REMILITARIZACION CONTINENTAL POST-IRAK: LAS PERSPECTIVAS DE LA “GUERRA
PREVENTIVA” EN AMÉRICA LATINA, TEXTO CON DEDICATORIA CENSURADA,
PROVOCACIÓN INCLUIDA Y POSDATA A DON DURITO DE LA LACANDONA
PONENCIA PRESENTADA POR EL VOCERO DE LA ASAMBLEA
PERMANENTE DE LOS DERECHOS HUMANOS DE ECUADOR, ALEXIS PONCE EN EL PRIMER
ENCUENTRO HEMISFERICO FRENTE A LA MILITARIZACION (5 al 9 de mayo-03)
San Cristóbal de Las Casas, México, miércoles 7
de Mayo de 2003.
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Vengo de un país,
como el mundo, el continente y la vida... paradójico. Vengo a Chiapas,
México, de un país donde los indígenas han llegado
por vez primera al gobierno, donde tenemos por primera ocasión
en 511 años de historia, una canciller mujer e indígena,
de un país donde los movimientos sociales, organizaciones indígenas
y partidos y movimientos de izquierdas, por primera vez, llegan al gobierno,
a una parte del gobierno, por la vía electoral. Un país
que tiene sombras y luces, soles y noches. Un país que alberga
la base militar estadounidense más grande de Sudamérica,
que tiene más o menos conocidos componentes logísticos operativos
para beneficio del Plan Colombia, pero que -más allá- tiene
connotaciones estratégicas operacionales para el continente y especialmente
el sur, con su eje en el centro andino amazónico, componentes desafortunadamente
desconocidos por las organizaciones latinoamericanas. |
Vengo de un país que, por supuesto, luego de escuchar los testimonios
brutales de la guerra abierta declarada contra el pueblo palestino, o
de mirar las secuelas dejadas por la militarización silenciosa
en Chiapas, provoca pudor referir nuestros pequeños dramas, que
sin embargo, los comparto ahora: mi país es un país en el
cual los que nos hemos opuesto al Plan Colombia, a la Base de Manta y
al atávico entreguismo de nuestras elites al poder transnacional,
hemos sido declarados “objetivos militares” por el primer
escuadrón de la muerte del nuevo siglo ecuatoriano, auto llamado
“Legión Blanca”, y donde hemos sido notificados por
la Fiscalía 46 dirigentes sociales, de DDHH e incluso ministros
de la izquierda para declarar en una supuesta investigación oficial
por “atentados contra la Seguridad del Estado”. Vengo a darle
nuestro abrazo al pueblo mexicano y a las delegaciones de 29 naciones
aquí presentes, pero especialmente a Chiapas, a San Cristóbal
de Las Casas, y sobre todo a las comunidades indígenas en resistencia
y los municipios autónomos zapatistas, por la siembra que sembraron
un Primero de enero de 1994 para siempre en nuestro continente. He preparado
el siguiente texto, o más bien lo he re-escrito, pues ha sido continuamente
re-elaborado sobre la marcha de nuestras luchas y andares en el continente,
y algunos de sus capítulos los presenté hace un mes en Venezuela,
durante el Foro Mundial de Solidaridad con la Revolución Bolivariana,
cuyo acto de culminación fue una concentración de masas
de cientos de miles de venezolanas y venezolanos que pasó desapercibido
para las cadenas mundiales de “noticias”, y presenté
igual, otros de sus contenidos, apenas hace un par de semanas en Bogotá,
durante el X Foro de DDHH y la Tribuna Internacional contra la impunidad,
en un acto donde los dirigentes sociales, de base y de DDHH de Colombia,
arriesgan la vida todos los días y deben convivir con chalecos
antibalas, puertas y vehículos blindados y escoltas de seguridad,
debido al terrorismo de Estado mal llamado “paramilitarismo”.
