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UNA HISTORIA PERSONAL LIGADA A LA DICTADURA ARGENTINA |
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POR SEBASTIÁN FERNÁNDEZ
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Por primera vez con un feriado nacional, mi país
conmemoró los 30 años del inicio de la última dictadura
militar, el Congreso aprobó el día como no laborable para
lograr una participación masiva en los variados homenajes y recordatorios
de una de las peores etapas de la historia de este país, en un
gesto mucho más político que humano. La céntrica
e histórica Plaza de Mayo de Buenos Aires fue el epicentro de una
vigilia de centenares de manifestantes que traen al recuerdo los 30.000
detenidos desaparecidos, el ejercicio de la memoria que las incansables
madres de mayo mantuvieron vivo a largo de estas décadas.
La dictadura argentina se gestó en el periodo democrático de 1975 con López Rega y su fuerza de choque, la siniestra triple A, el 24 de marzo de 1976 ocurrió lo que muchos esperaban: Isabel Perón fue detenida y trasladada a Neuquén. La Junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla y dispuso que la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea formarían el futuro gobierno con igual participación. Algunas medidas del autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional":
La operación conocida como la "Noche de los lápices", se desarrolló entre agosto y octubre de 1976, implicó el secuestro y desaparición de estudiantes secundarios de la ciudad de La Plata, que habían luchado en defensa de un boleto estudiantil, doce chicos de entre 14 y 18 años fueron secuestrados, de los cuales uno solo sobrevivió. Yo nací en septiembre del 76, durante ese mismo mes ocurre una hecho que explica y cuenta de manera clara y cruel como operaba la dictadura en Argentina. Esta, la historia de Pablo Díaz quien en 1980, tras cuatro años de cautiverio recuperó su libertad. El próximo documento es un relato en primera persona del mismo Pablo Díaz en oportunidad de su testimonio en el juicio a las juntas militares realizado en Buenos Aires el jueves 9 de mayo de 1985. El 21 de septiembre de 1976, a las cuatro de la mañana, se detienen cuatro vehículos en la puerta de mi casa, tocan el timbre, mi hermano abre la puerta y entran, todo se desarrolla muy rápido, eran varios hombres con pasamontañas y fusiles en mano, vestían con bombachas y pullóveres del ejército. Me agarran a mí y me tiran contra el piso boca abajo, revisan toda la casa, uno de ellos me pregunta: ¿Dónde está? Mí familia miraba atónita, me tapan la cabeza y me dicen: Vamos pibe Quedáte tranquilo! Me tiran al piso de la parte trasera de un auto, pero ya había una persona allí, así que me tiran encima, cruzamos la ciudad y llegamos a un lugar con portón, un vez dentro nos dejaron en una especie de hall, me sientan frente a luz y una persona pregunta:¿ Qué pasa con vos? ¿Estás en alguna organización guerrillera? ¿Que pasa en el colegio dónde vos estás? ¿Vos participaste del boleto escolar? Vas a vivir si yo quiero Uno se da cuenta cuando es de día y cuando de noche, por las torturas, siempre de noche, escuchaba gritos, una noche vinieron por mí, me tiran en una especie de catre, desnudo, me quemaron los labios, luego los genitales y las encías, la verdad no sé cuanto me tuvieron, uno se olvida del tiempo ahí: Dame un nombre y te vas. Yo no decía nada, trajo un pinza, sentí un tirón en el pié, pedí que me maten, todo el píe ensangrentado, con una uña menos, me tiraron al calabozo. En determinada ocasión nos juntaron a todos los chicos en el patio, aprovechamos para preguntarnos nombres, vino uno y me preguntó si no quería confesarme, el decía que era el sacerdote del lugar, va haber fusilamientos me anticipó, escuchaba a las chicas llorar, algunos caían desmayados, yo no reaccioné, me quedé mudo: ¡Preparen! Sentía gritos, un chico gritó ¡ Viva Montoneros! El del otro lado contestó: ¡Disparen! Lloraba, estaba esperando que el dolor me saliera por algún lado, sentía que las chicas seguían llorando. Bueno esta vez se salvaron, dijo uno. Al que había gritado Montoneros se lo llevaron, le decían: a vos te vamos a hacer mierda ¡Ustedes tranquilos! Y vuelta a la picana. Todo esto ocurrió, entre, yo calculo, cinco o seis días, yo entré un 21 de septiembre, después de tanta paliza me vinieron a buscar, siento que me dicen: Te vas a partir de ahí deambulé por varios centros de torturas y siempre preguntan lo mismo, sobre por qué habíamos participado en lo del Boleto Escolar, quienes eran nuestros superiores, que grados tenían, nombres de guerra, siempre con las manos atadas y los ojos vendados, sin comida por varios días, a veces nos visitaba un médico, mi último destino fue la Brigada de investigaciones de Quilmes, el 19 de diciembre de 1980 dejé de ser un desaparecido, me oficializaron, me enviaron al hospital, me daban de comer, me ponían al sol, igual conservaba las quemaduras de la picana, un día vino uno y me dijo: Tengo tu carpeta, ahora son otros tiempos, quiero que me cuentes porqué te llevaron, después de esa entrevista, a la semana, salgo en libertad, a pesar de todo, no tengo odios ni resentimientos, creo en la justicia y en dios por sobre todas las cosas, nada más La violencia es cotidiana, sistemática, desde el 10 de diciembre de 1983, con el retorno de la democracia, la protesta pública en las calles dejo un gran saldo de muertos y heridos, todos los gobiernos electos por el pueblo tiene en su gestión muertos a manos de sus fuerzas de seguridad, represión y muerte es un coktail que ninguno presidente pudo evitar para gobernar. Los políticos de turno se ocuparon de cargar las tintas sobre las victimas, con lugares comunes, infiltrados, agitadores, violentos. No por ser chico, en aquellos años no tengo memoria, la memoria es un ejercicio, es dinámica, a lo largo de mi recuerdo democrático, he visto abundante represión y desorden, algunas pareceres reglamentan la convivencia entre los ciudadanos, la ley, pero lo que escapa a la razón del sistema es apedreado, cada interpretación es propia y las representaciones son al menos egoístas y bastardas, no somos dueños ni de nuestras propias vidas, se juega un partido menos uniformado, pero la intensidad es la misma. En ocasiones me tiento, me gustaría preguntarles a los familiares de victimas de la represión en democracia por su sensación, ¿cómo se puede seguir con la convicción de ser democrático, si el estado te mata a un hijo, tarea para el hogar Y los que no forman parte de las cifras oficiales? Es tan predecible la violencia institucional que forma parte del boletín oficial, en la crisis de 2002 avisaron una semana antes que iba a haber sangre sino cesaban los cortes de ruta y los piquetes, a los pocos días fusilaron por la espalda a dos jóvenes de una coordinadora vecinal de desocupados, durante la tarde de un día laborable, con todos los medios presentes, casualmente uno de los autores, ex comisario hoy, participó en la última dictadura, las paredes que sustentan este circo no cambiaron, solo le dibujaron otro traje. Pero la realidad que vivimos, es la que votamos, entonces no hablo solo de milicos, hablo de todos nosotros, que avalamos dictaduras, indultos, guerras, mafias y me pregunto, habrá alguna superficie virgen dónde echarse un rato a reinventarse, Buenos Aires está careta, violenta y como siempre media facha, me pregunto si no habrá que buscar dentro, si en vez de cambiar el mundo, podemos cambiar nosotros. Cuando en el mundo ya no quede nada, en Buenos Aires la imaginación. |
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