Ante ese panorama muy general, de lo que fue y ha sido el llamado Plan
Colombia, surgido en la administración de Andrés Pastrana,
hoy embajador del régimen colombiano en Washington, y continuado
por su sucesor y actual Presidente Álvaro Uribe, el Ecuador oficial
-desde 1999 hasta el 20 de abril del 2005- actuó bajo el efecto
narcotizante de la expectativa, la incertidumbre e incluso, del cómplice
enmudecimiento.
LOS SEIS MOMENTOS DE LA POLÍTICA EXTERIOR ECUATORIANA
Seis momentos identificamos de la Política Exterior ecuatoriana,
que evidencian la larga travesía desde los profundos mares de
la irresponsable indignidad durante los últimos seis años,
hasta la costa terrestre de la dignidad y de la defensa de la soberanía
nacional en los momentos actuales.
En un primer momento, el Plan Colombia, sus definiciones y consecuencias,
fueron tratados en Ecuador bajo el signo del secretismo oficial. Ese
secretismo inconsulto se dio también en lo concerniente a la
base militar de EEUU en Manta, componente relacionado a dos ejes:
- Al Plan Colombia, como componente militar logístico de Inteligencia
en tiempo real, como lo denunciara el coronel Jorge Brito en el lejano
año 2001. Y,
- A la nueva agenda hemisférica de seguridad de EEUU, como componente
estratégico.
Las preocupaciones de la prensa y la presión ciudadana, sobre
todo de las agrupaciones de Derechos Humanos y sociales, analistas y
académicos críticos, ex-jefes militares y comunidades
fronterizas, determinaron que ambos temas empezaran a tratarse un poco
más abierta y críticamente desde mediados del 2000, y
que desde el 2002 formaran parte de la agenda cotidiana del Ecuador.
En un segundo momento, cuando los medios masivos difunden el tema y
sus riesgosas consecuencias, el gobierno ecuatoriano responde en la
fase 1999-2001 que el Plan Colombia era "de exclusiva competencia
colombiana", dejando de lado la visible participación estadounidense;
argumentando que el Plan Colombia "no será aplicado o extendido
a los países vecinos"; y que "no traerá consecuencias
negativas al Ecuador".
En ambos momentos se sostuvo que el Plan Colombia y la base de Manta
traerían beneficios materiales, producto de las supuestas grandes
inversiones en la frontera norte y Manta. Los tres últimos gobiernos
ecuatorianos (Mahuad, Noboa y Gutiérrez) simplemente se adaptaron
a la lógica de Washington y Bogotá, y no antepusieron
un propio y autónomo criterio de Estado en torno al tema. Ecuador
pasó, desde entonces, a ser un aliado táctico de la estrategia
militar estadounidense y bogotana por aceptar el emplazamiento de una
base extranjera en su territorio y por insertarse en la estrategia regional
de EEUU para toda la zona.
En un tercer momento se multiplicaron las visitas de funcionarios políticos
y militares del más alto nivel de los EEUU (la ex-Secretaria
de Estado, Madeleine Albright; los Jefes de la DEA; los tres últimos
Jefes del Comando Sur, varios senadores, etc.); en tanto que, de Colombia,
llegaron dos Presidentes, Pastrana y Uribe, y otras autoridades militares
y políticas que, en última instancia siempre intentaron
minimizar los impactos, negar los hechos y legitimar la regionalización
y la tesis del "yunque y martillo", como lo admitió
el ex-embajador colombiano Eliseo Restrepo en Quito. Empero, el discurso
oficial colombiano y ecuatoriano en ese tercer momento, que cubre el
período 2001-2003, continuó minimizando ante la crítica
pública, la composición y los efectos del Plan Colombia.
En un cuarto momento ya no se aludió al Plan Colombia sino a
la "Iniciativa Regional Andina". Desde ahí cambió
bruscamente el discurso oficial ecuatoriano: en EEUU el General Collin
Powell y varios senadores hablaron sin tapujos de que empezaría
la "Iniciativa Regional Andina", estrategia que se aceptó
por parte del Ecuador oficial y que se tradujo en los siguientes aspectos:
- La (supuesta) estrategia de lucha anti-drogas "debe ser regional".
- Los países vecinos y Ecuador, "deberán prepararse
para posibles efectos en su territorio".
- Como paliativo se mencionaron las "ayudas" ofrecidas incluso
desde la suscripción del Acuerdo para establecer la base militar
de EEUU en Manta, y dirigidas al rubro militar en armamento, equipos,
helicópteros, control policial y militar; y en segundo término,
al "desarrollo fronterizo".