No son, por tanto, tesis nuevas para el autor, pero evidentemente, creo
que debo compartirlas a ustedes, aquí, en el territorio de esperanzas
que es nuestro Chiapas. Lo he titulado: REMILITARIZACION CONTINENTAL POST-IRAK:
LAS PERSPECTIVAS DE LA “GUERRA PREVENTIVA” EN AMÉRICA
LATINA TEXTO CON DEDICATORIA CENSURADA, PROVOCACIÓN INCLUIDA Y
POSDATA A DON DURITO DE LA LACANDONA. La dedicatoria la debo a los cuates
de la banda musical “Molotov”. Ahí les va: Dedicado
al “pinche gringo puñetero”, George W. Bush, por unir
a tantos en tan poco tiempo.
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EL MUNDO: UNA
“HIPÓTESIS DE CONFLICTO”
Hermanas y hermanos del “Eje del Mal” americano: El mundo
ha sido convertido en “hipótesis de conflicto” por
los llamados “tanques del pensamiento” de Washington. Luego
del 11 de septiembre y un poco antes de la ocupación a Irak, tres
declaraciones nos llamaron especialmente la atención, pues acompañan
la atávica paranoia política del Imperio y prefiguran la
constitución del anhelado Gobierno orwelliano para todo el planeta:
Primera: La intención de los halcones
del Departamento de Defensa, filtrada por el diario “New York Times”
en enero de este año, de que su denominada “Guerra Antiterrorista”
deba tener una duración aproximada de entre 30 a 40 años
más, a escala planetaria. Segunda: La
“tesis”, nada novedosa para los pueblos de Nuestra América
por cierto, re-elaborada por “demócratas” como Otto
Reich y Jhon Negroponte, de la cínicamente llamada “Desestabilización
Legítima”, cuyos actuales objetivos, son -en esta región
del mundo- los gobiernos de Cuba, Venezuela Bolivariana, y podría
ser, tiempo después, arriesgo la apuesta, el Brasil de Lula, y
el Ecuador de los movimientos indígenas y las izquierdas instalados
por vez primera en un sector del gobierno, por la vía electoral.
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Tercera: La llamada “doctrina Bush”,
copia mediocre de la hitleriana concepción de la “Guerra
Preventiva”, que apuntala una lógica de “realineamiento
forzado de tendencias” en el mapa global y en América Latina.
Dos aclaraciones más fueron cortésmente interpuestas para
América Latina en los últimos meses: Funcionarios y asesores
del Departamento de Estado señalaron en las mismas semanas en
que los EEUU fracasaron en su política de amedrentamiento a la
ONU y su Consejo de Seguridad, que debía “castigarse”
a América Latina por no apoyar como se debía su cruzada
para llevar la democracia al Iraq. “América Latina debe
ser castigada por no apoyar la Operación “Libertad de Irak”,
refirieron esas voces de la Casa Blanca, según su inefable corresponsal
Andrés Oppenheimer. Un oscuro, influyente y ultraconservador
congresista de los EEUU, de decidor apellido Hyde, en carta dirigida
al Presidente Bush a mediados del 2002, señalaba que un potencial
peligro para su país emanaba de la presunta unidad nuclear (sic)
de tres naciones del “eje diabólico” (la cita es
del congresista): Lula-Castro-Chávez. Hyde sostuvo que estos
tres líderes del continente “podrían constituir
un eje diabólico en las Américas que puede construir armas
nucleares en Latinoamérica”. (Paréntesis paradójico
de un no-violento): Más allá de la rupestre “tesis”
del citado halcón, cuando leí la nota pensé que,
en efecto, la maldición latinoamericana, signada por el abuso
imperial de un siglo, obedecía en última y fría
instancia, a que América Latina no había logrado desarrollar
nunca, en unidad irresponsable (y delirante también) un poder
nuclear propio que impidiera la larga lista iraquí y palestina
que ha marcado la historia de nuestro continente: Salvador Allende,
Panamá, Granada, República Dominicana, Haití, Guatemala,
Nicaragua, El Salvador, y otros tantos nombres de la duradera “guerra
preventiva” que hemos padecido por cien años en nuestras
tierras.
