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ENSAYO LA IDEOLOGÍA DEL MIEDO |
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POR ROBINSON SALAZAR* RESUMEN La nueva estrategia militar norteamericana
hacia América Latina, consiste en construir socialmente el enemigo
bajo tres parámetros: Terrorismo, Populismo Radical y Narcotráfico,
cuyos ejes cumplen la función de ligar toda actividad política
popular o de insubordinación contra los Estados Unidos con actividades
consideradas de alto riesgo para la democracia occidental. INTRODUCCIÓN El mundo, a partir de la década de los ochenta del siglo pasado, entró en una nueva fase de confrontación bélica que denominamos Nueva Guerra. Es nueva en la medida que supedita el carácter político-militar a los intereses económicos, no confronta a un enemigo en particular, sino que busca apropiarse de los recursos estratégicos y necesarios para el desarrollo y expansión del capitalismo; es una guerra no creada para el propósito de contrarrestar a un ejército subversivo que esgrime con proyecto antisistémico, puesto que no existe, más bien su orientación está en confrontar a todo aquello que se opone o resiste a la privatización y usurpación de recursos previamente focalizados (gas, petróleo, agua , biodiversidad y minerales necesarios para la industria tecnológica), lo cual le da el distintivo de guerra privatizadora o expropiadora pero anunciada como guerra antiterrorista y ofensiva contra el crimen organizado y el populismo radical. |
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Contra el terrorismo porque se han dado cuenta que
a partir de la supremacía militar, las combates no se darían
en confrontaciones de cara a cara o con acciones bélicas donde
los contingentes militares se expusieran, ya que el desarrollo tecnológico
había superado la etapa en donde los ejércitos confrontaba
y arrojaban muchas bajas. La incorporación de los dispositivos
satelitales, la comunicación inalámbrica, expedita, instantánea,
las armas de largo alcance teledirigidas por sensores y la ubicación
del enemigo de manera exacta, desplazó la confrontación
directa y situó la guerra tecnológica militar en el primer
plano.
Indudablemente que todo desarrollo tecnológico no puede ser
superior a la imaginación e inteligencia humana, de ahí
que la contraofensiva de los ejércitos de resistencia y de rebelión
no se hizo esperar y la acción directa recuperó el espacio
que había tenido, nada más que esta vez con mayor precisión
y oportunidad. ACCIÓN DIRECTA La acción directa la definimos como un recurso que un segmento amplio de los excluidos ha re-creado para resolver sus carencias y re-situarse en la sociedad, lo que nos dice que no es un arma política emocional ni vandalismo disfrazado para entorpecer todo lo que se hacen los demás miembros de la sociedad. La acción directa la hemos observado en cada comportamiento que los sujetos sin derechos llevan a cabo para expresarse, solos o juntos con otros que comparten sus convicciones o intereses; en cada persona que alguna vez haya planteado alguna cosa y la llevó a cabo resolutivamente, o que posea un plan imaginado y lo presente a los demás y se gane su cooperación para cristalizarla, sin tener la necesidad de recurrir a una instancia orgánica tradicional (partido o sindicato) o a una oficina de gobierno a pedir permiso o favor para que ayudasen. Se registra la acción directa de manera cotidiana en los sectores marginales al momento en que las comunidades barriales, comunales y marginadas han instrumentalizado un ejercicio de resolución de conflicto para resolver una diferencia, pacífica o de otra modalidad, con un vecino, amigo o miembro de la comunidad a la cual pertenece; también cuando una o varias personas actúan para construir un espacio de recreación, una escuela o desterrar un basurero. El recurso de la acción directa no es profundamente pensado, tampoco lleva mucho tiempo en la elaboración y ejecución, sino que tiene una naturaleza espontánea y casi siempre la lleva a cabo quien se encuentra en desventaja, se siente oprimido o no ve solución que venga del ámbito externo. Ahora bien, la acción directa puede ser pasiva o violenta, esto está en función del tipo de circunstancia que la engendra, de lo que sí estamos seguros es que la acción directa tiene vocación de cambio, aunque muchos piensan que después de que se lleve a cabo nada bueno resulta de ella, pero lo acontecido en Argentina, Bolivia, Ecuador, México, Venezuela y recientemente en los Estados Unidos y Francia, nos indica que no es así, porque posteriormente a las actuaciones de los pobres o sin derechos, el panorama de la lucha ha cambiado para ellos, para los partidos políticos, los sindicatos, los empresarios y el mismo gobierno. Un hecho curioso y digno de analizar en la acción directa es que casi siempre parte de una iniciativa individual, aunque también las hay de carácter colectivo o grupal, pero la osadía de un actor agrega una dosis de optimismo, de valentía y de decisión en los demás que lo acompañan, desatándose un acto de rebeldía que termina en un hecho violento que buscan invalidar una ley o el desempeño de un gobierno, una represión o intentona de golpe