Los montos de esa ayuda variaron escandalosamente: desde 24 y 40 millones
de dólares ofrecidos (inicios del 2000) a supuestos 600 millones
en el 2001, a través de la inefable tesis del "Plan Ecuador"
del ex-canciller Heinz Moeller. Pero la "ayuda", como era
evidente, siempre fue la menor de toda la asignada para el área
andina, y está definida esencialmente a lo militar. Esto fue
más claro aún en el quinto momento, bajo la devastadora
"era Zuquilanda".
UNA ANÉCDOTA "DE LA VIDA REAL"
Mientras se realizaban las mesas de diálogo entre las organizaciones
indígenas y el Gobierno de Noboa en la sede de la OEA y la Cancillería
de entonces, a donde la Apdh y el Grupo de Monitoreo asistimos como
asesores nombrados por los indígenas para el tema Plan Colombia,
los voceros gubernamentales y diplomáticos de la cancillería
de entonces insistieron en manifestarnos: "No hay problemas con
las fumigaciones en la frontera y no hay ningún efecto del Plan
Colombia, todo es una exageración de la prensa y las ONGs".
Indignado les respondí: "disculpen, señores, pero
quiero recordarles que este diálogo es con las autoridades del
Ecuador, no de Colombia o EEUU, porque nos parece que estuviéramos
dialogando con la embajadora de EEUU o el embajador de Colombia, y no
con el gobierno que se supone nos representa a los ecuatorianos"
El quinto momento quizá fue el más dramático porque
esa misma conducta se ahondó a niveles de indignidad extrema
bajo la administración de Gutiérrez y su canciller Zuquilanda.
El "yunque y martillo" fue fortalecido y las consabidas declaraciones
de Gutiérrez de desear ser "el mejor aliado", trajeron
consecuencias fatales al propio régimen. Es en este período
que se multiplican las visitas de jefes militares de EEUU y Colombia,
que se niega el impacto de las fumigaciones y que se concretan compromisos
de acción bilateral e intervención, en los hechos, en
el conflicto colombiano y en dicho Plan.
El sexto momento es el actual, y tiene dos fases: desde abril a octubre,
la fase "Antonio Parra", canciller que tradujo, a su manera,
el sentimiento mayoritario del país en defensa de la soberanía,
seguridad y dignidad, y desde entonces a hoy, la fase "Francisco
Carrión", que guarda la misma línea progresista,
de dignidad y defensa de la soberanía, con su propio estilo y
personalidad, que le permite mirar a nuestro país más
allá de su frontera norte, por fin, ver a Sudamérica,
a China, a Europa, a Cuba, a Venezuela, guardando relaciones diplomáticas
realistas con Bogotá y Washington, sin ceder en los principios
que demanda la ciudadanía.
Entre abril del año pasado e inicios del presente, fue claro
que Washington y Bogotá quisieron presionar al Ecuador para que
apoye la estrategia militar de largo plazo denominada "Yunque y
Martillo", ampliamente alertada por nuestra entidad en sus análisis,
estrategia que han buscado aplicar en la zona fronteriza entre ambos
países a lo largo de los últimos seis años. EEUU
amenazó a Ecuador con la suspensión de su ayuda militar
por negarse a otorgar la inmunidad a sus soldados y miró con
preocupación las tesis que en materia internacional empezó
a esgrimir nuestro país.
El giro en la política exterior vivido desde abril del 2005,
respecto del gobierno de Gutiérrez, es inocultable. Cuando Gutiérrez
estaba al frente era "el mejor aliado", que estaba para preparar
al Ecuador como "el Yunque" del Plan Colombia y, más
tarde, en el Plan Patriota. Gutiérrez aceptó a Washington
y Bogotá todo tipo de compromisos e imposiciones contrarias al
interés nacional y a la mayoritaria voluntad de nuestro país.
Desde abril, el Ecuador ya no pudo ser más ese "yunque"
del "Martillo", y esto implicó que de manera abrupta
se le haya presentado un problema más o menos grave al gobierno
colombiano y a sus estrategias de internacionalización y regionalización
del conflicto, promovidas constantemente en todos estos años.
Alegóricamente, en nuestro país durante los últimos
seis años y, en especial, durante el régimen de Gutiérrez
imperó oscuridad, y a partir del 20 de abril se descorrió
la cortina y entró algo de sol: la luz enceguece casa adentro
y casa afuera, porque como se acostumbraron a la sombra, en Bogotá
y en las elites nacionales las muestras progresistas de la política
exterior ecuatoriana post-abril, parecieron inauditas y no pragmáticas.
Ocurre que esa postura fue siempre de las mayorías, pero no de
los gobiernos y la elite, y a partir de abril hasta hoy esa postura
empezó a ser del Ecuador en su conjunto.
EL NUEVO EJE RETRÓGRADO EN LOS ANDES
Desde 1999 había un eje disperso pero visible: Washington-Bogotá-Quito.