ELPASADO ES EL PRÓLOGO
Hay sectores que advierten que la remilitarización estadounidense
de América Latina empezó antes del 11 de septiembre, al
calor de la aplicación -ahora regionalizada- del Plan Colombia,
o con la instalación de las bases militares “antidrogas”
en Manta y Curazao. Sostengo que la nueva remilitarización de
América Latina es correspondiente a dos procesos cuyo fracaso,
ahora, resulta previsible: la neoliberalización de la sociedad
global y la democratización formal del continente, que iniciaron
a finales de la década del setenta cuando arrancaba el primer
ciclo de conservadurización planetaria con el ascenso reaganeano
en los EEUU. En los ochenta, bajo la administración Reagan precisamente,
fueron configurándose los escenarios de la remilitarización
en los inicios del siglo XXI. Los documentos de Santa Fe y los procesos
de reconversión militar latinoamericana pensados en Washington,
datan desde los inicios de aquella década (1982). Al calor de
la fractura del TIAR por lo ocurrido en las Malvinas y debido a las
consecuencias tecnológico-operativas de su próxima retirada
de Panamá, el Complejo Militar norteamericano fue elaborando
la reingeniería militar continental que algunos analistas como
el coronel ecuatoriano Jorge Brito, coinciden en determinar que se inició,
formalmente, con la puesta en marcha del llamado “Diálogo
Interamericano”. La desestatización progresiva del continente,
amparada en la aplicación del modelo privatizador que hoy hace
aguas, requería -desde ese entonces- de la disminución
de la mayoría de los ejércitos latinoamericanos que ya
habían “cumplido su papel” en casi toda la región,
puesto que faltaba completarse únicamente en la volcánica
Centroamérica de la época y en un país que hoy
ocupa ese lugar de importancia en las prioridades regionales del coloso
americano: Colombia. A la luz de la “nueva era”, según
los teóricos del denominado “Diálogo Interamericano”,
los militares debían retornar a los cuarteles y ser desplazados
en similar proporción a los Estados nacionales, que culminaban
en los noventa su “razón de ser”. Si se revisan los
documentos de Santa Fe, si se relee el proceso que en aquella época
se denominó “Diálogo Interamericano”; y, finalmente,
si se vuelve los ojos a los viejos anaqueles que dan cuenta de la segunda
ola conservadora planetaria (la administración de Bush padre),
podría quedarle al lector avisado un sabor a “maldición
de Malinche”: “Ya todo estaba escrito” podría
decirse, mientras se pasa revista a lo que hoy sucede en la región:
Por un lado la visión de Washington, antes de sepultar al comunismo
del Este incluso, tomaba en cuenta el papel desestabilizador que, en
los noventa y principios del siglo XXI tendrían Colombia y su
vieja insurgencia armada para la región entera, por ser la entrada
geopolítica a Sudamérica. Por otro lado, bajo el mandato
Reagan, EEUU define por vez primera como “Política de Estado”
y “Asunto de Seguridad Nacional”, el consumo, la producción
y el tráfico de drogas: es decir, es en los ochenta cuando Washington
incluye el combate militar a las drogas en los planes estratégicos
del Consejo de Seguridad Nacional y del Departamento de Defensa. Finalmente,
es en esta época, cuando se recomienda por vez primera la “reestructuración”
de los ejércitos latinoamericanos. En los noventa, la estrategia
se consolida, modificándose solamente en aquello que EEUU cree
pertinente modificar: los ritmos, tiempos y lugares de aquella remilitarización.
La “novedad” no es nada nueva: Una vez culminado el conflicto
atávico entre Ecuador y Perú en 1995, tras la firma de
paz que pusiera fin a “la guerrita” como irónicamente
refirió el embajador de EEUU en Quito, Peter Romero (quizás
porque no tuvo la magnitud mediática de las guerras de intervención
desatadas por su país en las tres cuartas partes del mundo),
ese mismo funcionario citó públicamente que “en
adelante las FFAA de Ecuador deben dirigir su atención a la frontera
norte”; es decir, convertirse en una fuerza local funcionalizada
a la estrategia norteamericana para los Andes: la “camboyización”
progresiva del Ecuador, en torno a la vieja insurgencia colombiana.