de estado, desembocando en lo que comúnmente conocemos como rebelión de masas. Lo discutible en este caso sería si la acción directa genera toma de conciencia en los demás, para lo cual afirmo que sí, porque las observadas en los últimos cinco años en América Latina así lo confirman, ya que los hechos repetitivos de saqueos, justicia por su propia mano, bloqueos de calles y de oficinas de gobierno, cacerolazos, quema de bancos, piquetes, corte de rutas, tomas de tierra, presidente depuestos y agresión a medios de comunicación que la juzgan, son síntomas de que hay un comportamiento escalonado que lleva un rostro de rebelión, quizá no apegada a las rebeliones de los años setenta, pero sí con una modalidad distinta, donde las actuaciones no son permanentes, sino cortocircuitante, impredecibles, súbitas e intermitentes. Otra parte importante de la acción directa es que no requiere hacer un balance posterior después de haberse llevado a cabo, tampoco se mueve bajo la lógica instrumental de costo beneficio, dado que los actores que la protagonizan no tienen nada que perder, son individuos que devienen de una circunstancia donde no tienen asegurada la comida, la vestimenta ni casa habitación funcional, su empleo está en riesgo perpetuo, tampoco su estatus migratorio es definitivo y la incertidumbre de su vida es permanente: Lo poco que poseen es producto de su esfuerzo individual o grupal y lo que pueden ganar es poco en lo que atañe a su vida personal, pero mucho en lo social, aunque en ello no hay dibujado un modelo o imaginario de sociedad alternativa, más bien es resolver en lo inmediato una penuria que le aqueja en la coyuntura que se le ofrece. La carencia de organización estructurada como las tradicionales no hace visible la trayectoria de la acción directa, puesto que su movimiento está montado sobre un entramado de redes, transita por espacios latentes, acumula experiencia a diario pero el reservorio donde las deposita no son expuestos públicamente, dado que la densidad de sus redes asociativas parten de la vida cotidiana y ello las hace invisible por momentos; sin embargo, son explosiva cuando se revelan ( de dos maneras: revela y rebela) porque la circunstancia le brinda una posibilidad para defenderse ante el agresor, sin embargo la no existencia de un imaginario social y de una ideología preclara , los pone a la orilla de la violencia, no porque ellos la busquen, sino porque ella ha sido el nido de su incubación como sujeto sin derecho o desciudadanizado . Carecer de los medios para vivir y ser reconocido como ciudadanos con derecho es un despojo, según su auto percepción, asimismo es un ejercicio violento contra la dignidad, contra la integridad de la persona, contra su futuro, contra su familia y contra su comunidad. Violenta ha sido su realidad y violenta es la respuesta que ellos dan a todo aquello que se oponen o le impide sobrevivir. La violencia no sólo de parte de los actores excluidos, también
existe en los ciudadanos con derechos, en el gobierno, en los empresarios
y en los partidos políticos, vivimos una sociedad cruzada por
múltiples coordenadas violentas, las hay desde las quiebras de
los bancos para confiscar los ahorros de los ciudadanos hasta el cobro
de intereses sobre intereses en los créditos hipotecarios, desde
la expropiación de sus tierras para una obra que beneficia a
la iniciativa privada hasta la aplicación de la ley contra el
terrorismo cuando demandan sus derechos los pobres; desde los empresarios
que sacan su dinero para provocar ingobernabilidad al dejar sin recursos
al Estado hasta el cierre de varias empresas por declarase en quiebra,
desde el desconocimiento de los derechos de los trabajadores hasta la
negación de los derechos políticos de pensar, creer y
expresarse distinto a la autoridad; en fin, son múltiples los
actos de violencia que descargan sobre las espaldas de los sujetos sin
derechos. Siendo así la acción directa, los estrategas del imperio la han tipificado como terrorismo, en la medida que estos actos de violencia defensiva confrontan la imposición del neoliberalismo depredador y la apropiación de los recursos naturales estratégicos. Pero todo no queda ahí, el antiterrorismo norteamericano también liga y envuelve la lucha contra la acción directa bajo el disfraza bajo y el rostro de la lucha contra el crimen organizado (narcotráfico, tráfico de órganos, de humanos y lavado de dinero) con el objeto de desmentalizar a los demás segmentos de las sociedades latinoamericanas al fijar la imagen de que lucha popular insurgente tiene el mismo significado que crimen organizado. Si nos asumimos como conocedores de las distintas problemáticas que estamos esbozando, es ilógico entrelazar una acción con otra, dado que las intenciones, el sentido y la orientación de cada fenómeno es diferente, son pocos los hilos vinculantes entre ellos, aunque no negamos que puedan darse en una circunstancia específica en alianzas estratégicas para combatir a un enemigo común, en este caso, un agente invasor, una dictadura o golpe de estado, pero no están ligados por naturaleza política o social los fenómeno de lucha emancipatoria con el crimen organizado ni el populismo radical con el narcotráfico. La liga es un recurso intencional del imperio y sus agentes divulgadores