Hoy el centro de gravedad ha variado y será un nuevo eje, ya
alertado por nosotros en un encuentro al que fui invitado como panelista
con Oficiales de las FFAA y sociedad civil en Manta para la reestructuración
del llamado "Libro Blanco" (la Política Estratégica
de la Defensa Nacional del Ecuador, donde -a propósito- de manera
insólita compartió la mesa con nosotros, civiles y militares
de nuestro país, un ex oficial del Comando Sur de EEUU, "invitado
por su amigo el Ministro de Defensa" según dijo, hablando
sobre NUESTRA política de Defensa Nacional), en el que advertí
que se veía venir el eje Bogotá-Lima-Washington, con las
consecuencias, amenazas y, quizás, oportunidades, que recaerán
en el Ecuador.
Ese eje ya actuó a mediados del mes de mayo del pasado año,
en pleno régimen toledista, cuando el Gobierno de EEUU lanzó
la propuesta, apoyada por el diplomático peruano Alberto Borea,
de que la OEA acepte crear un "Veedor del avance democrático
en Ecuador", tesis intervencionista destinada al fracaso más
estrepitoso, debido a que la nueva correlación de fuerzas abierta
en el continente impidió que la tesis de EEUU de crear un "Inquisidor
hemisférico" determinara qué tipo de democracia les
interesa avalar en Ecuador y Sudamérica, y a qué país
es necesario apoyarlo, bloquearlo o aislarlo.
En prevención de las estrategias en contra del país y
en el objetivo de construir un "paraguas geoestratégico
internacional" que es la tesis que sostengo, ó como ha señalado
Alexéi Páez esta tarde "un anillo andino-amazónico",
que nos ampare internacionalmente, es necesario, a partir de la reelección
democrática del Sr. Álvaro Uribe Vélez en Colombia
y de la reñida elección democrática del Sr. Alan
García en Perú, que Ecuador acelere su participación
en la Comunidad Sudamericana de Naciones, en el MERCOSUR, y que dispongamos
de una ofensiva mixta, diplomática y de la sociedad civil, en
el continente y el mundo, incluida la Unión Europea, Asia y Norteamérica,
para lograr ese paraguas de protección aliada en torno del Ecuador.
Resulta obvio que nuestro país es "clave" para EEUU,
no por su dimensión geográfica o su peso geopolítico
en el continente, sino por quedar cerca de Colombia, Perú, Venezuela
y Bolivia, es decir por un criterio geo-político-económico
y militar, o de "retaguardia" como lo ha indicado Alexéi
Páez, para operaciones de carácter militar, policial o
de seguridad.
A propósito de las consecuencias que acarrea al país la
reelección del Sr. Uribe, en Colombia hay un preocupante proceso
de institucionalización de la impunidad y serias probabilidades
de que se pueda estar configurando lo que hemos dado en llamar el primer
neo-Estado paramilitar en democracia en el continente sudamericano,
con las implicaciones que eso puede tener en los países vecinos.
Y, por último, coincido con Alexéi en que hay un "empate
catastrófico" entre el ejército oficial y las FARC,
empate en el cual se ha evidenciado el fracaso del Plan Patriota, y
de ese empate y de las nuevas iniciativas, tanto gubernamentales cuanto
insurgentes, en los próximos cuatro años habrá
consecuencias en nuestras fronteras.
De hecho, el gobierno bogotano no está "ganando la guerra"
como lo prometió en el 2003 y se encuentra crecientemente aislado
en la región sudamericana por su alianza incondicional con EEUU
en los temas centrales. De allí que veamos como seriamente peligrosa
la jugada magistral de Perú en el ajedrez andino para incorporar,
desde Lima, a Chile en la fragmentada y casi moribunda Comunidad Andina
de Naciones. Se trata de esfuerzos tendientes a aislar a Bolivia en
esa inútil CAN, a atacar geopolíticamente a Venezuela,
pero sobre todo, miramos el peligro o la amenaza de un "Cerco asfixiante"
o una "Operación Tenaza" contra el Ecuador, desde el
eje Lima-Bogotá-Washington. (Es bastante decidora la visita sorpresa
de García esta tarde a Quito, a donde llegó nada más
y nada menos que en el avión del Sr. Uribe).
Independientemente de lo dicho, ese eje aún no está del
todo consolidado, en él pesa ahora mucho más Uribe que
García, pero la larga experiencia política y mayor capacidad
geo-estratégica del último, hará que Uribe sea
desplazado en el eje retrógrado Lima-Bogotá, aunque históricamente
ambas capitales políticas se han mostrado, desde el siglo XIX
contrarias a la integración latinoamericanista.
