína
es exactamente igual en las calles estadounidenses. Según Jon
Caulkins, de la Universidad Carnegie Mellon, la guerra contra las drogas
les ha costado a los ciudadanos estadounidenses cerca de 40.000 millones
de dólares y hoy hay más hectáreas sembradas en
coca que antes de la aplicación del Plan Colombia.
El gobierno de Uribe afirmaba que para el año 2006 ya no habría
una sola hectárea de coca, sin embargo, el hecho que haya más
decomiso, aspersión e interdicción no significa que la
estrategia sea efectiva. Si así lo fuera, los indicadores deberían
estar disminuyendo como prueba de que el narcotráfico está
siendo eliminado. Por el contrario, el panorama actual es que la aspersión
de la hoja de coca se ha incrementado 32% durante su mandato; en 2006
se incautó 47% más de cocaína que en 2002. Según
el Departamento de Estado de Estados Unidos, el número de hectáreas
sembradas en coca se incrementó de 113.850 hectáreas en
2003 a 144.000 hectáreas en 2005. En el año 2002 Colombia
producía el 80% de la cocaína del mundo; hoy el 90% de
la cocaína destinada al mercado estadounidense es colombiana
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