de la ideología neoliberal, con base en que deben encontrar un
justificante de carácter político social para demostrar,
por la vía de la fuerza y sin razón, que todo aquello
que se mueve y se opone a sus intereses es parte del mal, lo diabólico,
lo irracional, lo indio, lo negro, el pobre y el excluido.(1) Lo que no hemos hecho es detenernos ante el denso mundo de la urdimbre del crimen organizado y en un intento analítico desenredar los hilos de la red, para demostrar cómo los nexos de este fenómenos están más fuertemente construido con asuntos del Estado, los ejércitos, las aduanas, policías, grandes y complejos hospitales, compañías de aviación y banqueros que con los rebeldes; son los dueños del poder y el gran capital quienes lucran con este negocios que redondea en un volumen, según el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que el monto que se lava en un año a nivel mundial representa del 2% al 5% del PBI mundial (US$600,000 millones a US$1'500,000 millones), dinero que si estuviera al servicio de los insurgentes, la revolución habría llegado desde hace años (2) En la lucha del imperio contra el crimen organizado, lo que está
en juego son los 500 mil millones de dólares que los Estados
Unidos lava anualmente a través del consumo y no sabe cómo
se le escapan; los casi 40 mil millones que se le fugan de la mano y
pasa al crimen organizado de México y lo inaudito, a pesar de
su alta tecnología, por la fronteras pasan más de 350
toneladas de cocaína anualmente, de las cuales, el 90% se procesan
en Colombia. El no poder controlar y hacerse de ese volumen de dinero es lo que hace que su argumento ligue a la insurgencia con el crimen organizado, de esa manera ataca dos males con un solo frente belicoso. IDEOLOGÍA DEL MIEDO El frente ideológico que busca, y ha logrado hasta ahora, es
sembrar el miedo como una estrategia que construye escenarios de riesgos
insertados en la subjetividad de los colectivos humanos. El objetivo
es alterar los estados de ánimo en las personas que conduzcan
a desordenarle las coordenadas que dan estabilidad a la vida cotidiana,
puesto que la angustia, el temor y la sensación de estar en peligro
los lleva a estados depresivos y de angustia colectiva. Así se presenta el estado militar, con el juego del terrorismo ha encarcelado a la sociedad, limitándola a atrincherarse en su individualismo, a temer de los semejantes, a ver al otro como potencial agresor, a vivir con la incertidumbre pegada a la vida y alejada de toda posibilidad de hacer vida comunitaria, porque cada vez que lo hace, el riesgo aumenta. La fragmentación, el alejamiento de los espacios públicos de deliberación y convivencia, la necesidad de estar ligados a la televisión para recibir la información visual permanente y mantenerse preocupado por contratar un seguro, compañías de seguridad personal, etc., son los síntomas de una sociedad enferma que se dejó impregnar por el virus del terrorismo mítico. Ahora bien, no sólo por razones políticas y económicas el Estado busca, para legitimar el uso de la fuerza e invadir la privacidad de las personas, encontrar culpables -aunque sean ficticios o ajenos a las acciones que se les imputan-, sino también por un recurso defensivo orientado a reducir la tensión que produce pensar algo terrible, lesivo de nuestra seguridad y nuestras vida; el estado,(4) como agente que intenta demostrar que controla y proporciona certidumbre, en esta contienda antiterrorista, en coyunturas propicias hace visible al enemigo, aunque esa visibilidad no está ligada al control o la destrucción absoluta de enemigo, sino como un elemento distractor que lo habilita como un ente capaz de atacar, imponer leyes, recortar las garantías constitucionales, etc., en favor de la seguridad. Mostrar a Bin Laden, el rostro de un líder palestino, al líder iraní Mahmud Ahmadineyad, señalar a las FARC de Colombia , al presidente Hugo Chávez o los Cocaleros de Bolivia como agentes perturbadores que se encadenan al terrorismo, es una habilidad recursiva de los Estados Unidos para dar a conocer que hay capacidad estatal para identificar al enemigo, para ubicarlo y perseguirlo, aunque esta ,maniobra no sea creíble en lo inmediato, la labor de los medios de comunicación de transmitirla varias veces permea la subjetividad y la siembra en el subconsciente colectivo hasta dotar de una dosis significativa de tranquilidad a la colectividad y que a la vez se perciba como un triunfo de la inteligencia policial. Las imágenes del enemigo, socializadas intencionalmente, lleva
el cometido de impregnar el mundo de vida ciudadano con representaciones
observables de quien le provoca los males, quien lo intenta aniquilar
y quien es el portador del mal, o como expresan los estrategas norteamericanos,