DIFICULTADES DE BOGOTÁ, LIMA Y WASHINGTON PARA CONSOLIDARSE
COMO "EJE RETRÓGRADO"
Internamente, dentro de Colombia quiero decir, puede tener mucha fuerza
y legitimidad la política del Sr. Uribe, pero en Venezuela, Brasil,
Ecuador, Chile, Argentina, Uruguay y Bolivia, su influencia es nula,
por no decir que su presencia es hasta mal vista. Está cercado
en sus fronteras y ahora entra al antiguo eje alicaído, la otra
capital: Lima, con EEUU como aliado estratégico, pues como todos
saben, otorga la mayor ayuda militar en el mundo a Colombia, después
de dársela a Israel y a los Emiratos Árabes.
Dos errores de apreciación geo-estratégica han mostrado
Bogotá y Washington en todo el período:
1) Bogotá no ha entendido -en toda su complejidad y amplitud-
que América Latina cambió vertiginosamente en los últimos
tres años y que varias naciones empezaron a erigir "nuevos
centros de gravedad" en el hemisferio, distintos al invariable
"centro" de la relación exterior de Colombia (EEUU).
2) Washington no ha entendido que, en espacios colectivos de decisión
-y no por separado o en espacios bilaterales, donde ha tenido éxito-
sus iniciativas en lo militar, comercial y político, le han conducido
a repetidas derrotas, inusuales en las pasadas décadas.
Desde el sur soplan nuevos vientos para América Latina y la correlación
de fuerzas empezó a desplazarse desde el Atlántico al
mar caribe y el norte. A los andes sudamericanos tocó el reverso
de esos vientos: en el Pacífico estaban localizados los principales
bastiones del bloque geopolítico opuesto. Bogotá, Lima
y, hasta abril de 2005, Quito, conformaban una suerte de "triángulo
de contención" al nuevo bloque sudamericano.
Ese triángulo de contención intentó sostener hasta
el 2005 un rol distante del vertiginoso desplazamiento geopolítico
evidenciado en el Sur, pero no pudo resistir mucho tiempo, pues su influencia
externa limitada no lo permitió. La "teoría del dominó",
anunciada por la APDH a fines del 2004, se demostró como una
tesis geopolítica acertada.
Decíamos entonces: "A ese proceso se enfrentan Uribe, Toledo
y Gutiérrez, que tienen a las principales potencias de la región,
por su peso geopolítico, extensión territorial, densidad
poblacional, recursos naturales y energéticos, cultura y experiencia
política, como 'Centro de Gravedad Estratégico' al que
más temprano que tarde se sumarán la Bolivia que emergería
en diciembre de 2005, el Ecuador post-Lucio Gutiérrez, Nicaragua
en el mediano plazo y México en el norte, a través de
un proceso electoral con amplia probabilidad de desplazamiento político"
(Aunque hoy las desalentadoras denuncias de fraude contra López
Obrador, pudieran significar un compás de espera al indetenible
"Tsunami" de la integración latinoamericanista como
bloque geopolítico propio, con capacidad de poder mundial y de
convocatoria a la conformación de nuevos bloques emergentes hacia
el planeta multipolar, en cuyo parto estamos participando y al cual
nos acercamos.
"Sudamérica no podrá integrarse sin antes arreglarse
el conflicto de Colombia", dicen analistas colombianos de distintas
academias. Pero pese a él y por encima del conflicto interno
de Colombia, Sudamérica ya empezó a integrarse, pues se
ha puesto en evidencia la existencia de un fenómeno político
regional adverso a Bogotá: el "hechizo autoritario"
del modelo Uribe se rompió en el sur, si alguna vez ese 'embrujo'
tuvo connotación supra-nacional, y existen mayores niveles de
soledad subregional de Bogotá, quien intenta romper el aislamiento
con Lima y sirviendo a Washington en sus propósitos de balcanización
sudamericana, o de división en el Tercer mundo (lo demuestra
su prometido contra-voto por Guatemala para el Consejo de Seguridad
de la ONU, en contravía con la tesis sudamericana de apoyar para
ese estratégio puesto a Venezuela, a cuya presencia se oponen
EEUU e Israel, sus alfiles, los aliados trasatlánticos, así
como sus peones en el continente).
En el nuevo marco sudamericano exigir como ha exigido tantas veces Bogotá
que los otros países se involucren militarmente en su conflicto,
significa remar a contravía, porque eso no va a ocurrir en un
subcontinente que está yendo aceleradamente hacia otros esquemas
de solución a los conflictos.
Por eso la importancia de analizar las fortalezas y debilidades que
traerá consigo la reelección del Presidente Uribe para
su política en Colombia; y por eso la necesidad de tomar en cuenta
la creación de ese nuevo "eje de contención emergente"
que es Lima-Bogotá-Washington.