Por ello sostengo que los planes de reconversión militar regional
en torno a Colombia datan, en términos operacionales, de la última
década y no solo de los últimos cuatro años; y
que la aplicación del Plan Colombia sería la culminación,
y no el inicio, de una estrategia global para toda la región.
En el mismo período vino configurándose un “nuevo”
modelo estructural para las FFAA del continente, modelo que hoy, luego
de la ocupación de Iraq, podrá ser experimentado para
ver si resiste la prueba de la realidad. Tal modelo se enmarca en la
reingeniería acelerada de los ejércitos sobre la base
de incorporar como eje transversal de trabajo a las problemáticas
sociales, políticas y económicas de cada país y
de las sub-regiones de América, repleta ésta de la nueva
causalidad que da origen al concepto de “conflictos asimétricos”
como citan el Documento Santa Fe IV y el Documento Estratégico
para el año 2020 del Ejército de los EEUU, más
la vieja estrategia de la guerra antidrogas y el “esfuerzo conceptual”
del antiterrorismo. Es dudosa, por tanto, la “novedad” que
exhiben los llamados “Libros Blancos” de algunos ejércitos
latinoamericanos, entre ellos el ecuatoriano. Quienes no tienen memoria
ni la quieren tener, descuidan un detalle: que los “Libros Blancos”
de las FFAA del continente aparecen en serie y tienen su punto de partida
en el Cono Sur, más precisamente, Chile.
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HACIA UN CONTINENTE
REMILITARIZADO
La agenda hemisférica de remilitarización unipolar incluye
el aumento drástico de la ayuda militar estadounidense a la región
andina, así como la instalación de bases operativas de largo
alcance en todo el continente. Hoy, desde la frontera mexicano-guatemalteca
hasta Misiones en Argentina, pasando por Costa Rica que inaugurará
el centro estadounidense de formación policial más grande
del continente, América Latina sufre un acelerado proceso de remilitarización
que, por lo menos en teoría, no se compadece con el llamado “avance
de la democracia, las sociedades abiertas y la libertad” que, presuntamente,
gozan de buena salud en América Latina. Alcántara, Curazao,
Manta, Bolivia, Tres Fronteras, Vieques, Panamá, Iquitos, Cabañas
2000 y 2001 y Tres Esquinas, son eslabones de una estrategia cuidadosamente
integrada y analíticamente impuesta. Y junto a esos eslabones logístico-estratégicos,
aparecen los contenidos, poco conocidos por la opinión pública,
de las últimas conferencias y encuentros continentales, regionales
o binacionales, de las cúpulas militares de América Latina,
siempre bajo el cuidadoso auspicio y la presencia decidora de altos jefes
del Comando Sur. |
HIPÓTESIS DE CONFLICTO Y GUERRAS ASIMÉTRICAS
En los ejercicios militares de Cabañas 2000 y 2001, en las reuniones
que días antes y días después del 11 de septiembre
mantuvo en su sede de Washington la Junta Interamericana de Defensa
(JID) y en las últimas conferencias de los ejércitos del
continente ocurridas en Bolivia y Chile, se fueron reafirmando dos “novedades
conceptuales”: las llamadas hipótesis de conflicto, donde
se sugiere el “papel amenazante a la estabilidad regional”
jugado por las organizaciones sociales, pueblos indígenas y organismos
no gubernamentales de DDHH y ambientalistas; por un lado. Y, por otro,
las llamadas “guerras asimétricas”, en las que incorporan,
como no podía ser de otra manera, al narcotráfico, el
terrorismo y la fuerte ola de migración latinoamericana hacia
el norte industrializado. Los andes no son Bagdad: Hay autores que predicen,
y predecir se ha vuelto tarea difícil, que toda la estrategia
militarista de los EEUU para América Latina tiene que ver con
dos componentes: de un lado, el control y hegemonización planificada
de la Amazonía y los recursos no renovables que posee, fundamentalmente
las fuentes de agua dulce, cuyo agotamiento se discute como probable
desafío mundial de las próximas décadas; de otro