el eje del mal está ubicado. EL POPULISMO RADICAL Y LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL ENEMIGO La otra estrategia es la lucha contra el populismo radical, opción se abre con fuerza en la arena política América Latina, no como la alternativa que viabilice la emancipación pero si como una posibilidad de cementar la fragmentación e insularidad que se asoma en la sociedad. El achatamiento del Estado, la nulidad de políticas públicas, la privatización de los servicios públicos de salud, vivienda y educación, la escasez de empleo y los riesgos de las pensiones por vejez, ha provocado que las conciencias y preferencias políticas de los ciudadanos y los desciudadanizados den las espaldas a los políticos y los partidos políticos, restándole utilidad a la política y descalificando a la democracia procedimental. Ante este escenario, los políticos se han encaramado en el carro del populismo, cuyo contenido es difuso, heterogéneo y multidireccional, que interpretando las palabras de Laclau, en sí es un movimiento multiclasista que incluye componentes opuestos como ser el reclamo por la igualdad de derechos políticos y la participación universal de la gente, pero unido, a cierta forma de autoritarismo a menudo bajo un liderazgo carismático. Puede incluir demandas socialistas con tendencia a vindicar la justicia social, una defensa de la nación y un protagonismo en el sujeto pueblo. (6). En este populismo se ha encaramado la izquierda, o lo que se autodenomina izquierda, cuya búsqueda política no es semejante a la de los años setenta, ahora es menos confrontacional y más gradualista y pragmática, interesada en introducir reformas sociales que atenúen el impacto del neoliberalismo; pretende, dentro del marco del capitalismo, obtener mayor bienestar social a la población e instaurar un estado de derechos (7) ¿Qué aspectos de riesgo tiene el populismo radical en Latinoamérica y hasta donde los estrategas del imperio lo ven como riesgoso? Ante la desolación que va arrojando la aplicación ortodoxa de las políticas neoliberales y la cada vez mayor cantidad de hombres y mujeres que se quedan sin posibilidad de llevar una vida digna, por carecer de los elementos básicos para la sobrevivencia, el grueso de la población está carenciada de satisfactores básicos, esto es, vive por debajo de los índice requeridos por un ser humano para su desarrollo medio. La desresponsabilidad del Estado ante el cuadro de miseria y penurias, la indolencia de los políticos de oficio por asumir el reto de alterar el desorden en que vivimos y contrarrestar la inequidad creciente y la perversión de la practica política vigente que se nutre de los recursos públicos pero hace caso omiso a los reclamos ciudadanos está orillando a las fuerzas sociales a que asuman un papel más exigente, activo y protagónico en la realidad social que vivimos. Sin embargo, no todos los políticos están conforme con los resultados obtenidos hasta ahora; la abstención progresiva, el descrédito de los partidos políticos, el poco significado que evoca la palabra democracia y la práctica política al margen de los canales institucionalizado, está generando un leve despertar en algunos partidos llamados de izquierda o que están interesados en insertarse en la área política y ser parte de la realidad social, que hasta ahora no lo son ni representan algo significativo para ella. La opción populista no es la postura por abrazar un modelo o una alternativa que revoque lo que acontece; sino más bien, como anota Laclau, es una forma de construir lo político, cuando la política no está en el centro del debate ni es el eje orientador de la sociedad; es reconstituir lo político en una sociedad en donde los partidos no son opción de nada, el gobierno no ejerce el poder y la ingobernabilidad crece en la medida que progresa la inequidad, la miseria y la exclusión. Entonces, ante un horizonte negado y una inteligencia achatada, el populismo es una experiencia conocida que posibilita construir lo político. Construir lo político no es riesgoso, antes por el contrario, nutre la realidad y abre el cielo de la carga de nubosidad que lo ensombrece; lo que se está dando y puede darse en el proceso de abrazar la razón populista es que las carencias y las demandas, que son muchas, que están en las amplias capas sociales y se han insertado en la extensa capilaridad social, puedan encontrar en esta construcción de lo político un cemento social que las una y desemboque en un arco convergente, plural, cívicamente tolerante, multiclasista, con capacidad de recuperar su memoria histórica y la caja de herramientas donde reposan todas las formas de luchas ancestrales y otra inéditas y las pongan en uso para reivindicar sus demandas. Para poder dotar de ese cemento social que ligue a la gran constelación
de actores sin derechos, pobres y desciudadanizados, se requiere crear
un referente que se vea como oponente, como adversario o enemigo de
la acción política popular, o sea, se abre la oportunidad
de crear y construir socialmente al enemigo y este referente contrario
puede no ser el Estado-Gobierno, porque las experiencias reciente de
Ecuador , Argentina y Bolivia han demostrado que el verdadero poder
no reside en el Estado, sino en las grandes empresas transnacionales