El segundo período de Uribe no podrá ser igualmente mellizo
que el primero. Tiene fuertes demandas internas y presiones de EEUU,
una oposición de izquierdas y social más sólida
que en su primer mandato, su estrategia de "Seguridad Democrática"
se erosionará y, con la experiencia de reelecciones en la región
(con un Fujimori y un Menem destinados al fracaso), hay sombras de incertidumbre
en el futuro de la nueva administración uribista.
No puede ofrecer por sí sola, ninguna contrapropuesta de peso
a Sudamérica (más allá del divisionismo, en el
que jugará a brazo partido con Allan García del Perú).
Por ello, quizás los escenarios colombianos y latinoamericanos
prefiguren una salida política realista, dialogada y negociada
del conflicto antes del fin de esta década en Colombia, tanto
por razones internas como externas.
Una América Latina que se preocupe por intervenir en tal sentido
sería la expresión más eficaz de solidaridad. Pero
también podría ser la muestra de que ese aislamiento de
Colombia empezó a superarla su propia elite y sociedad organizada.
Mirar a Latinoamérica y repensar una experiencia como la del
"Grupo Contadora", que permitió diseñar una
salida dialogal desde Latinoamérica con la ayuda de la Unión
Europea a los graves conflictos centroamericanos en la década
de los ochenta, tiende a vislumbrarse como una salida futura tal vez
con la intervención "internacionalizada" de otros bloques
de poder emergente en la actualidad que apunten a la paz en el único
país que mantiene un "empate catastrófico" y
un conflicto armado inviable a las partes.
DESAFÍOS INMEDIATOS
En fin, ¿qué va a pasar en estos siguientes años?
Uribe (con el soporte de Bush) ha dejado la puerta abierta a la continuación
de su estrategia binacional, y eso es lo que tiene que entender el país.
En el caso de nuestra nación y sus regiones fronterizas, lo que
más nos preocupa son los nuevos elementos que aparecen en la
escena de manera difusa aún, pero sobre los cuales alertamos
desde hoy de manera pública y abierta. Esos elementos son:
1) La ampliación financiera y, ante todo, conceptual del Plan
Colombia. EEUU ha hecho nuevos aportes (700 millones de dólares)
a dicho Plan, para un nuevo eje de la matriz militarista de regionalización
que siempre ha poseído Ese desconocido nuevo eje, que acompaña
a la vieja cantinela que hasta hoy ha imperado, de la "lucha contra
las drogas" y la "lucha antiterrrorista", es lo que EEUU
ha dado en llamar "Ayuda para la Seguridad Nacional de Colombia".
2) La decisión oficial del gobierno de Uribe, de incorporar a
miles de paramilitares 'desmovilizados', en el proceso de erradicación
manual forzosa de cultivos de coca en los lugares donde no fumigarán,
y ello quiere decir la elaboración -a futuro- de un complejísimo
arco de presión paramilitar (ya no de los aviones y helicópteros
de su ejército oficial) en nuestras fronteras de Carchi, Esmeraldas
y Sucumbíos. La estrategia de "reordenamiento territorial"
que el narco-paramilitarismo busca con su participación en dicho
proceso de 'erradicación manual', tenemos que preverla ya, protegiendo
con más fuerza la frontera, donde la criminalidad descarnada
y brutal de esos actores, puede significar un 'mensaje' del Establecimiento
colombiano al Ecuador post-Gutiérrez, a la población fronteriza,
vista como "auxiliar de los terroristas", a nuestras Fuerzas
Armadas miradas como "poco cooperadoras", a nuestra Política
Exterior, en especial a la tesis de la franja fronteriza de 10 kms.
donde no se debe fumigar.
3) La probabilidad de que el eje Washington-Bogotá-Lima intente
cierre sus tenazas ante un Ecuador dubitativo en formar parte ACTIVA
de un bloque nuevo, emergente y superior que en Sudamérica se
ha erigido.
4) La posibilidad de que EEUU presione aún más a Bogotá
para que continúen las fumigaciones, pues la lógica gringa
de la "lucha contra las drogas" tiene en ese componente (el
roundup ultra) y en la no descartable estrategia del uso de micro-herbicidas
en los andes, asideros difíciles de romper. Aunque, en contraposición
con aquellas opiniones negativistas y apocalípticas que consideran
que todo está perdido, que no hay bloque emergente, que los andes
son una región "inviable", yo sostengo que el espinazo
de la Bestia (la política antidrogas y el antiterrorismo), ha
comenzado a romperse en América Latina, a raíz de otro
hecho que demuestra las fortalezas de Sudamérica: el triunfo
de Evo Morales en Bolivia, cuyo gobierno se opone tajantemente a la
visión estadounidense de la lucha militar y policial contra la
droga y a la criminalización de la hoja de coca.