lado, la llamada Iniciativa de Defensa Estratégica, cuya terrenalización
práctica e “innovadora” en América Latina
tiene otras facetas, otras estrategias y otras metodologías,
muy distintas por supuesto, a las que estamos viendo en el escenario
presente, y en particular en Iraq y Corea del Norte. Más aún,
según algunos análisis, Holanda sería uno de los
primeros países del norte en ver agotados sus recursos de agua
dulce en el futuro. Esos autores, por ello, relacionan la ecuatorianísima
entrega holandesa de su colonia Curazao a una base militar norteamericana,
en tanto en cuanto se requeriría de una mega-alianza para controlar,
a tiempo, la región que -mal o bien- posee fuentes planetarias
de oxígeno, agua dulce y biodiversidad, sin obviar algunas reservas
de petróleo, la “yugular” que Nixon preveía
en los ochenta para el bienvenido mundo unipolar. Por obvia fortuna,
ni los escenarios son iguales, ni las estrategias similares, aunque
los intereses, en última instancia, son crematísticos,
más allá del evidente criterio jurásico del autor
de esta nota. El imperio unipolar tiene, para cada zona del mundo, trazado
un mapa distinto de intervención, mediación y contrapesos.
Por ello es que, luego de Bagdad, el turno no le llegaría de
manera mecánica a la zona andina o a Colombia, pues es toda la
región la que se debe contrarrestar y a la cual debe hacérsela
permeable a los ojos del nuevo orden mundial.
ECUADOR, LOS ESCENARIOS DE SIEMPRE
Cuando dialogábamos sobre el tema andino y del Plan Colombia
con un meritorio y alto oficial retirado de nuestras FFAA, quien había
pasado por la Junta Interamericana de Defensa y la Escuela de las Américas,
nos refería: “los ejercicios teóricos que hacíamos
hace una década los ejércitos latinoamericanos estaban
relacionados a la creación de una fuerza multinacional contrainsurgente
para Colombia”. ¿Hace una década?, preguntábamos
incrédulos. Y remataba: “se equivocan los políticos
y la sociedad civil si creen que el Plan Colombia nació hace
3 años, porque fue consolidándose en la última
década”. En esa perspectiva, se buscaría comprometer
al ejército ecuatoriano en el siguiente escenario militar de
baja intensidad pensado por Washington, esto es la zona andina, donde
se busca desestabilizar a Venezuela y comprometer a los países
limítrofes en las tesis belicistas de Uribe y Bush para Colombia.
Si el Presidente de Ecuador, Lucio Gutiérrez, llegó o
no a acuerdos en materia de seguridad regional y alianza militar con
los presidentes Bush y Uribe cuando visitó Washington y Bogotá
a poco de posesionarse, es cosa que se podrá develar solamente
en el futuro; pero lo que nadie duda es que si aprueba un nuevo acuerdo
militar solicitado por el Jefe del Comando Sur en las anteriores semanas
bajo el presunto “compromiso ecuatoriano contra las drogas”
(mediante el cual se amplía el que antes firmaron los gobiernos
de Mahuad y Noboa para la ocupación norteamericana de la base
de Manta), se pondría en peligro la paz del país y su
política principista de no intervención y resolución
pacífica de los conflictos. De aprobarse esta nueva cesión
de soberanía, el acuerdo que permitió entregar Manta al
Comando Sur sufriría una modificación, correspondiente
a la nueva estrategia post-11 de Septiembre y la realidad post-Irak
para los Andes. Aunque resulta evidente que las FFAA del Ecuador, con
o sin acuerdos escritos con los EEUU, continúan adelantando la
estrategia militar de líneas exteriores en torno a Colombia,
advirtiendo que en términos militares, del escenario de líneas
exteriores al teatro de operaciones, hay apenas un paso, y eso lo sabe
un militar como Lucio Gutiérrez. Es necio pero útil repetir
que esas estrategias, presionadas por el Comando Sur y ocultas tras
el pretexto de la “lucha antinarcóticos”, tienen
peligrosos objetivos militares para toda la región andina y el
continente entero.