y los centros financieros internacionales. La construcción social de enemigo esta vez no va ser sólo tarea de los dirigentes que opten por abrazar el populismo radical, sino que se van a tener que abrir las compuertas a la participación popular, porque los aprendizajes que se ha obtenido en las experiencias de emprendimientos y construcciones en los espacios autónomos estratégicos, nos dicen que la lucha pude pasar de un populismo radical a una etapa de confrontación liberacional, como se muestra en Venezuela y Bolivia. (8) Construir socialmente el enemigo no es una tarea de dirigentes, es una consecuencia lógica que se puede desatar cuando los vastos sectores populares y despojados se den cuenta que el enemigo verdadero no es el gobierno, sino todo aquel que lo despoja, le quita su trabajo, los persigue y criminaliza por ser inmigrante, la niega la tierra, le cierra las puertas de los hospitales y las escuelas a sus hijos, quien le arrebata su casa, los que le prohíben acceder a los recursos que la naturaleza nos ofrece como el agua, la biodiversidad, etc.. Justo aquí salta a la imaginación que el enemigo es quien le niega a vivir y contra él van a luchar. Construir socialmente al enemigo es otra forma de construir lo político, de encaminar por un rumbo distinto la lucha; es una suerte de reencauzar la lucha y llevarla por los canales en donde está el factor o los factores que le impiden crecer o lograr sus metas. El enemigo construido y referenciado es la recuperación de la esencia de la lucha, contra quien lucho y qué gano si lo despojo de lo que es mío. Si es construido socialmente a partir de los espacios donde se nutren los procesos asamblearios, de intercambios de saberes, los foros deliberativos, las fabricas recuperadas, las microempresas comunitarias, las universidades, los talleres artesanales colectivos, en la calle, en las marchas, en los piquetes y cortes de ruta, en las manifestaciones reclamadoras de derechos, en las protestas contra el despojo de vindicaciones añejas, en los reclamos por mantener vigente los derechos humanos y ciudadanos, etc., son complementación de luchas, pero ante todo es acción política que busca la recuperación de la caja de herramientas de las prácticas políticas de antaño y recientes, que los coloque en la posibilidad de asomarse a la convergencia emancipadora que construyen los sujetos sin derechos. Ese ejercicio de la construcción social del enemigo se puede
dar de carácter social y participativo como se vienen ejercitando
la política en América Latina, dado que las múltiples
iniciativas locales, comunitarias y barriales tienen esos ingredientes
que le dan un sello popular participativo. Por lo anterior, la construcción social del enemigo asume expresión orgánica en la discusión y los trasvasamiento de saberes y experiencias que van llenando el recipiente de la confianza y los intercambios; a su vez se fortalecen la solidaridad y las reciprocidades, lo cual permite que el cemento social vaya tomando forma y la cohesión se siembre en los grupos. Las distintas realidades en que cada grupo se desenvuelve se ve atravesada por la transversalidad de une enemigo común que no sólo tiene la intención de despojar de todo derecho a los sectores populares, sino de apoderarse de los recursos locales y nacionales, porque está en todo el mosaico de realidades que representan los actores involucrados en la lucha. Visto así, el populismo radical es un peligro para los estrategas
del imperio, por un lado, porque puede resolver el grave problema de
la fragmentación y el autismo social que prevalece en sectores
sociales de las sociedades latinoamericanas; asimismo, la construcción
social de enemigo está redireccionando la lucha hacia las grandes
empresas transnacionales y centros financieros del mundo; la lucha contra
esos núcleos de poder puede ser amplia y diversa, desde la acción
directa, como respuesta equiparable al despojo, hasta los bloqueos,
boicot, corte de ruta por donde transitan contenedores, ferrocarriles,
productos perecederos, toma de edificios, de muelles marítimos,
aduanas, aeropuertos, cadenas televisivas, empresas de cadena comercial,
parálisis de la producción , de la exportaciones y de
centros de recepción y bodegas, cese de compra de productos pertenecientes
a una empresa en particular o procedentes de un país agresor,
huelgas con sentido de pertenencia y focalización de la lucha
hacia objetivos económicos estratégicos, son los nuevos
nichos politizar y reivindicar para lastimar enormemente los ingresos
y poner en riesgo al sistema capitalista financiero y sus magnates. Existe otra ventana analítica sobre los riesgos del populismo
radical, cuyo argumento lo han construido intelectuales especialistas
de la economía, quienes plantean que el neoliberalismo tiene
dos manifestaciones, una radical de libre mercado ortodoxa, desprendida
del estado, manejada por los organismos financieros y grupos de poder
ligados al capital financiero, cuyo comportamiento es una apuesta a
la especulación y un desinterés por el capitalismo productivo
o de transformación, caso en América Latina de México
y Chile; la otra cara del neoliberalismo es mas estatista, le da un
lugar preponderante al estado para impulsar empresas, erogar subsidios,
ligar los apoyos bajo una política de estado de medio plazo que
posibilite un incremento en el PIB, en las exportaciones y generación
de empleo, restándole importancia vital al capital financiero.