5) Las llamadas 'incursiones' van a continuar. Esa es nuestra tesis.
Se trata de acciones planificadas y premeditadas. Como ha argumentado
el Coronel en retiro Jorge Brito: "El Sistema de Defensa Aéreo
o Sistema de Alerta Temprana es adecuado para detectar la intromisión
de aeronaves no ecuatorianas, funciona las 24 horas del día,
los 365 días del año, y no es que se activa cuando ordena
el Ministro de Defensa, o el Comandante del Ejército. Ese Sistema
está activado todo el tiempo y hay un Código de Identificación
de las aeronaves que se comunican directamente con los radares, a través
de códigos especiales, y puede saberse de inmediato que es una
aeronave de la Fuerza Aérea Ecuatoriana o no. Se obtiene el número
que se reporta, hay un espacio aéreo del Sistema que permite
identificar dónde están detectadas todas las aeronaves
que están volando en nuestro territorio, ¡pero resulta
que ingresan helicópteros o los aviones fantasma, y no pasa nada!
Once horas de infiltración y combates, y no salen nuestros aviones
de Defensa Aérea, en este caso a hacer un simple sobrevuelo de
la zona
"
ECUADOR: UNA POLÍTICA EXTERIOR PROGRESISTA, PERO AMBIGUA Y REACTIVA
El Ecuador ha logrado, después de seis años de protesta
y presión, que primero fue social, de la ciudadanía (los
gobiernos estaban separados totalmente en Ecuador de las demandas ciudadanas),
y después fue asimilado por el gobierno ecuatoriano, poner en
su sitio al gobierno colombiano en el tema de las fumigaciones, por
lo que se obtuvo una promesa temporal de Uribe, de no fumigar en la
franja de diez kilómetros lejos de la frontera. Es decir, el
un componente del Plan Colombia -las fumigaciones- es cuestionado y
se logra su temporal suspensión: eso no había pasado en
Colombia, a pesar de las denuncias y protestas internas contra las fumigaciones,
y se suspenden gracias a la presión de un país de la región
andina: el Ecuador. Pero, mientras tanto, el otro componente del Plan
Colombia, el eje militar y bélico, derivado hoy en el Plan Patriota,
el gobierno colombiano lo profundiza y en nuestra frontera, precisamente.
De otro lado, y esto es parte de la ambigüedad que caracteriza
nuestra política exterior, se consolidó un convenio militar
firmado por los Ministros de Defensa de Ecuador y Colombia el 12 de
enero de este año en Bogotá, que es un convenio que -más
allá de las palabras- desde el punto de vista militar admite
una estrategia de coordinación combinada-fronteriza, con la advertencia
o voto salvado del lado ecuatoriano de que 'no intervendrá militarmente
en el conflicto' como tal.
Por otra parte, lo que no se le dice al país, y eso me parece
una de las principales omisiones de la política de los mass media,
los analistas y académicos conservadores, y de algunos sectores
del gobierno, es que no hay "dos actores" en este conflicto.
No son Colombia y Ecuador los dos únicos actores de las diferencias
o convergencias fronterizas en el tema militar, así como en el
tema de las fumigaciones.
Cuando se toca el tema fronterizo ecuatoriano-colombiano, el tema Plan
Colombia, el tema militar y el tema de las fumigaciones, hay que referirse
inevitablemente al "tercer actor", ese actor poderoso y silencioso
cuya influencia y presión se siente en la agenda regional y en
la agenda colombiana más todavía. Y ese actor es Washington.
Toda la política estructural de fumigaciones y operaciones militares
del gobierno colombiano en estos seis años, es corresponsabilidad
del gobierno de los EEUU. Pero, quizás por esa ambigüedad,
por evitar mayores niveles de enojo de la arrogante potencia que ha
demostrado su animadversión sistemática contra Ecuador
desde que echamos del gobierno a su peón de cuadra, Gutiérrez,
la diplomacia y el Estado no dicen lo que se sabe a gritos: que aquí
hay tres actores, no solo Colombia-Ecuador, sino también los
EEUU, en el escenario geopolítico de las disyuntivas actuales
y futuras.
La política exterior ecuatoriana ante Bogotá y Washington
hoy es digna, pero adolece de una falla: aún es reactiva, pues
una cosa es sostener una política exterior sistemática
de dignidad, y otra tener una política dignamente reactiva. La
actual etapa diplomática, a pesar de tener reconocidas muestras
de soberanía y dignidad, es reactiva, y por ello puede ser forzada
desde el exterior a la condena de 'controlar' trimestralmente la multiplicación,
abierta o encubierta, de las incursiones fronterizas del ejército
oficial colombiano o los actores irregulares, que es la 'otra forma
de fumigación' que se nos ha impuesto. Como lo dijo un líder
campesino ecuatoriano de la zona fronteriza: "Antes nos fumigaban
con glifosato, ahora con bala".