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CUANDO
LAS TEORÍAS ENLOQUECEN
Ahora bien, no siempre les funciona bien las cosas a los estrategas de
los escenarios continentales: la emergencia chavista en Venezuela no estaba
en las previsiones señaladas hace dos décadas, ni tampoco
el insurgir de los pueblos indígenas del continente. No importa:
las agendas hemisféricas se ajustan y los programas estratégicos
se reactualizan. Ahora el informe de la CIA (“Escenarios para el
2.015”) cataloga a los indios como “nueva amenaza continental”
y Caracas se incorpora a las prioridades de la llamada “desestabilización
legítima”. Si esos escenarios, configurados de manera virtual
hace una década, se cumplen, ¿qué rol jugará
la instalación acelerada de bases, radares, equipos tecnológicos
de punta y estaciones de inteligencia norteamericana en este esquema geopolítico?
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La primicia noticiosa del “Journal do Brasil” dada a conocer
al mundo en el 2002 y reafirmada por la Ministra de Defensa de Colombia
(los países de la región deben involucrarse en la estrategia
antiterrorista) podrían responder mejor esa pregunta. Pero al
ser desmentido el desliz público de la ministra por parte de
algunos gobiernos de la región, y al ser rechazado el pedido
de Bogotá de manera tajante por Brasil y Venezuela, proactivamente
por Ecuador y discretamente por Perú, se desmoronaría
una buena parte de la parafernalia elaborada en los ejercicios estratégicos
de los noventa. ¿Es probable admitir que misiones militares cooperativas
(“cascos azules” incluidos) intervengan en las selváticas
profundidades de Colombia?. Es muy poco probable pues no se las tendrían
fácil: existe un subterráneo descontento estructural en
una buena parte del mapa regional, y eso incluye a parte de las elites
locales y los mandos militares, que impide que “el factor de facto”
se asimile a esa visión del Nuevo Orden cuyo objetivo en esta
parte del mundo sería -casi- previsible: apuntar, nuevamente,
el poderío de la contrainsurgente baja intensidad hacia el “enemigo
interno”, enemigo que -con la excepción de la insurgencia
colombiana- es civil, pacífico, desarmado, democrático
y con capacidad de movilización probada en buena parte del continente
latinoamericano. Si se profundizan los desperfectos de esta estrategia
elaborada años atrás (uno de los desperfectos, los repetidos
fracasos de la política exterior militarista de Uribe entre los
países vecinos), la paramilitarización y la invención
de escaramuzas fronterizas podrían ser un componente no descartable
en la región, para ganar tiempo y terreno perdidos. Lo malo para
esa estrategia, es que Brasil tiene nada más y nada menos que
al partido más grande de la neo-izquierda en el palacio de gobierno
y a Lula de presidente del país más extenso del sur, Chávez
aún logra mantenerse airoso en el poder a pesar del embate desestabilizador
en su contra, y Ecuador, pese a su compleja dicotomía gubernamental,
tiene todavía fuertes movimientos sociales, indígenas
y de izquierdas que, de alguna manera, se expresan aún en la
ambivalente política exterior del país.
AMÉRICA LATINA EN LA MIRA... PREVENTIVA
Si la guerra imperial tiene un carácter permanente y extensión
global, si los “teatros de operaciones” van desde el Oriente
Próximo a la China, de los Urales y el Asia Central a las Américas,
las “operaciones y campañas” específicas,
en nuestro caso, se llaman: Plan Colombia, Tres Fronteras, Iniciativa
Regional Andina, Alcántara, Misiones, Cabañas 2000 y,
por supuesto, uno de sus numerosos eslabones logístico-estratégicos,
el más grande y menos conocido por cierto, constituye la nada
“ecuatoriana” Base militar de Manta. Si el “teatro
de operaciones regional” de la nueva Roma y su mediocre emperador,
abarca un territorio que va desde el Río Grande a la Patagonia,
sus elementos concretos, como el Plan Colombia y la Iniciativa Regional
Andina, constituyen una amenaza a los llamados “recursos del tercer
milenio” que nuestras tierras poseen, en particular la Amazonía
sudamericana. El premio Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel,
afirmaba con certeza en el encuentro contra el ALCA realizado en Quito
el pasado octubre, que “el único país que tiene
un proyecto estratégico para América Latina, lamentablemente,
es Estados Unidos, y no es, precisamente, el que necesita nuestro continente”.