Como podemos observar, los tres ejes de orientación hacia donde
el nuevo militarismo norteamericano se dirige transita por tres avenidas
ideológicas que esgrimen como obstáculos para el ejercicio
de la libertad y el libre mercado, cuyo fin se esconde en una estrategia
militar que justifica la intervención y la presencia de tropas
en aquellos países que denotan una debilidad institucional, un
déficit de gobernanza, dirigidos por caudillos militares y violenten
los derechos humanos (10) MILITARIZACIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES ESTRATÉGICOS Lo que hay en el trasfondo de toda esta argumentación es que algunas fuerzas que se re-crean en esas sociedades impiden su libre circulación para apropiarse de los recursos y las riquezas que están fuera de su territorio, eso nos da a entender por qué las tres estrellas: antiterrorismo, crimen organizado y populismo radical, son el blanco de la arremetida militar norteamericana en la región latinoamericana. Si la razón de ser un estado fracasado es carecer de andamiaje institucional para afrontar una emergencia, un caos, una epidemia o contingencia alguna, lo acontecido en los estados Unidos con el Huracán Katrina que ingresó por las costas de Luisiana y Misisipi en agosto 2005, vulneró la red de refinerías, suspendió en un 90% el proceso de destilación del petróleo, desnudó la fragilidad de las vías, puentes y sistema de protección civil norteamericano y más que todo, lo expuso ante el mundo como un país carente de una logística o andamiaje para atender ayuda internacional en caso de desastres, lo que sería, en palabras de Fukuyama, un país débil o fracasado, similar a los de África subsahariana, los cuales no puede distribuir la ayuda internacional por carecer de redes para atender a la población. En síntesis, la nueva guerra descansa sobre una base amplia que liga los recursos ideológicos expuestos, la tecnología, la comunicación digital/satelital y nuevas formas de combates que evitan la confrontación directa contra los pueblos y los insumisos, pero atenta contra ellos de manera fatal por varios métodos que van, desde la limpieza social hasta el ataque ideológico telecomunicacional para desvertebrar cualquier intento de resistencia, mantener la fragmentación social e invalidad cualquier tentativa de movimiento social nacional o amplio que se oponga a su voracidad financiera. Estamos ante una nueva organización y operatividad logística que no es manejada por intereses geopolíticos y geoestratégicos ortodoxos, donde el territorio, el lugar, el sitio era preponderante para el dominio territorial; ahora interesa más la alianza militar para controlar, privatizar o usurpar recursos estratégicos que den más vida al capitalismo, bajo el domo convergente de la producción de las empresas transnacionales, el comercio internacional, el capital especulativo y otras formas de cooperación que se mueven alrededor de los intereses de la economía capitalista y que funcionan como poder de facto. La nueva organización está sustentada en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2002, cuya visión se erige sobre la doctrina de anticipación o guerra preventiva, que sitúa al imperio norteamericano en posición de gobernar a las poblaciones potencialmente hostiles de los países que sean amenazados por el terrorismo, sin embargo, no cabe la menor duda de que Estados Unidos no va a intervenir directamente con sus propias fuerzas en cada uno de los Estados del mundo donde operan terroristas y, por consiguiente, debe confiar en la capacidad de los Estados locales para controlar por sí mismos el terrorismo (11) caso Colombia y Honduras; también por coaliciones con otros países aliados bajo el pretexto de intervenciones humanitarias. Se magnifica y se observa con mayor contundencia la nueva guerra en lugares o naciones donde el Estado abandonó su papel protagónico, se erosionó el control de la violencia legítima, las fuerzas militares entraron en el circuito de la colaboración internacional, las policías antinarcóticos entraron a remplazar a la inteligencia nacional, los grupos sociales excluidos comienzan a mostrar un grado de cohesión en las luchas, las alianzas intergrupales se fincan en territorios habitados por excluidos y la ingobernabilidad aparece como un gesto de inconformidad de los sujetos sin derechos o manifestación de lucha de clases. Lo anterior se fundamenta en la teoría de los norteamericanos que afirma que su nación no será segura mientras no lo esté el aprovisionamiento mundial de energía, de ahí que la intención del manejo de la política internacional que coloca a la economía como centro de su quehacer diplomático, denominado como ejercicio "econocentrico", cuya