Cuando Uribe citó meses atrás que 'El Ecuador debe cooperar
en la estrategia combinada de lucha contra el terrorismo' e inculpó
al país de "facilitar su territorio a los terroristas",
estuvo admitiendo entre líneas algo que no quiere admitirlo,
y que todos los ecuatorianos lo sabemos: que la elite colombiana no
se basta sola para derrotar a la subversión interna, que no ha
podido durante 4 años cumplir su promesa de aniquilar la subversión,
que en los próximos años puede debilitarse su estrategia
-e inclusive, alejarlo de la presión de Washington en busca de
ciertos niveles de autonomía para pactar casa adentro con los
paramilitares en la conformación de ese neo-estado narco-paramilitar
en democracia.
La elite colombiana ha llegado al extremo de pedir en tres ocasiones
la intervención multinacional militar en su propio territorio
para regionalizar la salida bélica al conflicto interno con su
permanente llamado al Ecuador a la presunta cooperación combinada
binacional de carácter militar, ayuda que -como lo dijo la revista
Semana de Colombia- 'no es capaz de pedir a países fronterizos
más fuertes como Brasil o Venezuela', que le han negado con firmeza
cualquier apoyo a una solución bélica al lamentable conflicto
que mantienen por más de 40 años, en donde los subversivos
no han requerido de territorios de otros países para poner en
jaque a unas fuerzas armadas oficiales con su autoestima baja.
Vale la pena recordar, como prevención futura, que en Centroamérica
durante los ochentas, los ejércitos de El Salvador, Guatemala
y Nicaragua, países que vivieron graves conflictos bélicos
como Colombia, incursionaban frecuentemente en los territorios de dos
países vecinos: Honduras y Costa Rica, incluso con la misma coartada
de que ambas naciones eran supuestos 'santuarios guerrilleros' contra
las que usaban la dinámica de los "sobrepasamientos involuntarios"
por parte del ejército salvadoreño, guatemalteco y somocista.
Es decir, lo que estamos viviendo en la frontera con Colombia no es
nuevo en América Latina, y tenemos que recordarlo para evitar
que la historia se repita en los andes y nuestro país.
Hoy, sobre todo, presentimos que se quiere impedir que el Ecuador tenga
una política autónoma, pro-activa, ya no sólo reactiva,
de paz en la región. Y esa es la tarea conjunta de la sociedad
civil y del Estado en los próximos años.
Por todo lo dicho, en todo este período la posición de
la APDH en materia diplomática y política exterior, así
como en las Fronteras, está signada en consolidar la organización
civil y el tejido social, hacia los Territorios de Paz Fronterizos y
hacia un Ecuador como "Territorio integral de Paz", y en presionar
al Estado para que el Ecuador recupere, como por fin lo ha hecho, aunque
tímidamente, la ejemplar política exterior de paz, autodeterminación
y soberanía que tuvo a inicios de 1980 con la "Doctrina
Roldós", que fue la tesis correcta para esa época,
y a que mantenga la postura tradicional e histórica que tuvo
el país antes del año 1999, es decir antes del Plan Colombia
y la base de Manta.
Es clave que se reafirme y sostenga la política exterior y la
visión militar soberana de esa época, cuando Ecuador convivía
de manera normal con el país vecino y, sobre todo, se respetaba
el derecho internacional humanitario y de refugio, sin que la xenofobia
alcanzara los peligrosos niveles de la actualidad.
INICIATIVA EMERGENTE DE LA APDH
Nosotros proponemos que el Ecuador (en conjunto, estado y sociedad civil,
sin cortapisas ni desconfianzas, antes de que concluya este año)
en aras de defender su soberanía nacional y autodeterminación,
y para hacer valer internacionalmente sus tesis de paz y no injerencia,
realice un evento mundial en Quito, reuniendo a lo más destacado
de los Nóbel de la Paz y la Literatura, a personalidades mundiales,
a organizaciones sociales y academias, a líderes políticos
y civiles de peso internacional, para tejer las primeras alianzas, para
que la comunidad mundial, la ONU, la OEA, la Unión Europea, la
Comunidad Sudamericana de Naciones, la China, el Mundo Árabe,
etc., puedan mirar el espejo de nuestra realidad fronteriza y para visibilizar
ante ellas el papel de víctima del Ecuador por los impactos del
conflicto colombiano, de todos sus actores armados, del Plan Colombia
y del tercer actor 'silencioso' y hegemónico que pretende forzarnos
a participar en sus planes regionales de guerra y conflicto.