Por ello, creí pertinente compartirle siete urgencias necesarias,
que muy discretamente las he dado en llamar... DESAFIOS LATINOAMERICANOS
POST- IRAK: 1. La irreversible necesidad (por sobrevivencia propia incluso)
de nuestros pueblos y organizaciones del continente, de apoyarnos de
manera sistemática y planificada, los numerosos procesos sociales
y políticos de las Américas, incluyendo de manera urgente
a las resistencias sociales en el interior de los EEUU, en una escala
que permita potenciar, también, la solidaridad sur-norte. 2.
La necesidad de que todos nuestros procesos nacionales, se vean, piensen
y redimensionen a escala continental, pues si no engarzan en proyectos
regionales de integración y “contagio por el ejemplo”,
apoyos mutuos y cooperación estratégica y logística,
corren riesgos mayores en la “nueva era” post-ocupación
de Bagdad. 3. La inaplazable necesidad de entender y acumular para la
causa de la paz y la soberanía de América Latina, sobre
todo, en tan peligroso escenario global, las multitudinarias resistencias
pacíficas de los pueblos y de las múltiples capas de las
sociedades civiles del mundo, contra la brutal guerra de conquista emprendida
por el eje Washington-Londres-Madrid-Tel Aviv. En este desafío,
resulta vital ampliar la esfera de alianzas hacia sectores que en el
empresariado, las capas medias y los mismos militares, repugnan ética
o conceptualmente de los previsibles resultados de la “Guerra
Preventiva” y de la destrucción de las economías
nacionales vía ALCA. El imperio excluye y divide, nuestros procesos
deben responder con inclusión, generosidad y amplitud. El imperio
manda con rasgos totalitarios y dictatoriales, nuestros procesos deben
responder con más democracia, más participación
y más libertades. El imperio ordena muerte y destrucción,
nuestros procesos deben responder con vida y construcción de
vida. Si resulta previsible presagiar que el Eje Washington-Londres-Madrid-Tel
Aviv responderá en gavilla al Tercer mundo y en este hemisferio
a los desobedientes de América Latina, la integración
estratégico-operativa y la coordinación actuante, nos
permitirá superar esta fase posmodernamente cavernícola
impuesta en el mundo. 4. La resistencia de los pueblos, además
de continental, es -ahora mucho más que antes- global, es decir
planetaria. El “sujeto histórico” que parece emerger
como alternativa mundial al Imperio, a la “Guerra Preventiva”
y al neoliberalismo, es un sujeto global, es la humanidad, apuesta que
los cuates zapatistas adelantaron años antes. Es preciso, pues,
pensarnos en escala planetaria, ya que el conflicto, en última
instancia, es entre la especie humana y una mafia terrorista que ha
creído llegada la hora de dominar sin subterfugio ni matiz alguno.