finalidad es priorizar las relaciones y control en zonas en donde la riqueza estratégica le permite asegurar un funcionamiento como modelo capitalista y base de la industrialización (12) De esta tesis se desprende una afirmación clarificadora del sentido de los conflictos de hoy, en especial de Latinoamérica, que abunda en la importancia de los recursos estratégicos como signo y propósito de las nuevas guerras, donde el velo ideológico no es enarbolado, sino la defensa, mediante el imaginario antiterrorista, antipopulista y contra el crimen organizado, de las materias que permitan prolongar el control de la energía y consubstancialmente del modelo de dominación de las grandes potencias sobre las naciones pobres que concentran riquezas naturales. Entendemos que todo ello es posible porque los EE.UU. es el principal agente protagónico de esta nueva guerra en la medida que requiere el 30% de la energía consumida por la humanidad, disputándose este consumo con la tendencia industrializante del capitalismo que día tras día incrementa el consumo de energía. Cifras que nos facilitan esta comprensión es el crecimiento inusitado de la población mundial que se aproxima a más 6 mil millones de habitantes en el planeta; los cuales consumen energía para desplazar a más de 520 millones de autos particulares; asimismo son mayores los hogares que cuentan con televisores, refrigeradores, aire acondicionado, calefacción, ordenadores personales que van consumiendo mayores cantidad de petróleo, agua, gas y elementos de la biodiversidad que ponen a la humanidad en un predicamento y a incitar los conflictos por controlar los recursos. A todo esto hay que agregar la industrialización acelerada de China y la India, que demandan cada día mayor consumo de energía y otros recursos como hierro, acero, aluminio, etc. (13) Todo lo expuesto, agregado a la inexistencia de un enemigo focal como era la Unión Soviética, y la necesidad de compartir, hasta donde se pueda, los recursos vitales para el sistema de industrialización capitalista, imposibilitó a los Estados Nacionales a actuar o usar la fuerza, en el ámbito internacional o contra otro Estado de manera unilateral, pero las necesidades imperiales las vinculo a la orbita de las decisiones de los centros hegemónicos y usurpadores de recursos estratégicos. Este vínculo se observa en la actual administración George W. Bush, quien a través de el vicepresidente Cheney crearon un grupo de trabajo sobre la política energética de Estados Unidos, cuya preocupación era y sigue siendo: ¿Cómo aprovisionar la economía cuando las necesidades aumentan en momentos en que las reservas mundiales escasean cada vez más y se hacen más difíciles de explotar? Desplegando tropas en las zonas petrolíferas. El Grupo es conocido como Desarrollo de la Política Energética Nacional (National Energy Policy Development Group, NEPDG), integrados por altos miembros de la administración y lo dirige el vicepresidente Dick Cheney, ex presidente de Halliburton, la mayor empresa de equipamiento petrolero del mundo. (14) Lo anterior nos indica de que manera los gobiernos se asocian con las empresas transnacionales y los grandes negocios, donde el interés nacional es una figura retórica, el papel de representante de los ciudadanos es una entelequia y el voto no significa nada, dado que la representación política está diluida y naufragada en un mar de contradicciones, tal cual como navega la política; la política está más asociada con la economía y desnuda de todo ropaje ciudadano, impregnada de atenciones hacia los inversionistas y preocupada por atender los asuntos de la mesa de la macroeconomía y desatender las exigencias y reclamos sociales de los excluidos. Otro aspecto digno de destacar en la nueva guerra, es la forma de operar en el escenario de la confrontación, no interesa el territorio como punto de dominio, sino el recurso, que puede ser, mineral, hídrico y/o estratégico; humano o poblacional para desestructurar al enemigo, por lo que el espacio territorio no es una pieza importante en el ajedrez de la confrontación, ya que puede hacerse la guerra cerrando los pasos a la economía, desembarcando marines o fuerzas multinacionales en la zona de riquezas estratégicas, fracturando las exportaciones, bloqueando el comercio y aislarlo del mundo global. Esta nueva guerra requiere de alianzas, no porque el poderío
militar de los EE.UU. esté en decadencia, sino porque en el control
de la energía están implicados varios estados que son
parte del dominio imperial. Europa y Asia no cuentan con recursos estratégicos
importantes; EE.UU. cuenta con ellos de manera limitada y Medio Oriente
los posee, la zona del mar Caspio concentra una gran parte al igual
