Para Perú es señal de que con unos "arreglitos",
que los peruanos de antemano ya han aceptado, su "ansiado"
TLC será realidad y para Colombia consiste en ponerle una "bomba
de tiempo" al Congreso y montarle tal presión a fin de que
los sectores exportadores e importadores y los "ganadores"
puedan ponerlo en la picota si discute mucho y no lo aprueba rápido,
aunque se ha dicho que podría cambiar en algunos términos
a instancias de Estados Unidos, que apruebe el texto final sin chistar
así luego pueda ser otro. Si se consigue la aprobación
aquí, se allanará el camino frente a las trabas que casualmente
coloque la mayoría demócrata allá, quitaría
piso a los reparos.
Los efectos benéficos del ATPDEA se han magnificado. Las mismas
cifras oficiales desmienten sus efectos "mágicos".
Veamos, entre 1998 y 2002, el petróleo, los combustibles y sus
derivados fueron el 53,2% de las exportaciones de Colombia a Estados
Unidos y con el carbón, el café, las flores, el banano,
los pigmentos y los pantalones sumaron el 80% de las ventas totales.
¿Cómo se ha modificado esa estructura luego de cuatro
años de ATPDEA? El petróleo y sus derivados y el carbón,
para junio de 2006, eran el 56,11% de las exportaciones a USA, con café,
flores y banano sumaban 73,3% y agregando piedras preciosas (oro y esmeraldas),
que son el 6,71%, y confecciones, que creció del 3% al 5,97%,
se llega al 86%. El balance es sencillo: entre 1998 y 2006, las "ventajas"
del ATPDEA y el ATPA consolidaron una determinada estructura productiva
y exportadora, basada en bienes primos y en maquila ensambladora en
confecciones, bajo el chantaje de perder el mismo instrumento que nos
ha llevado a tan triste condición se le exige al país
que debe firmar el TLC que la perpetúa. Si no se quiere perder
el látigo debe aprobarse un tratado que lo vuelva permanente.
Una prueba de esto es que en 1990, las manufacturas eran el 48% de las
exportaciones de Colombia a Estados Unidos (véase Planeación
Nacional, Martín, Ramírez, noviembre 2004), entre 1998
y 2003 bajaron al 36% y para 2006 a duras penas llegan al 20%. Si se
conoce que más del 50% de todo ese comercio lo hacen firmas multinacionales
el cuadro queda completo.
No sólo eso. De acabarse el ATPDEA, los impuestos que pagarían
en Estados Unidos las exportaciones colombianas estarían regidas
por el arancel Nación Más Favorecida que en promedio para
la mayoría de los rubros beneficiados son los siguientes: el
3,1% para los pigmentos, el 6,4% para crisantemos, el 7% para fuel oil,
el 6,8% para rosas, el 3,2 % para claveles, 5% para la mayoría
de las confecciones. Con excepción de estas últimas, cuero
y calzado, entre las relevantes, que en 2005 sumaron 476 millones de
dólares, las demás estaban incluidas en el anterior ATPA
y éstas, teniendo en cuenta las flores, valieron en el mismo
año, 820. El monto de las exportaciones a Estados Unidos, cobijadas
por ATPDEA por el cual debemos firmar el TLC con todos sus costos, no
supera los 1.500 millones de dólares. Sobre la base de un arancel
que en el peor de los casos sería del 8%, el beneficio fiscal
es a lo sumo de 150 millones de dólares. En términos de
comercio exterior, el mismo estudio de Planeación ya mencionado
admite que, en cambio, los beneficios fiscales que Estados Unidos recibirá
por el TLC serían de 786 millones y el costo total fiscal estimado
para el gobierno colombiano sería de 947 millones, 6 veces más
que el de Estados Unidos.
¿No es el ATPDEA, a la luz de las cifras, lo que se conoce como
"un vil chantaje"?
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