AFIRMA EL PERIODISTA E INVESTIGADOR JOHN DINGES
"E.U. CAE EN LOS MISMOS ERRORES DEL PASADO A TRAVÉS DE SU AGRESIVA POLÍTICA EXTERIOR"

Estados Unidos no ha aprendido de sus equivocaciones del pasado. Como en la década de los años 70 cuando "el gobierno norteamericano avaló y respaldó las violaciones de derechos humanos cometidas por las dictaduras militares de Sudamérica, las cuales fueron masivas y sistemáticas, ahora cae en los mismos yerros del pasado con su agresiva política exterior". La reflexión es del periodista e investigador norteamericano John Dinges, autor del documentado libro "Operación Cóndor. Una década de terrorismo internacional en el Cono Sur" (Ediciones B).

En ese sentido considera que "Colombia constituye la última y gran intervención de Estados Unidos en América Latina. Bueno, esperemos que ojalá sea la última, -subraya- en la que el gobierno norteamericano trata de cambiar la trayectoria de un país por una intervención militar, diplomática e ideológica".

Haciendo una severa crítica de la política exterior norteamericana, Dinges en diálogo con WWW.CRONICON.NET, señaló que el gobierno de Bush continua "cometiendo los mismos errores de inteligencia, planteando soluciones equivocadas y de fuerza, y no de convencimiento. Se ha dejado atrás el respeto por los principios democráticos y por los derechos humanos. El historial en ese sentido de Estados Unidos es grave porque derroca gobiernos e invade países y ahora está involucrado en una invasión como la de Irak que es totalmente fracasada, lo cual daña mucho más su credibilidad frente al mundo".

"En mi libro sostengo -agrega-, que Estados Unidos perdió la identidad hace ya algún tiempo como el paradigma de la democracia en el mundo, e incluso ha inspirado odio. Además, ahora ya no es solamente el Policía del mundo como se lo denominaba anteriormente, sino que con su arrogancia busca consolidarse como una potencia imperialista para controlar los acontecimientos en el mundo y controlar los recursos naturales como el petróleo".

Dinges fue reportero en Chile y Centroamérica para el Time, ABC Radio y The Washington Post y editor del departamento de noticias de la National Public Radio. Como reconocimiento a su labor periodística ha recibido los premios Maria Moors Cabot en 1992 y DuPonto Columbia University Prize en 1993 y 2005.

Actualmente se desempeña como profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia y es miembro destacado del National Security Archive, instituto de investigación en política internacional que ha impulsado enérgicamente la desclasificación de documentos oficiales del gobierno norteamericano, muchos de los cuales han resultado claves en procesamientos por crímenes de Estado.

EL PLAN CONDOR Y LA COMPLICIDAD DE WAHINGTON

Como reportero residente en Santiago de Chile fue testigo del cruento golpe militar de Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973 y de su represión brutal ejercida contra los sectores que apoyaban al presidente derrocado Salvador Allende y a todo que oliera a oposición a su tiranía castrense.

Por eso se dedicó a investigar los excesos cometidos por el régimen del terror impuesto por el pinochetismo, y en 1980 publicó "Asesinato en Washington", en el que documenta los pormenores del homicidio del canciller y también ministro de Defensa durante el gobierno de Allende, Orlando Letelier, ocurrido el 21 de septiembre de 1976 en Washington.

En desarrollo de su trabajo periodístico encontró, además, clarísimas y contundentes evidencias del apoyo de la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado a la malhadada Operación Cóndor; pruebas sobre la trama de planes que se urdieron para cometer 22 mil asesinatos y desaparecidos en Argentina y sobre el apoyo secreto pero determinante del entonces secretario de Estado Henry Kissinger a los dictadores latinoamericanos. Por eso asumió el reto de continuar hurgando archivos, realizando entrevistas, allegando testimonios y documentación para concebir un nuevo libro que apareció en 2004, cuyo título "Operación Cóndor: Una década de terrorismo internacional en el Cono Sur", sugiere la expresión máxima del terror por parte del Estado en América Latina. En la portada se muestra a un alegre y distendido general Pinochet con uno de los hombres de su confianza y uno de los más temidos de la dictadura: Manuel Contreras Sepúlveda, director de la DINA, la policía de inteligencia secreta de Chile.

En el bien sustentado libro de Dinges se esboza la alianza terrorista que por casi una década, los gobiernos militares de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay y Bolivia mantuvieron con la complicidad y el decidido respaldo del gobierno de Estados Unidos para eliminar a sus enemigos políticos. Esto es lo que se conoce como Operación Cóndor. Dicho trabajo de investigación exhaustiva, como define su autor, es "gran parte historia oculta" y abarca el período 1973-1980, cuando las dictaduras militares gobernaban casi toda América del Sur.

Todo el andamiaje de los planes criminales que condujeron al sinnúmero de abusos, desapariciones, homicidios y desmanes de las dictaduras de ultraderecha de los países suramericanos queda documentado en este libro. Dinges considera que el gobierno estadounidense hubiera podido prevenir perfectamente el asesinato de Letelier, lo cual demuestra que los tentáculos de la Operación Cóndor, llegaba incluso hasta la Casa Blanca.

Critica el hecho de que Washington era muy consciente de que sus aliados en América Latina violaban los derechos humanos y no tuvo problema en aceptar las tácticas de las dictaduras del Cono Sur. "No debemos aceptar ese tipo de complicidades, es la primera lección que Estados Unidos debió sacar de ese error suyo", sostiene.

Igualmente, recuerda que "las guerras de Centroamérica de los años ochenta eran conflictos en los cuales Estados Unidos estaba detrás de la pantalla, alentando a un lado y tratando de derrocar o eliminar al otro lado, bajo la consigna ideológica del anticomunismo. El terror por parte del Estado era mucho más grave en la mayoría de los casos, que el terror mismo de los guerrilleros comunistas, pero se justificaba con una consigna ideológica".

Finalmente, considera que aún no se ha saldado la cuenta con las víctimas y con las sociedad latinoamericana por todos estos atropellos a los derechos humanos, sin embargo, "se ha comenzado a hacer y lo importante de los procesos judiciales que se están llevando a cabo en Chile, Argentina y otros países, es que demuestran que la sociedad no está dispuesta a dejar pasar la impunidad. Esto es muy importante porque deja establecido que aunque toma mucho tiempo, los países de América Latina no van a permitir que los errores del pasado queden impunes; que el pasado va a ser revivido hasta que se haga justicia. Y la justicia tiene dos partes: la de la verdad y la del castigo. Hemos avanzado en la justicia de la verdad pero nos falta progresar respecto del castigo".