que América Latina, de ahí que en esas regiones poseedora
de recursos los conflictos estarán a la orden del día
y los provocadores serán las santas alianzas de las grandes potencias. Alianza humanitaria que hoy día se esgrime en las confrontaciones
bélicas, es el nuevo rostro de la intervención que se
desató en los noventa, con el firme propósito de demostrar
que las soberanías era una falacia, que en los países
que ellos, los norteamericanos, calificaran como peligrosos, perturbadores
o violadores de los derechos humanos, dictatoriales o perversos, la
comunidad internacional estaba en la obligación de intervenir
para salvar a la humanidad. Ese fue el pretexto para Somalia, Afganistán,
también para Milosevic en Serbia y Hussein en Irak; así
se inauguró la era de las coaliciones intervencionistas encabezadas
por Norteamérica. Casi siempre, la militarización se concebía como la presencia
de un ejercito ajeno a la nación invadiendo o ingresando al territorio
nacional, tomando posiciones estratégicas y ordenando a las fuerzas
invadidas que se sometieran bajo sus ordenes; esta vez, la militarización
está diseñada de una manera distinta, donde el agente
invasor no esta presente de manera mayoritaria en el terreno invadido,
sino que mediante alianza estratégica con fuerzas del orden y
de la defensa del país sometido, se ejerce la militarización
de las áreas seleccionadas. Lo que ocurre, como casos interesantes, es que cada escenario de las intervenciones se presenta en regiones o países con recursos estratégicos, posibilitando que se sigan presentando las intervenciones militares bajo el mando de lo humanitario, porque las cifras nos dicen que las reservas del petróleo, según cifras del Departamento de Energía norteamericano, estipula que para mediado del Siglo XXI no alcance a cubrir la demanda mundial. Si para el año 2000 eran calculadas en 1.033 billones de barriles, estos cubrirían unos 40 años más si se mantiene el ritmo de consumo de 73 millones de barriles diarios, pero si se incrementa 2% anual como prevé, se acorta la vida de la reserva. La esperanza puestas en los nuevos descubrimientos no es alegría en la medida que no existe en la actualidad la tecnología adecuada para extraerlo. Lo mismo sucede con el agua, la reserva potable y dulce del liquido apta para consumo humano es de 3% del total existente, la mayor parte de ese 3% esta en los glaciares y casquetes polares, por lo que el volumen accesible es de 12 mil kilómetros cúbicos, y la mitad la consume la humanidad. En los próximos años de pronostica un consumo de 100% y la escasez se asoma como nueva amenaza, amén de que este recurso por su naturaleza recorre muchos tramos de territorios que permite ser compartido por varias naciones, al ejercer el control para garantizar el abastecimiento, desanuda conflictos por el agua como ya se observa en varios lugares del mapa mundial. (15) En este rubro las presiones políticas y las maniobras militares son evidentes, las actividades de los organismos financieros internacionales -como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM)- tendientes a presionar a las autoridades locales de varios países latinoamericanos, condicionándoles la entrega de recursos y/o a recortar los subsidios, aumentar las tarifas y privatizar servicios, señala un análisis de la organización no gubernamental Globalization Challenge Initiative.)(16) El documento afirma que: Notas 1 Galeano Eduardo. 2005, "Los diablos de los diablos". Le Monde. Agosto, Pág. 12 y 13.
3/ ibidem 4/ (Abadi José E.. 2005. Los miedos de siempre, los terrores de hoy. Edit. Sudamericana, Argentina. Pág. 41 5/ ibidem. Pág.43 6/ Laclau Ernesto, 2005, La razón populista, FCE, Argentina. Pág. 17-18) 7/ Vilas Carlos, 2005. "La izquierda latinoamericana y el surgimiento de regimenes nacionales-populares", en Nueva Sociedad, No197, mayo-junio, Caracas, Venezuela, Págs. 84-99. 8/ Salazar, Robinson. 2005. Democracia emancipatoria, Insumisos Latinoamericanos/Libros en RED, Argentina, Pág. 81 9 Vilas Carlos. Op Cit. 10/ F. Fukuyama, 2005, La construcción del estado. Hacia un nuevo orden mundial en el Siglo XXI. Ediciones B. Argentina Pág. 114.119 11/ Fukuyama, Op. Cit. Pág. 143-144 12/ Klare T. M. 2001,Guerras por los recursos, Editorial Tenencias, España, pp.25. 13/Op. Cit., pp. 34-35. 14/ Arthur Lepic - 2005, EE.UU.: Convergencia de las políticas
energética y militar. Los puntos oscuros del informe Cheney,
leído el 02.09.05 en Red Voltaire
16 / Globalization Challenge Initiative, 2005, "Los ocho países más ricos supeditan préstamos a la privatización del agua" en La Jornada, México, 1 de septiembre.
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