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CHARLA ANECDÓTICA |
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POR YIMEL DÍAZ MALMIERCA Sin prisa y preguntando por cada detalle de la antigua casona del siglo XVIII que desde 1993 acogió la obra del Pintor de Iberoamérica, Borja recorrió los salones decorados con las nuevas obras donadas por la Fundación Guayasamín a la Casa. Pablo Guayasamín, hijo del pintor y presidente de la Fundación, respondió solícito y paciente a cada pregunta que le formulaba el ex mandatario, como quien se siente en deuda ante una prueba, otra, de lealtad a la memoria de su padre. Al final del recorrido, satisfecha su curiosidad, Borja accedió a saciar la nuestra. |
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¿Cómo conoció a Guayasamín? Creo que fue por el año 1964. Estábamos reunidos en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en Quito, y hubo un incidente violento entre dos facciones políticas. Yo lideraba una de ellas. El ambiente se puso tan tenso que desenfundamos las pistolas y estábamos dispuestos a disparar. En ese momento apareció Guayasamín. Recuerdo que gritaba: "Entre hombres de cultura esto no puede ser, guarden sus armas". Nos quedamos impresionados pues se interpuso entre los dos bandos y así, con coraje, impuso la paz. Al otro día fui personalmente a agradecerle el gesto. Desde entonces fuimos amigos. Esa relación se estrechó con los años, particularmente en 1983 cuando tuvo la iniciativa de hacerme el retrato que aún conservo en un lugar privilegiado de mi biblioteca. Usted ha llegado a Cuba como una de las personalidades invitadas a los festejos que ha organizado la Fundación Guayasamín por el 80 cumpleaños del presidente Fidel Casto ¿Cuándo fue su primer encuentro con él? En 1985 fui invitado a Cuba a una de las conferencias que por entonces se organizaron en contra de la deuda externa. Recuerdo que el Palacio de las Convenciones estaba abarrotado de personas. En el primer y segundo recesos intenté acercarme a saludarlo pero la gente se aglomeraba y nunca pude llegar a donde estaba. En el tercer descanso se me acercó un compañero de protocolo y me dijo: "doctor Borja, Fidel quiere saludarlo". Yo casi muero de la vergüenza, que fuera él quien me llamara , qué podría pensar pero cuando nos acercamos la gente abrió paso y me presentaron. Él me puso la mano en el hombro, como suele hacer, y me dijo: "Vamos a conversar un rato". Montamos en un elevador y fuimos a una pequeña sala. Allí me dijo: "Mira, no quiero saber más de política ni de economía por hoy, hablemos de deportes que sé que es un tema que te apasiona". En realidad era un deportista activo en aquel momento y hoy, a pesar de mis 70 años, aún practico fútbol, voleibol y tenis. Gracias a eso pude contestar, durante casi dos horas, las preguntas que con precisión milimétrica me hizo acerca del Ecuavoley, una modalidad competitiva ecuatoriana similar al voleibol en la que solo intervienen tres personas por cada bando. El segundo encuentro fue durante mi investidura como presidente de Ecuador en agosto de 1988 y luego nos seguimos viendo en las Cumbres Iberoamericanas que tuvieron lugar en mi mandato (1988-1992). En el 2002, participé en la ceremonia de inauguración de la primera fase de La Capilla del Hombre. Esa vez le regalé un libro que yo había escrito titulado Enciclopedia de la política que ya va por 7 mil páginas, imagino que si nos vemos esta vez me comente qué le pareció. Seguramente, Fidel tiene muy buena memoria Sí, tengo una experiencia sobre eso. Una vez fui invitado a una cena donde solo estábamos siete personas. Fidel era una de ellas. Recuerdo que el postre fue helado de coco y yo me comí el mío rápido y luego cambié mi copa con el de al lado que estaba ausente en ese momento. Años después recibí un cargamento de helados de regalo de parte de Fidel. Yo le agradecí, por supuesto: "Soy un campeón comiendo helados", le dije. "Qué me vas a decir, si en el año tal le robaste el helado de coco a tu vecino", respondió. El pueblo ecuatoriano acaba de realizar unas elecciones de las que salió victorioso Rafael Correa. ¿Qué opinión tiene al respecto? Desde hace un año estoy retirado de la política y no me gustaría hablar del tema ¿Entonces ya no sacaría su pistola por diferencias políticas? No, no, ya no saco ni la lengua. |
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