LA DISYUNTIVA ESTRATÉGICA QUE TIENE EL ECUADOR
Debemos ser claros: no hemos mirado ninguna visión estratégica
a largo plazo en materia de Política exterior, en ninguna de
las opciones electorales actuales, sean de izquierda, centro, nueva
derecha o derecha. Pero lo que resulta más grave aún,
no hemos visto esa visión en Política Exterior en NINGUNO
DE LOS CANDIDATOS Y NINGUNA DE LAS TENDENCIAS DE IZQUIERDAS, sean partidos,
movimientos o grupos sociales, incluyendo el movimiento indígena,
más allá de las consignas generales del "No Plan
Colombia", "No Base de Manta", "Sí a la integración
latinoamericana" y "Abajo el imperialismo".
Los desafíos son mayores y complejos, y por ello exigimos a esas
candidaturas y movimientos sociales y políticos, que rebasen
el slogan e internalicen estos mensajes, propuestas y tesis de Política
Exterior en sus agendas y compromisos con su país.
Alan García, el alfil más peligroso del nuevo triángulo
retrógrado en los Andes, vino hoy a Quito y sabemos que a puertas
cerradas se reunió en su hotel (obviamente después de
cumplir su cita oficial con el Presidente ecuatoriano), únicamente
con el candidato León Roldós y con los mega-empresarios
que demandaron "por pique" al Estado cuando se les fue de
las manos el TLC. Este hecho es ya muy llamativo. ¿Qué
están haciendo, mientras tanto, las opciones electorales y movimientos
de la tendencia de izquierdas? Peleándose, desuniéndose,
dividiéndose, parroquializando su cotidianidad, mirando hasta
la esquina de este año, obviando los graves desafíos y
grandes oportunidades que tenemos de hoy en adelante.
Un ejemplo de ello es la base de Manta. El próximo año
podemos y debemos levantar un movimiento nacional unificado para denunciar
(el término es jurídico) el convenio entre Ecuador y EEUU
y lograr su fin, para recuperar nuestra soberanía en ese territorio
confiscado por el Comando Sur desde 1999.
El Ecuador tiene una disyuntiva estratégica, con el ejemplo de
Centroamérica en la década de los ochentas: debe escoger
su destino, si quiere ser la Honduras de los Andes, país que
se convirtió en los ochentas en la Camboya centroamericana, o
si quiere emular la posición pacifista y digna de Costa Rica
durante esos años, que sin tener ejército y con una fuerte
diplomacia internacional hizo respetar sus fronteras, amparándose
en alianzas internacionales que el Ecuador debe hallar en Sudamérica,
la Unión Europea y otros bloques ahora, antes de que sea tarde.
Desde la perspectiva militar, hemos tenido un ejército estructuralmente
nacionalista, es hoy por hoy la única institución que
ha elaborado y tenido por décadas una política de Estado
ante sus países vecinos (ahora el Ministerio de RREE realiza
un plan estratégico denominado PLANEX, que puede converger en
similares tesis) y esa política hay que fortalecerla, casa adentro
entendiendo que hay matices, corrientes, y visiones diversas en FFAA,
que existe una tendencia pro-Washington sobre todo y que ha demostrado
estar dispuesta, en los hechos operacionales a enlazarse con Bogotá,
tendencia que es reducida pero poderosa, pero que hay una tendencia
mayoritaria, de corte nacionalista, progresista y soberana que debemos
defenderla y con la cual debemos entablar diálogos desde la sociedad
civil.
Casa afuera, necesitamos ese "paraguas estratégico"
sólido, inclusive en un tema tan polémico como en lo militar
(donde proponemos construir un eje de integración militar progresista
con Venezuela y Brasil, por el momento), con la misma -y mejorada, incluso-
línea de alianzas multilaterales de paz que tuvo Costa Rica en
Centroamérica. Costa Rica lo hizo sin ejército, nosotros
tenemos que hacerlo con nuestro ejército. Por eso es importante
fortalecer la política exterior desde el Estado, pero también
desde la sociedad civil.
Debemos trabajar en el desarrollo -mutuo y unido- de una política
internacional multilateral, audaz y autónoma del Ecuador, para
visualizar su posición y defender sus tesis en la comunidad mundial.
Y eso significa mirar a Sudamérica, no solo a Bogotá y
ahora a Lima, que intentarán atenazar al Ecuador en los próximos
cuatro años, y hacer parte del ALBA, del TLP, del MERCOSUR democratizado,
de la Comunidad Sudamericana de Naciones consolidada, y ver más
lejos, a Rusia, a China, la India, el Mundo Árabe, Europa, Norteamérica
(no vista dicha región como EEUU solamente), y al Asia y África.
Es decir, mirar desde la mitad del mundo, por vez primera quizás,
al mundo entero, que es ancho, pero no ajeno.
*Vocero de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH) del
Ecuador.
|