Los amos de la “Guerra Preventiva” han decidido hacernos
saber que no quieren que ningún súbdito en el planeta
los ame, sólo quieren que se los tema. Esa es la magnitud y el
calibre del desafío que se ha lanzado contra el mundo. 5. El
proceso de dominación unipolar no solo es militar y económico,
sino sobre todo cultural y también mediático. Debemos
desatar un proceso serio de consultas y aportes de las organizaciones
sociales, empresariales, académicas y las universidades de Nuestra
América, para construir los ejes y contenidos de una vigorosa
propuesta alternativa al ALCA. Hay que dotar de contenidos específicos
al “ALBA” planteado por el Presidente Chávez en Venezuela
para que sea una alternativa real al ALCA. Por otra parte, el contrapeso
visible y el enorme aporte a la paz y a la verdad que significara en
la reciente guerra de ocupación el trabajo de la cadena árabe
Al Jazira y de algunos canales de televisión europeos, que resistieron
con dignidad y éxito la mentira mediática del Imperio,
me llevan a plantear el reto y la obligación de trabajar contra
la militarización, también en este campo debemos constituir,
entre los gobiernos de Venezuela, Brasil, Cuba, y quizás Ecuador,
así como con la participación de todas las organizaciones
sociales y gremios del continente, una Cadena de Televisión propia,
estatal y social, pública y ciudadana, de todo el continente
latinoamericano. Requerimos con suma urgencia de una “Al Jazira
latinoamericana”, dotada de equipamiento tecnológico, profesional
y logístico de punta, que enfrente la dictadura unipolar mediática
del Imperio y a sus cotorras en toda la región, y que nos permita
resistir y derrotar los desafíos mediáticos de su guerra
cultural en Nuestra América. Provocación al encuentro
de desmilitarización: 6. (Número de la bestia). Aunque
le apostamos la vida a la utopía de un mundo desmilitarizado,
creo importante hacer pública una pregunta personal que, en la
actual fase, nació de una constatación invisible: el descontento
multitudinario que Bush y sus halcones han sembrado en el mundo entero
y, especialmente, en América Latina. En nuestro continente, ese
descontento no es sólo civil, también cruza, con especial
atención, muchos segmentos militares que, desde las concepciones
patrióticas y nacionalistas, y desde el “análisis
de escenarios” que les deja la realidad mundial post-Irak, previenen
días peores para los Estados-nación y para la propia vigencia
de las estructuras de los llamados “poderes permanentes”.
Ergo: ¿sería descabellado, o no, pensar que -ante los
hechos consumados de la “Pax Americana”- los gobiernos de
Venezuela Bolivariana, Brasil y Cuba, puedan generar un proceso madurado
y paciente, para la constitución de un bloque militar integrado
de la región (con las obvias descalificaciones y excepciones
que ustedes estarán pensando, por supuesto), que sustituya la
concepción del “enemigo interno” y modifique la doctrina
de la Seguridad Nacional, para prevenir la defensa nacional y soberana
de nuestra América Latina en el nuevo y riesgoso contexto marcado
por la rapiña imperial?
Hermanas y hermanos: El loco Simón Rodríguez nos mandó
a “inventar o errar”, no a copiar, no a reproducir, porque
los procesos sociales, cuando son verdaderos, no son copia ni calca,
y si algo -y mucho- nos ha enseñado América Latina es
precisamente la bella osadía del sueño y la originalidad
de las nuevas y vigentes utopías que empujan la vida y caminan
a los pueblos.
POSDATA A DON DURITO DE LA LACANDONA
En estas disyuntivas, ¿qué tiene que ver el sentimiento
con hipótesis geopolíticas?, y aún más:
¿qué tiene que ver el amor con la geopolítica?.
Usted nos enseñó que participar lúcida y activamente
desde la sociedad civil, ahora andina, latinoamericana y mundial, ante
todos estos desafíos, es la batalla más seductora que
podremos haber dado en nuestra larga y apacible existencia. Como se
habla en Ecuador, “dé diciendo” a su pueblo chiapaneco,
a nuestros hermanos y hermanas del EZLN, a las comunidades en resistencia
y municipios autónomos, dé diciéndole a Marcos,
a todo San Cristóbal, que les agradecemos haber nacido, que su
presencia sentimos aquí, bien cerquita del pecho y la ternura
americana.
Alexis Ponce, Representante al Encuentro por la PIDHDD (Plataforma Interamericana
de DDHH, Democracia y Desarrollo); Vocero de APDH (Asamblea Permanente
de Derechos Humanos del Ecuador); Miembro del GRUPO CIVIL DE MONITOREO
DEL PLAN COLOMBIA; representante del Periódico Virtual
www.cronicon.net en Ecuador.
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