CRISIS INSTITUCIONAL EN COLOMBIA
EL DE URIBE, UN GOBIERNO SALPICADO POR LA NARCO-PARA-POLÍTICA


POR RAFAEL RINCÓN

Seguridad Democrática es el nombre de la estrategia del Gobierno colombiano de Álvaro Uribe Vélez mediante la cual se privilegia una alianza con los Estados Unidos y con algunos sectores del narcotráfico para derrotar a la guerrilla colombiana y a otros sectores de la mafia. Esa alianza tiene sus antecedentes en la derrota de Pablo Escobar Gaviria y la victoria de "Los Pepes" (Perseguidos por Pablo Escobar) y alcanza la bendición política con las extradiciones y el acuerdo de Paramillo de 2001 en el departamento de Córdoba.

Terminada la constituyente de Paramillo en septiembre de 2001, cada fuerza salió con su apostolado a cumplir la misión patriótica de salvar a Colombia del comunismo y del terrorismo, de la mano del "líder" y con las consignas de la seguridad democrática y el Estado comunitario.

En Paramillo la democracia de 1991 se convirtió en adjetivo y la seguridad democrática fue el nombre de la Yihad uribista. Lo primero fue elegir Presidente y luego reelegirlo para un segundo periodo; el fin era afianzar la seguridad del cartel que había ganado la guerra en la década del noventa, lo demás se llamó pulso firme que eran las violaciones a los derechos humanos, y corazón grande que era la tolerancia a los corruptos, paramilitares y narcotraficantes financiadotes del régimen.

El narcotráfico encontró en Uribe Vélez el perfil de la persona con quien negociar: un político que hizo méritos en la Aeronáutica Civil y en la Gobernación de Antioquia, proclive al paramilitarismo (promotor de las "Convivir"), de formación liberal y de contenidos autoritarios, de extracción rural, hábil para los negocios y resentido con las Farc por el asesinato de su padre. Por su lado, las autodefensas vieron en Uribe Vélez a su representante: un hombre realista, práctico, sin vueltas para solucionar su problema fundamental: seguridad para su patrimonio territorial amenazado por la guerrilla.

En el primer periodo presidencial todo salió bien para los constituyentes de Paramillo. Sus logros superaron las expectativas: arrinconaron a la guerrilla y lograron la inmovilización narcoparamilitar. La economía fundada en la propiedad de la tierra se ensanchó, el sector financiero creció a más no poder, el narcotráfico se blanqueó y la coalición dominante llegó y se consolidó en el Congreso, en el Ejecutivo, en la Fiscalía y hasta el Consejo Superior de la Judicatura. Fue el periodo de la Contrarrevolución bonita, en donde todo parecía humilde, de carnitas y huesitos.

Un periodo en donde lo fingido fue creído. Gozó de altos niveles de aceptación y aplausos aquí y acullá. Sus logros fueron coronados en el Rancho familiar de los Bush en Estados Unidos.

Para el segundo periodo la Presidenta del Congreso de la República, Dilian Francisca Toro, de manera premonitoria y acertada, le impuso a Uribe Vélez la banda presidencial al revés. Esta vez no hubo fuegos artificiales de las Farc, ni tampoco presencia diplomática. Fue una posesión deslucida en donde el Presidente Uribe no dijo nada, ni quiso decir nada.

Con el segundo gobierno empezaron los reveses de la banda: El Director del Das, nombrado cónsul en Milán, después de haber convertido la oficina de inteligencia estatal en una filial del paramilitar Jorge 40, se negó a dar la cara a la justicia colombiana y es un prófugo de ella; el caso Jamundí (Valle del Cauca), en donde fueron asesinados los mejores oficiales antinarcotrafico de la Policía Nacional, delató la sed de dinero de algunos sectores del ejército; los falsos "positivos" desnudaron la corrupción que generan las recompensas y una forma torcida de ganar aceptación y construir legitimidad, y finalmente, la narcoparapolítica descubrió a los autores intelectuales de crímenes de lesa humanidad y las macabras alianzas de la coalición gobernante, alianzas que no ha condenado hasta el momento el Presidente Uribe.

El "bonapartismo" de Uribe lo tiene hoy frente al espejo indagando: "espejito, espejito ¿dime cuál es la revolución bonita, la de Chávez o la mía? Uribe Vélez sabe que su proceso político está certificado por el Gobierno de los Estados Unidos, pero no por la comunidad europea, ni por la mayoría de los gobiernos latinoamericanos.

Uribe para ganar no tiene escrúpulos, es un hombre de resultados. La agenda legislativa actual, como la reelección, la conquistará sumando votos de dudosa procedencia, vinieren de donde vinieren y simultáneamente se multiplicaran los reveses de la banda.